31/I/+2019 BEATA PAULA GAMBARA-COSTA, Matrona

31 de enero 
BEATA PAULA GAMBARA-COSTA, Matrona
(1515)
   Esta santa, terciaria franciscana, cuya vida matrimonial contrasta con la laxitud de la época en que vivió, nació cerca de Brescia en 1473. Más adelante se contaron cosas extrañas e increíbles sobre la piedad que la beata mostró desde su niñez. A los doce años, Paula fue entregada en matrimonio a un noble joven llamado Lodovicantonio Costa, después de todas las formalidades acostumbra das en aquella época. El Beato Angelo de Chiavasso, famoso franciscano a quien se consultó sobre el caso, declaró que, a pesar de la repugnancia de la doncella, estaba llamada por Dios al matrimonio. Este se llevó a cabo con toda la pompa que convenía al alto rango de las dos familias; los cronistas cuentan que hasta las ruedas de las carrozas eran doradas. Uno de los documentos auténticos que nos quedan sobre la beata, es el del plan de vida que sometió a la aprobación del beato Ángelo, en sus primeros días de matrimonio. La esposa tenía que levantarse todos los días al amanecer para orar y recitar el rosario. Después iba a la iglesia de los franciscanos de la localidad, donde oía dos misas. Por la tarde, recitaba el oficio de Nuestra Señora y, antes de acostarse, rezaba otro rosario y sus oraciones de la noche. Dedicaba también algún tiempo a la lectura espiritual. Ayunaba la víspera de las fiestas de la Santísima Virgen y de algunas otras fiestas, y se confesaba cada quince días. Pero la norma más reveladora de su plan de vida es la siguiente: "Siempre obedeceré a mi esposo, no tomaré a mal sus defectos y haré cuanto pueda para que nadie caiga en la cuenta de ellos". La beata tuvo su primer hijo en 1488, poco después de haber cumplido los quince años.
   Pero no pasó mucho tiempo sin que se presentaran las dificultades. La primera cosa que molestó al esposo de la beata, fue su hábito inveterado de regalar grandes sumas de dinero a los pobres. La cosa no hubiera tenido mayor importancia en las épocas de bonanza; pero en aquellos tiempos, el hambre cons tituía una amenaza constante, los mendigos abundaban y los ricos almacenaban
celosamente todo lo que podían para los momentos de escasez. Los biógrafos de la beata aseguran que las semillas, el aceite y el vino se multiplicaban mila grosamente a medida que Paula los repartía, de suerte que su caridad más bien la enriquecía que la empobrecía; pero debemos confesar que tenemos razones para sospechar que esto no era cierto. Por ejemplo, se cuenta de Paula un incidente que aconteció también en la vida de Santa Isabel de Hungría; un día que Paula llevaba el delantal lleno de panes para repartirlos entre los pobres, su esposo la sorprendió y la obligó a mostrarle lo que llevaba; al abrir el delantal, apareció un ramo de rosas, aunque era pleno invierno. Si este milagro
sucedió a todos los santos de quienes se cuenta, debió ocurrir con mucha frecuencia.
   Lo que fue imperdonable por parte de Lodovicantonio fue haber llevado a su casa a una joven de pésimo carácter, quien le apartó de su esposa y se convirtió en dueña de la casa. A pesar de las terribles humillaciones que había tenido que sufrir por parte de aquella joven, Paula la asistió caritativamente en la enfermedad que la llevó a la tumba, poco después, hizo venir a un sacerdote y obtuvo la gracia de su conversión. Para ilustrar las condiciones sociales de la época de los Borgia, citaremos el hecho de que Paula fue acusada de haber envenenado a su rival, porque ésta había muerto con el cuerpo hinchado y antes de lo que se esperaba. Sin embargo, gracias a su inalterable paciencia y caridad, Paula consiguió reconquistar por fin el afecto de su marido, quien se convirtió sinceramente a Dios y dio permiso a su esposa de practicar sus devociones y ejercitar libremente la caridad. Además de otras austeridades, Paula se levantaba por la noche a orar con los brazos en cruz y arrodillada en el suelo. Más de una vez, sus sirvientes la encontraron por tierra, desmayada y medio muerta de frío. Se cuentan muchos detalles sobre la caridad de la beata: por ejemplo, habiendo encontrado en el camino a una mujer que no tenía zapatos, Paula le regaló los que llevaba puestos, y volvió al castillo descalza. Nada tiene de sorprendente que la beata haya muerto a los cuarenta y dos años de edad, el 24 de enero de 1516. Su culto fue confirmado en 1845.
   Ver R. Bollano, Vita... della B. Paola Gambara-Costa (1765); Léon, Auréole Séraphique, vol. I, pp. 534-536.  



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SAN EUSEBIO, Mártir

31 de enero 
SAN EUSEBIO, Mártir
(884)
   A pesar de su nombre griego, San Eusebio parece haber sido un irlandés que abandonó su país, como tantos otros peregrinos, y acabó por tomar el hábito monástico en la famosa abadía de Saint-Gall, en Suiza. Sin embargo, no perma neció ahí sino que, con la aprobación de sus superiores, llevó vida eremítica en el Monte San Víctor, cerca de Rottris en el Voralberg. Treinta años más tarde, como recriminase un día a ciertos campesinos del lugar por la vida impía que llevaban, uno de ellos le mató con un azadón. Carlos el Grueso erigió ahí, por la misma época, un "monasterium scottorum" (monasterio de los ir landeses) .
   Ver Acta Sanctorum, 31 de enero; MGH., Scriptores, vol. II, p. 73; y L. Gougaud, Gaelic Pioneers of Christianity (1923), pp. 11, 82, 90.    



