02/VII/+2019 SAN OTÓN, Obispo

2 de julio
SAN OTÓN, Obispo


   
San Otón, es conmemorado en este día en algunas diócesis alemanas. Cuando el barón Otón de Mistelbasch nació,  hacia el año 1062, en la Franconia central, en las caballerizas de su padre, en vez de los corceles de pura sangre que solían tener los nobles de aquellos tiempos, no había más que dos asnos, a tal extremos de pobreza había llegado a aquélla familia tan rica en otros tiempos. Los padres murieron en edad temprana, y el hermano mayor de Otón, heredero de esa pobreza rodeada de blasones, hombre de rudos sentimientos, no descansó hasta expulsar del palacio al benjamín de la casa, a fin de tener un comensal menos a la hora de la comida. Así que la primera juventud de Otón no fue muy placentera, que digamos.
   Después de haber aprendido los rudimentos del saber en una escuela monacal, se marchó a Polonia, pues no quería ser gravoso a nadie. En aquélla nación había por entonces muy pocos maestros, así que Otón abrió una escuela de latín. Al principio él no sabía mucho más que sus discípulos, pero al menos se ganaba el sustento y podía seguir formándose. Muy pronto pudo presentarse al obispo para sufrir el examen de rigor, y como lo aprobase, recibió las sagradas órdenes. Desde aquel momento, la vida de Otón tomó un rumbo vertical hacia la altura. El inteligente sacerdote fue nombrado capellán de la corte cerca del duque e Polonia, pasó después a ocupar este mismo cargo en la corte del emperador alemán, fue durante algún tiempo  canciller del imperio y, a los cuarenta años de  edad, fue elevado a la sede episcopal de Bamberg. Aquel hambriento estudiante se había convertido en príncipe secular y eclesiástico. 
   Otón era un obispo muy activo. Restauró la catedral de Bamberg, que había sufrido un incendio, él mismo acarreaba piedras y argamasa, y trepaba a los andamios como uno de tantos albañiles. Predicaba al pueblo con mucha frecuencia y daba lecciones de catecismo a los niños. Fundó veinte monasterios, y como por esta razón alguien le llamase despilfarrador, respondió que, "jamás habrá suficientes hospederías para los peregrinos que desde la tierra, caminan hacia la patria celestial". Hermosa respuesta. La principal preocupación del obispo eran los pobres. Cuando un príncipe acudía a él, Otón permanecía sentado, pues por sus venas corría también sangre de príncipes, pero cuando venía a  verle un pobre, se levantaba y le escuchaba de pie, porque en cada pobre veía a Jesucristo.   
   A fin de poder socorrer más a los necesitados, vivía con extrema sencillez y modestia, él mismo se remendaba sus vestidos, se alimentaba casi exclusivamente de pan y legumbres, y como una vez le presentaran un pescado grande y sabrosamente aderezado, preguntó inmediatamente cuánto había costado. "Ocho escudos", le respondieron: "¡Como!, repuso. ¿ocho escudos?. ¡Eso es una barbaridad! ¡Llevároslo! despacharme con un poco de pan". Así era el obispo Otón. 
   Fundó 20  monasterios. Fue también un gran misionero. Por entonces la Pomerania era todavía pagana. Es verdad que con anterioridad otros mensajeros de la fe habían intentado convertir aquélla región, pero sus habitantes despidieron en medio de burlas a aquellos monjes pobres que habían visto venir, diciendo: "Si vuestro Dios, a quien alabáis como el rico y poderoso Soberano de cielos y tierra, fuera verdadero Dios, no os veríamos llegar como mendigos". Tal dijeron los infieles, cegados por su necedad. Por eso Otón siguió un sistema distinto para la evangelización. Llegó al país en medio de gran magnificencia y boato, acompañado de muchos coches atestados de cosas y tirados por magníficos corceles, escoltado por caballeros que lucían esplendentes armaduras y por criados con ricas vestiduras, mientras que él mismo (Que en su casa llevaba vestidos remendados por consideración a los pobres) se presentó con magníficos ornamentos episcopales recamados de oro, con báculo en su mano y mitra ciñendo sus sienes. Esta presentación causó tal efecto entre los habitantes de Pomerania, que todos ellos recibieron el bautismo. Por eso a San Otón se lo denomina con todo derecho el apóstol de los pomeranos, y hasta fines de la  Edad Media los agradecidos pomeranos peregrinaban  todos los años hasta el sepulcro del santo en Bamberg, ciudad donde falleció Otón el día 30 de Junio del año 1139, a los setenta años de edad. 

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