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SAN GEMINIANO, Obispo

31 de enero 
SAN GEMINIANOObispo
(348)
   Se tienen muy pocos datos sobre la vida de Geminiano, y sólo se sabe que fue obispo de Módena.
El Martirologio Romano dice que obró milagros maravillosos. Pero la cronología no está de acuerdo con los hechos que se le atribuyen. Si se toman en cuenta los datos que dan los bolandistas, habría de admitirse que hubo en Módena dos obispos que se llamaron Geminiano.
   No es probable que nuestro santo haya sido diácono de Antonio, obispo de Módena y que a la muerte de éste fuera elegido como sucesor suyo. Una vez obispo, podría haber sido él quien dio hospitalidad a San Atanasio, cuando atravesó Italia, camino del exilio rumbo a Galia. Se añade que Geminiano fue un adversario declarado de la herejía de Joviniano. Parece que murió en el año 348.
   Con bastante verosimilitud se cree que en el siglo X se estableció en Módena una confraternidad, bajo la advocación de San Geminiano. Las reliquias de este santo fueron trasladadas a la nueva catedral, el año de 1106.
   Consultar Acta Sanctorum, 31 de enero.- Anal. Boll, vol. XV, (1897), p. 745.  



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SANTA MARCELA, Viuda

31 de enero 
SANTA MARCELA, Viuda
(410)
   San Jerónimo llama a Santa Marcela "la gloria de las matronas romanas". Habiendo perdido a su esposo a los siete meses de matrimonio, Marcela rechazó las proposiciones del cónsul Cereal y decidió imitar a los ascetas del oriente. Se privó del vino y de la carne, consagró su tiempo a la lectura espiritual, la oración, las visitas a las iglesias de los mártires, y no habló jamás a solas con ningún hombre. Otras mujeres de noble linaje siguieron su ejemplo y se pusieron bajo su dirección, y Roma presenció la formación de varias comunida des de ese tipo en breve tiempo. Nos han quedado dieciséis cartas de San Jerónimo a Santa Marcela, en respuesta a las preguntas que la santa le hacía; pero ésta no se contentaba con escuchar pasivamente las respuestas del Doctor de la Iglesia, sino que discutía a fondo sus argumentos y aun le reprendía por su mal carácter. Cuando los godos saquearon Roma, el año 410, maltrataron a Santa Marcela para que revelase el sitio en que había escondido sus supues tos tesoros, que en realidad habían pasado a manos de los pobres, desde mucho tiempo atrás.
   La santa no temía por sí misma, sino por su discípula Principia (no su hija, como algunos han supuesto erróneamente). Arrodillándose, pues, ante los soldados, les rogó que no le hicieran daño alguno. Dios les movió a com pasión, y estos condujeron a las dos mujeres a la iglesia de San Paulo, en la que Alarico respetaba el derecho de asilo. Santa Marcela murió poco tiempo después, en los brazos de Principia, a fines de agosto del año 410. El Martirologio Romano venera su memoria en el día de hoy.
   Todos los datos que poseemos sobre Santa Marcela provienen prácticamente de las cartas de San Jerónimo, especialmente de la 127, titulada Ad Principiam virginem, sive Marcellae viduae epitaphium (Migne, PL., vol. XXII, cc. 1087 ss.). Ver también Grützmacher, Hieronymus; eine biographische Studie, vol. I, pp. 225 ss.; vol. II, pp. 173 ss.; vol. III, pp. 195 ss.; Cavallera, Saint Jérome (2 vols., 1922); y DBC., vol. III, p. 803.   



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SANTOS CIRO y JUAN, Mártires

31 de enero 

SANTOS CIRO y JUAN, Mártires 

(303)



Ciro era un médico de Alejandría a quien el ejercicio de su profesión había dado múltiples ocasiones de atraer a los paganos a la fe de Jesucristo. Juan, que era árabe, al saber que una dama llamada Anastasia y sus tres hijas eran torturadas en Canopo de Egipto, por el nombre de Cristo, fue a dicha ciudad para animarlas a sufrir, acompañado de Ciro. Ambos fueron aprehendidos y cruelmente golpeados; los verdugos les quemaron los costados con antorchas encendidas y echaron sal sobre sus heridas, en presencia de Anastasia y sus hijas, quienes fueron también torturadas. Finalmente, las cuatro mujeres fueron decapitadas, mientras que a Ciro y Juan se les cortó la cabeza, algunos días más tarde, el 31 de enero. Las Iglesias siria, egipcia, griega y latina veneran la memoria de los mártires.
   Sobre estos santos que, al igual que Cosme y Damián, fueron venerados en Grecia como médicos que no cobraban honorarios, existe abun dante literatura. Entre ella, sobresalen tres breves discursos de San Cirilo de Alejandría y un panegírico de San Sofronio, patriarca de Jerusalén (638). En dicho panegírico, se encuentran algunos datos sobre una práctica semejante a la incubación, tan común en los templos de Esculapio. La autoridad de los escritos de San Sofronio, que había sido curado en el santuario de los mártires Ciro y Juan, descansa en parte sobre las citas que se hallan en los documentos del segundo Concilio de Nicea, en 787. San Cirilo narra un hecho interesante: para acabar con los ritos supersticiosos de Isis que sobrevivían todavía en Me nuthi de Egipto a principios del siglo V, el mejor medio que encontró San Cirilo fue trasladar a dicha ciudad las reliquias de los santos Ciro y Juan. El gran santuario que fue construido en Menuthi se convirtió en un famoso sitio de peregrinación. El nombre actual de la ciudad es Abukir, célebre por la victoria del almirante Nelson en 1798 y por el desembarco de Sir Ralph Abercrombie en 1801. Abukir es un nombre derivado de Ciro, el primero de nuestros mártires. Por extraño que parezca, en los alrededores de Roma existe la pequeña iglesia de Santa Passera, nombre que también proviene de una transformación del de San Ciro: Abbáciro, Pácero, Passera.
   Ver P. Sinthem, en Romische Quartalschrilt, vol. XXII (1908), pp. 196-239; H. Delehaye, en Analecta Bollandiana, vol. XXX (1911), pp. 448-450, y Legendes of the Saints (1907), pp. 152 ss.; P. Peeters, en Analecta Bollandiana, vol. XXV (1906), pp. 233.240; y BHG., pp. 33-34. Los discursos de San Cirilo se hallan en Migne, PG., vol. LXXVII, c. 1110; ahí mismo se encuentra también el relato de San Sofronio, cc. 33-79.



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SAN METRANO, Mártir

31 de enero 
SAN METRANOMártir
(249)
   Metrano o Metras era un anciano de Alejandria. Los paganos lo prendieron antes de que saliera el edicto de persecución del emperador Decio y quisieron obligarle a proferir palabras impías. Metrano rehusó y, en consecuencia, tuvo que sufrir diversas clases de suplicios: golpes de bastón, agudas espinas hundi das en el rostro y en los ojos, etc. Para terminar, lo sacaron fuera de la ciudad y lo lapidaron. Este último tormento explica porqué se le representa, como a San Esteban, llevando piedras en sus brazos.
   El elogio de este santo se encuentra el 31 de enero en el Martirologio de Usuardo y, generalmente, en los otros documentos latinos, de donde ha pasado al Martirologio Romano.

   Una carta de San Dionisio de Alejandría al obispo de Antioquía, citada por Eusebio en Hist., eccl., I. VI, CXI, traducción E. Grapin, 1911, p. 257; P. Allard, Hist. des perséc., vol. II p. 250; Delehaye, Les orig. du cutre des martyrs, p. 250.



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SANTA TRIFENIA, Mártir

31 de enero 
SANTA TRIFENIA, Mártir
(Fecha desconocida)
   Trifenia era originaria del Cícico del Helesponto. Su padre fue un senador, lla mado Anastasio. Su madre, Socracia, que era cristiana, la educó en la fe de Cristo.
   Cuando Trifenia tuvo más edad, ella misma fue a ofrecerse al combate por la fe, en tiempo de persecución, presentándose en los templos donde se sacrificaba a los ídolos para hacer burla de esos ritos paganos.
   Enterado de la atrevida actitud de la joven, el prefecto Severo la hizo arrestar sin más tardanza y ordenó que se le infligieran varios tormentos de los que ella salía ilesa. Por último, la arrojaron ante un toro que le desgarró el cuerpo con sus cuernos.
   Cuenta la tradición que en el sitio donde la mártir derramó su sangre, mana una fuente que obra milagros.
   El nombre de Trifenia está inscrito en diversas fechas: 30 de enero, 11 de abril, 9 de mayo; pero el Martirologio Romano ha adoptado la del 31 de enero.

   Ver Martinov, Annus Eclesiasticus Graeco Slavus; Acta Sanctorum, octubre, vol. XI, p. 58.



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SAN FRANCISCO JAVIER BIANCHI, Fraile

31 de enero 
SAN FRANCISCO JAVIER BIANCHI, Fraile
(1815)
   Francisco Javier Bianchi nació en Arpino, en 1743. Arpino formaba enton ces parte del reino de las dos Sicilias. El santo hizo sus estudios eclesiásti cos en Nápoles y recibió la tonsura a los catorce años. Su padre se opuso tenazmente a que el joven entrara en la vida religiosa, y Francisco Javier atra vesó un período de angustioso conflicto entre la voluntad de sus padres y lo que él consideraba como la voluntad de Dios. Finalmente acudió a San Alfonso de Ligorio en busca de consejo, durante una de las misiones del santo. Este le confirmó en su vocación y Francisco Javier, venciendo todas las oposiciones, entró en la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo, más conocidos con el nombre de barnabitas. Probablemente a consecuencia de los esfuerzos que había hecho para superar esa prueba, el santo cayó enfermo y sufrió terriblemente durante tres años. Por fin, logró rehacerse, realizó grandes pro gresos en sus estudios y se distinguió particularmente en la literatura y en las ciencias. Fue ordenado sacerdote en 1767. Sus superiores le dieron muestras de excepcional confianza, ya que no sólo le permitieron oír confesiones a pesar de ser muy joven (cosa muy rara en Italia), sino que le nombraron superior de dos colegios, a la vez. El santo ejercitó este cargo durante quince años.
   Le fueron confiados otros muchos oficios de importancia, pero Francisco Javier se sentía cada vez más llamado a despegarse de las cosas terrenas y con sagrarse enteramente a la oración y los ministerios sacerdotales. Así pues, em pezó a llevar una vida de extremada mortificación y austeridad. Pasaba gran parte de su tiempo en el confesionario, a donde miles de personas iban a con sultarle. Su salud se resintió y le sobrevino una debilidad tan grande, que apenas podía arrastrarse para ir de un sitio a otro. No por ello cambió Francisco Javier su forma de vida, sino que siguió adelante como si nada sucediese. Su valiente resolución de vivir al servicio de los demás parece haber dado una eficacia es pecial a sus palabras y oraciones, de suerte que todos le consideraban como un santo.
   Cuando las congregaciones religiosas fueron dispersadas en Nápoles, Fran cisco Javier se hallaba en un estado lamentable; tenía las piernas hinchadas y cubiertas de llagas, y había que llevarle cargado al altar para que celebrara la misa. Esto tuvo la ventaja de merecerle privilegios especiales, pues las auto ridades le permitieron conservar el hábito religioso y permanecer en el colegio, donde vivió totalmente solo en la más estricta observancia religiosa.
   Se cuentan muchos milagros y profecías del P. Bianchi. En el proceso de beatificación se hizo mención de dos notables casos en los que multiplicó el dinero para pagar deudas. Durante la erupción del Vesuvio, en 1805, la po blación llevó al santo en vilo hasta el río de lava, que se detuvo en cuanto Francisco Javier hizo la señal de la cruz, frente a él. La veneración que los napolitanos le tenían al fin de su vida era ilimitada: "Roma tuvo su Neri (negro) -decían-, pero nosotros tenemos a nuestro Bianchi (blanco), que no es menos bueno". Muchos años antes, una de sus penitentes, Santa María Francisca de Nápoles, muerta en 1791, había prometido al P. Bianchi que se le aparecería tres días antes de que él pasara a mejor vida. Este estaba persuadido de que la santa cumpliría su promesa, como sucedió en efecto. San Francisco Javier Bianchi exhaló el último suspiro el 31 de enero de 1815. Fue canonizado en 1951 por Pío XII. 
   Ver P. Rudoni, Virtu e meraviglie del ven. Francesco S. M. Bianchi (1823); C. Kempf, The Holiness of the Church in the Nineteenth Century (1916), pp. 96-97; Analecta Ecclesiastica, 1893, pp. 54 ss.
    


*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SAN JUAN BOSCO, Confesor

31 de enero
SAN JUAN BOSCO, Confesor
Quien quisiere salvar su vida (obrando contra
mí), la perderá; mas quien perdiere su vida
por amor de mí, la encontrará.
(Mat. 16,25).
 
   Nacido en 1815, San Juan Basca, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Des de que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros.
  
 
MEDITACIÓN
SOBRE LA NECESIDAD
DE MORTIFICARNOS
 
I. Aquél que odia su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. Estas palabras de Nuestro Señor indican la necesidad que se nos impone de mortificarnos. La ciudad de Babilonia, es decir, de los réprobos, comienza por el amor a sí mismo y termina por el odio a Dios, dice San Agustín. La ciudad de Jerusalén, es decir. de los predestinados, comienza por el odio al cuerpo y termina por el amor a Dios. El amor a Dios crecerá en ti en la misma proporción que el odio a tu cuerpo. Mide con este metro: para conocer en qué medida eres perfecto, considera en qué medida te mortificas.
  
 
II. Tu mortificación debe comenzar cortando por lo vivo todos los placeres y deseos que pudieran impedirte cumplir los mandamientos de Dios. Corta todo lo que pueda impedirte cumplir con los deberes que te impone el estado de vida que hayas abrazado. En fin, hay una mortificación que no es como la anterior, obligatoria, sino sólo de consejo; consiste en abstenerse aun de los placeres permitidos. Es la que practican las almas santas; ¿las imitas?
  
 
III. La mortificación será para ti cosa fácil, si consideras que ella te impide caer en muchas faltas. Además, eres pecador: debes, pues, hacer penitencia y mortificarte para disminuir, por compensación, lo que debes a la justicia de Dios en el purgatorio. Eres cristiano: ¡concuerda acaso el vivir en el placer y adorar a un Dios crucificado? No temas los rigores de la mortificación; ella posee dulzuras escondidas que sólo pueden gustar los que la abrazan decididamente. Ves la cruz pero no conoces sus consuelos. (San Bernardo).

La imitación de Jesucristo 
Orad por la educación de la juventud.

ORACIÓN
      Señor, que habéis hecho de San Juan Bosco, vuestro confesor, padre y maestro de los adolescentes, y habéis querido hacer florecer en la Iglesia, por su intermedio, nuevas familias religiosas con la ayuda de la Santísima Virgen María, haced que inflamados con el mismo amor busquemos las almas y os sir vamos sólo a Vos.  Por N. S. J. C. Amén



*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

30/I/+2019 BEATO SEBASTIÁN VALFRE, Sacerdote

30 de enero 
BEATO SEBASTIÁN VALFRE, Sacerdote
(1710)
   Sebastián Valfré nació en Verduno del Piamonte, en 1629. Sus padres eran pobres y la familia numerosa. Desde su niñez decidió ser sacerdote, y trabajó para pagarse todos sus estudios, copiando libros. Se cuenta que al partir del hogar, lo único que sus padres pudieron darle fue un tonel de vino. Sebastián ingresó en la Congregación de los Padres del Oratorio, en Turín, el día de la fiesta de San Felipe, en 1651. Un año después, fue ordenado sacerdote y cantó su primera misa en Verduno para consuelo de sus padres. Desde el primer momento, se entregó con toda el alma al cumplimiento de sus deberes sacerdotales. Un hecho notable fue que desde el arribo del beato, el Oratorio de Turín, que hasta entonces había estado en decadencia por muchas dificultades, empezó a prosperar y a atraer al pueblo. El primer cargo de Sebastián fue el de prefecto del "Pequeño Oratorio", es decir una cofradía de laicos que se reunían para los ejercicios de piedad. El beato desempeñó durante muchos años el cargo con gran fruto y su extraordinario don de entusiasmar a los jóvenes parece haberle ganado el puesto de maestro de novicios. En 1661, habiendo cumplido la edad canónica de cuarenta años, fue elegido superior, contra su voluntad. Se dice que su gobierno fue una imitación perfecta del de San Felipe, tanto por el cuidado de la observancia hasta en los menores detalles, como por la gran bondad de Sebastián con los enfermos, para los que nada le parecía demasiado bueno.
   Entre tanto, la fama del beato como director de almas se había ido ex tendiendo. Pasaba largas horas en el confesionario, al que asistía con puntualidad escrupulosa y, en sus exhortaciones a la comunidad, insistía mucho sobre la necesidad de la confesión frecuente. Toda clase de personas se confesaban con él, hallándole siempre dispuesto a hacer cualquier cosa por aquellos que necesitaban ayuda o mostraban deseos serios de perfección. Por otra parte, era implacable con los falsos y parecía gozar de un don sobrenatural o de un poder de telepatía para descubrir la falta de sinceridad. Entre sus penitentes se con. taba el duque Víctor Amadeo II, más tarde rey de Cerdeña, quien en 1690, con el consentimiento del Papa Alejandro VIII, se esforzó en vano por persuadirle para que aceptara la sede arzobispal de Turín. El beato Sebastián predi caba, algunas veces, tres sermones al día. Emprendía también largas expediciones misionales a los distritos de los alrededores y, algunas veces, hasta territorio suizo, con gran fruto de conversiones. Además, consagraba mucho tiempo a la instrucción de los jóvenes y de los ignorantes. Acostumbraba reunir a los mendigos que iban al Oratorio a pedir limosna y les daba alimento para el cuerpo y para el alma. Era infatigable en sus visitas a los hospitales y prisiones, y tenía especial simpatía por los soldados, cuyas dificultades comprendía y compadecía.
   Como su modelo, San Felipe, el beato estaba siempre alegre, de suerte que las gentes consideraban que tenía un carácter ligero y sin preocupaciones. Esto es tanto más de admirar, cuanto que sabemos, por otra parte, la terrible historia de sus desolaciones y pruebas interiores. Con frecuencia le asaltaba la tentación de sentirse dejado de la mano de Dios y de creer que había perdido la fe y estaba destinado al infierno. A pesar de ello, aun cuando se acercaba ya a los ochenta años de edad, jamás cejó en sus trabajos por las almas, predicando al aire libre, en lo más crudo del invierno, al primer grupo de perdidos que encontraba. Más aún, cuando le parecía conveniente para la gloria de Dios, no temía entrar en los mismos antros de vicio. Por extraño que pueda ser, Dios parece haber bendecido abundantemente su osadía, ya que los rufianes más groseros se sentían impresionados por la santidad del beato y no se atrevían a levantar la voz, cuando éste criticaba sus vicios en los términos más severos. Su vida podría servir de modelo a todos los pastores de las ciudades en las que abundan el vicio y la miseria, y nada tiene de extraordinario que los con temporáneos del beato le hayan considerado como un santo. Se cuentan muchos ejemplos de su don de leer los corazones y de hacer profecías que se cumplieron. Entre otras cosas, parece que el beato sabía desde varios meses antes la fecha exacta en que iba a morir. Dios le llamó a Sí, a los ochenta y un años de edad, el 30 de enero de 1710. Fue beatificado .en 1834.
   Ver Lady Amabel Kerr, Life of Bd. Sebastián Valfré (1896); G. Callen, Vita del B. Sebastiano Valfré; P. Capello, Vita del b. Sebastiano Valfré 2 vols., (1872).   



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

30/I/+2019 SAN LESMES, Abad

30 de enero
SAN LESMES, Abad
(1097)


   Un santo tan burgalés como el Cid, su contemporáneo, y cuyo sepulcro se venera en la iglesia de su nombre en Burgos, ciudad de la que es patrón. Ahora bien, como suele ocurrir con los santos, su lugar de nacimiento es muy otro, y al saber que Lesmes es una adaptación fonética de Adelelmo, quizás empiece a sonarnos a menos castizo y castellano.
   En realidad era del otro lado de los Pirineos, de Loudun, en el Poitou, y debía de llamarse Adelelme, o, aún más a la francesa, Aleaume. Nació de una familia acaudalada, y después de repartir sus bienes entre los pobres vistió las ropas de uno de sus antiguos criados y fue en peregrinación a Roma.
   Más tarde fue monje y llegó a ser abad del monasterio de La Chaise-Dieu, fundada por el Beato Roberto, en la Auvernia, hasta que Constanza, que era de origen borgoñón, la esposa del rey castellano Alfonso VI, le llamó a España para introducir la liturgia romana en sustitución de la mozárabe.
   Lesmes fundó en Burgos el monasterio benedictino de San Juan Evangelista, y allí se dedicó a atender a las necesidades de los peregrinos de Santiago, quizá recordando los lejanos tiempos en que él también peregrinaba, y al cuidado de los enfermos. El despliegue de caridad religiosa al servicio de todos y especialmente de los enfermos, hasta su muerte el año 1097, le mereció el ser considerado por Burgos como su Santo Patrono.
   Este francés, al que imaginamos siempre con los severos, rígidos trazos de la iconografía románica, se identificó tanto con su ciudad de adopción que casi hemos llegado a olvidar que vino de otras tierras; para hacer a Castilla y a España más universal, según el modelo de Roma, y para fundirse servicialmente con la etapa de Burgos en el camino de Santiago, viendo cómo su nombre se iba transformando en boca de los burgaleses, haciéndose pronunciable para ellos, hasta quedar convertido en un signo más de su entrega total a una misión
.
   
Un siglo después se hace célebre en Burgos otro San Lesmes, compañero de retiro en la sierra de la Demanda, de San Julián, el futuro obispo de Cuenca y antiguo profesor de Teología en el Estudio General de Palencia. Con motivo de una grande hambre, el segundo san Lesmes destaca por sus esfuerzos en remediarla, procurando provisiones para los pobres.


30/I/+2019 SANTA JACINTA MARISCOTTI, Virgen

30 de enero
SANTA JACINTA MARlSCOTTI, Virgen
(1640)
   La vida de Santa Jacinta es, en cierto sentido, única en los anales de los santos. Casi todos ellos experimentaron, en un momento determinado, una especie de cambio que califican de "conversión". En algunos casos, como en el de San Agustín, la conversión consiste en la vuelta a Dios, después de una vida de pecado en el mundo. En otros casos, como el de Santa Teresa, la Vida anterior parece imperfecta por el contraste que ofrece con la vida posterior a la conver sión. Pero es muy raro el caso de un santo que, tras de haber llevado una vida de escandalosa infidelidad a las reglas del convento, se convierta, vuelva atrás, y finalmente se entregue definitivamente, movido por una nueva gracia, hasta alcanzar las cumbres de la perfección.
   Clara Mariscotti, que provenía de una noble familia de Vignarello, se educó en el convento de las franciscanas de Viterbo, donde una de sus herma nas era religiosa. Parece que en sus primeros años mostró poca inclinación a la piedad. Cuando sus padres casaron a su hermana más joven con el marqués Cassizucchi, Clara cayó en un estado de postración y mal humor, insoporta bles para su familia. En vista de ello, sus padres, siguiendo la odiosa costumbre de la época, decidieron forzarla a entrar en la vida religiosa. Clara ingresó al mismo convento de Viterbo donde había sido educada, que era una comu nidad de la Tercera Orden Regular Franciscana. Aunque hizo la profesión, la joven declaró llanamente que el hecho de vestir el hábito religioso no le im pediría exigir todas las exenciones a las que su rango y la riqueza de su familia le daban derecho. Durante diez años, fue el escándalo de la comunidad por su olímpico desprecio de las reglas, aunque guardaba todavía un mínimo de apariencias. En cierta ocasión, en que se hallaba ligeramente indispuesta, un santo sacerdote franciscano fue a confesarla en su celda y, al ver cuán confortable era ésta, reprendió severamente a Sor Jacinta (este era el nombre que había tomado al entrar al convento) por su tibieza y los graves peligros a que se exponía. La reprensión impresionó profundamente a la religiosa, quien tem poralmente reformó su vida con un fervor casi exagerado. Pero esta súbita transformación no duró mucho; el fervor de Sor Jacinta empezaba ya a decaer, cuando Dios le envió una enfermedad mucho más seria que la anterior. Esta vez, la gracia fue plenamente eficaz y a partir de ese momento, la santa llevó una vida de crueles disciplinas, constantes ayunos y vigilias, y largas horas de oración.
   Lo más extraordinario, tratándose de un temperamento como el de Jacinta, es que, siendo maestra de novicias, dio muestras de un gran sentido común en la dirección espiritual, ya que refrenaba las exageraciones de fervor y penitencia en sus novicias y escribía mesurados consejos a las numerosas personas que la consultaban por carta. Por ejemplo, a una persona que le preguntaba su opinión sobre una religiosa muy reputada por su unión con Dios y su don de lágrimas, Jacinta respondió: "Antes que nada, quisiera yo saber si esa religiosa está despegada de las creaturas, si es humilde, si ha renunciado a la voluntad propia, aun en las cosas buenas y santas; sólo así es posible determinar si los deleites de su devoción vienen realmente de Dios. Yo admiro sobre todo a los que son poco admirados, a los olvidados de sí mismos, aunque tengan pocas consolaciones sensibles. La verdadera señal del espíritu de Dios es la cruz, el sufrimiento, la perseverancia generosa, a pesar de la falta de consuelo, en la oración".
   La caridad de Jacinta era notable, y no se limitaba a su comunidad. Con su ayuda se formaron en Viterbo dos cofradías encargadas de los enfermos, los ancianos, los nobles venidos a menos y los pobres. Pidiendo limosna de puerta en puerta, J acinta reunía los fondos necesarios para el trabajo de las cofradías. La santa murió a los cincuenta y cinco años de edad, el 30 de enero de 1640, y fue canonizada en 1807. La bula de canonización afirma que "su mortificación era tan grande, que la conservación de su vida era un constante milagro" y que, "con su apostólica caridad ganó a Dios más almas que muchos predicadores de su tiempo".
   Ver Flaminio de Latera, Vita della V. S. Giacinta Variscotti (1805); Léon, L'Auréole séraphique, vol. I, pp. 117-126; Kirchenlexikon, vol. VI, pp. 514-516.  



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

30/I/+2019 SANTA BATILDE, Viuda

30 de enero 
SANTA BATILDE, Viuda 
Así como la voluntad de Dios es un acto y se llama mundo,
su intención es la salvación de los hombres y se llama Iglesia,
(Clemente de Alejandría)

   Santa Batilde (634-680) De origen anglosajón, era todavía una niña cuando fue raptada por los piratas y vendida al mayordomo de palacio del rey Clodoveo II de Neustria. Este se enamoró de ella y la convirtió en su reina. Tuvieron tres hijos, pero desgraciadamente, el rey murió a los veinticuatro años de edad. Batilde ocupó la regencia, se rodeó de buenos consejeros, y gobernó con justicia y misericordia. Sin embargo, los nobles terminaron por unirse contra ella y desterrarla a la abadía de Chelles, donde pasó el resto de su vida perdonando a sus enemigos, encargándose de las tareas más humildes y atendiendo a los enfermos

30/I/+2019 SAN BARSIMEO, Obispo de Edesa

30 de eneroSAN BARSIMEO, Obispo de Edesa
(¿250?)
   En este día leemos en el Martirologio Romano: "En Edesa de Siria, la con memoración de San Barsimeo, Obispo, el cual, después de haber convertido a muchos gentiles a la fe y de haberles enviado por delante a recibir la corona de los mártires, les siguió con la palma del martirio, bajo el Emperador Trajano". Alhan Butler nos dice en su corto artículo, que Barsimeo fue el tercer obispo de Edesa, después de San Tadeo, quien había sido uno de los setenta y dos discípulos del Señor. El mismo autor añade que el martirio tuvo lugar en Edesa, bajo el gobierno de Lisias, cuando Trajano cruzó el Eufrates y conquistó la Mesopotamia, en 114. Ruhens Duval, en un estudio sobre las actas sirias de Sharhil y Barsamja, publicado en el Journal Asiatique de 1889, ha de mostrado que todos estos datos son falsos. En el artículo se prueba que las susodichas "actas", pretenden ser una recopilación de los documentos más auténticos, pero están plagadas de anacronismos contradictorios. Así por ejemplo, unos datos se refieren a los años 106 y 112, durante el reinado de Trajano, a quien se menciona expresamente; otros, en cambio, están relacionados con el pontificado del Papa Fabián (250), del que también se habla. Además, según las "actas", aunque Barsamja fue sentenciado a muerte, no fue ejecuta o y sucedió a Paluto. Ahora bien, dicho obispo, que había sido consagrado por Serapión hacia el año 209, ciertamente no vivió en el siglo II. Duval demuestra, por otra parte, que las actas de San Barsimeo o Barsamja se basan en las actas de San Abid, un mártir del siglo IV y que, por consiguiente, no es imposible que sean puramente imaginarias.
   Cureton, Ancient Syriac Documents, pp. 41.72, publicó por primera vez las actas sirias. A esta edición siguió la de Bedjan. Ver sobre todo Rubens Duval, en Journal Asiatique, serie octava, vol. XIV, pp. 40-58, y cf. ibid., vol. XVIII (1891), pp. 384-386.    



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

30/I/+2019 SANTA ALDEGUNDA, Virgen

30 de enero
SANTA ALDEGUNDAVirgen
Quien no carga con su cruz y me sigue
no es digno de mí. 
(Mat. 10, 38).


   Santa Aldegunda nació en Hainaut, de familia ilustre y vinculada con la casa de Francia; empero, sus virtudes la han hecho más célebre que su nacimiento. Rechazó la mano de un príncipe de Inglaterra para seguir a Jesús en la soledad. Allí Jesús, para festejar las bodas de su casta esposa, cambió en vino el agua que ella había tocado, y ordenó a su ángel custodio que la consolara en sus aflicciones. ¿Dónde encontrar sobre la tierra un esposo de tanto poder y de tanta generosidad como el divino Salvador? Adhiérete, pues, a Él, con vínculos indisolubles, Santa Aldegunda murió a fines del siglo VII.
  
MEDITACIÓN
SOBRE LOS TRES GRADOS
DE LA MORTIFICACIÓN
   
I. Esta santa deja la corte para ir al desierto; las delicias, para vivir en la austeridad; la fortuna de un gran príncipe, para seguir a Jesucristo en la pobreza. Desde hace mucho tiempo Jesús te llama, ¿cuándo lo escucharás? ¡Esta santa supera todos los obstáculos, y a ti la más pequeña dificultad te desalienta! Por más fuertes que sean las cadenas que te atan, fácilmente las romperás si amas a Jesús, y si temes al infierno.
   
II. Esta flamante esposa de Jesucristo, después de haber dado prendas de su amor, le pide un obsequio. Escuchad, cristianos descaecidos, la oración de esta santa, y avergonzaos de vuestra cobardía: ella le pide a Dios que le envíe un cáncer que le carcoma el seno, y su oración de inmediato es escuchada. ¿Alguna vez has pedido a Dios algo parecido? Haces promesas a todos los santos para que te libren hasta de la más mínima dolencia que te aqueja. ¡He aquí, sin embargo, las dulzuras de que hace partícipes Jesús a sus amigos; he aquí los favores que éstos le piden
   
III. No contenta con dejar los placeres y solicitar los sufrimientos como un favor, pide a Dios la prive de la satisfacción que el hombre experimenta cuando bebe y cuando come. San Pedro le da un poco de maná celestial y todo alimento de la tierra se le vuelve amargo. ¡Qué vergüenza para ti, voluptuoso! ¡Rechaza ella todos los placeres de los sentidos, y tú los buscas afanosamente! Señor, poned amargura en todos mis placeres, a fin de que sólo Vos resultéis dulce a mi corazón.

La mortificación
Orad por vuestros superiores temporales.

ORACIÓN
      Escuchadnos, oh Dios, que sois nuestra salvación, a fin de que la fiesta de la bienaventurada Aldegunda, vuestra virgen, al mismo tiempo que regocije nuestra alma la enriquezca con sentimientos de tierna devoción.  Por N. S. J. C. Amén
El mismo día 30: SANTA MARTINAVirgen y mártir

30/I/+2019 SANTA MARTINA, Virgen y Mártir

30 de enero
SANTA MARTINA, Virgen y Mártir
  
Nadie puede servir a dos señores. (Mateo 6, 24).

   Santa Martina, virgen romana, quedó huérfana a una edad todavía tierna, y distribuyó entre los pobres los cuantiosos bienes que le habían dejado sus padres. Por rehusarse a sacrificar a los ídolos fue sometida a horribles torturas y, después, condenada a ser arrojada a las fieras. Respetada por éstas y habiendo, en seguida, pasado sana y salva por las llamas en las que fuera arrojada, fue, finalmente, decapitada. En el momento de su muerte, un terrible temblor sacudió la ciudad de Roma, y muchos idólatras se convirtieron a la fe cristiana.
  
MEDITACIÓNES PRECISO SER
TOTALMENTE DE DIOS


I. Acaba Martina de perder a sus padres, y ya se desembaraza de sus riquezas para darse a Dios sin reserva. El medio que debemos emplear para ser totalmente del Señor, es el desapego del mundo. Si tu posición no te permite dar tus bienes a los pobres como hizo Martina, desapega tu corazón, por lo me nos, de las riquezas y de las vanidades mundanas. No se puede servir a dos señores a la vez, no se puede ser al mismo tiempo de Dios y del mundo. Elige, de estos dos partidos, el que te es más ventajoso. ¿Necesítase pensar mucho cuando se trata de darse a Vos, oh Dios mío?
   
II. Piensa en las recompensas que acuerda el mundo a los que le sirven. Salomón fue colmado de todos los bienes de la tierra, y, sin embargo, declara que todo es vanidad. Pregúntate a ti mismo. ¿No es verdad, acaso, que estás ya disgustado de los bienes del mundo apenas tienes su posesión; que nunca ha estado contento tu espíritu, y que siempre algo le ha faltado a tu felicidad? Mundo falaz, ¿por qué nos prometes tantas cosas que no puedes dar? (San Agustín).
   
III. Si quieres realmente confesar la verdad, convendrás conmigo en que nunca has sido más dichoso ni has estado más contento que después de haber cumplido algún acto de virtud. Si tan liberalmente Jesucristo te recompensa en este mundo, ¿qué no te reservará para el otro? Si los placeres que el demonio te ofrece están mezclados con tanta amargura, ¡cuáles no serán los tormentos que te prepara! Entrégate a Dios, y verás que no hay placer comparable al que se gusta en el servicio de este bondadosísimo Señor. ¿Qué placer más grande que el disgusto del mismo placer?

El amor de Dios 
Orad por la conversión de los idólatras.

ORACIÓN
      Oh Dios, que, entre otros milagros de vuestro poder, habéis hecho obtener la victoria del martirio a una tierna niña, haced que celebrando el nacimiento al cielo de la bienaventurada Martina, virgen y mártir, nos aprovechemos de sus ejemplos para llegar hasta Vos.  Por N. S. J. C. Amén.
   


*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

29/I/+2019 SAN SULPICIO SEVERO, Obispo de Bourges

29 de enero
SAN SULPICIO SEVERO, Obispo de Bourges
(591)
   No parece que haya razón suficiente para creer que este santo obispo se llamase realmente Severo. San Gregorio de Tours, quien nos da el dato de su nombramiento a la sede de Tours (584) en vez de otros candidatos simoníacos, habla de San Sulpicio con gran respeto y nos dice que convocó un concilio provincial en Auvernia. El santo tomó también parte en el Concilio de Maçon, en 585. El apodo de "Severo" tenía probablemente por finalidad distinguirle del otro San Sulpicio de Bourges, a quien se llamó Sulpicio Pío. Sin embargo, la conmemoración que hace el Martirologio Romano en este día se refiere indudablemente a nuestro santo. Los martirologios primitivos le confunden frecuentemente con el escritor Sulpicio Severo.
   Ver Acta Sanctorum, 29 de enero; y Duchesne, Fostes Episcopaux, vol. I, pp. 28-29. Alban Butler atribuye el título de santo al escritor Sulpicio Severo, pero no existen pruebas suficientes en apoyo de tal atribución. Los bolandistas, que mencionan al escritor Sulpicio Severo en su relato sobre el obispo de Bourges, hacen notar que la inclusión del primero en el Martirologio Romano se debió a una confusión.
    



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

29/I/+2019 SAN SABINIANO, Mártir

29 de enero 
SAN SABINIANO, Mártir
(Fecha desconocida)
   El Martirologio Romano conmemora a San Sabiniano en este día y la diócesis de Troyes le venera como primer apóstol y mártir de la ciudad del mismo nombre. Existen tres "actas" de San Sabiniano y su martirio, ninguna de las cuales tiene valor histórico. Se cuenta que Sabiniano nació en la isla de Samos; que se convirtió al cristianismo leyendo la Biblia; que fue a predicar 
el Evangelio en la Galia, antes de ser bautizado; que recibió el bautismo directamente del cielo (ya que una voz sobrenatural pronunció las palabras sacramentales), que fue hecho prisionero por haber efectuado numerosas conversiones, y que compareció valerosamente ante el emperador Aureliano. Tras una serie de incidentes milagrosos, como por ejemplo el de que el fuego no le consumió y que las flechas no le atravesaron, fue finalmente decapitado por la espada. No parece haber ninguna tradición primitiva en apoyo de su culto, de suerte que lo único que podemos afirmar es que un mártir llamado Sabiniano murió probablemente en Troyes, víctima de una de las primeras persecuciones.
   Ver Acta Sanctorum, 29 de enero; E. Defer, Vie des saints du diocéses de Troyes, pp. 27-36; Analecto Bollandiana, vol. IV (1885), pp. 139-156.    



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

29/I/+2019 SAN FRANCISCO DE SALES, Obispo, Confesor y Doctor

29 de enero 
SAN FRANCISCO DE SALES, Obispo, Confesor y Doctor
Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;
y hallaréis el reposo para vuestras almas.
(Mat. 11,29).


   Este santo ha sido la gloria de su siglo, el modelo de los hombres apostólicos y de los obispos, el doctor universal de la piedad y del amor de Dios. Su cuerpo en Annecy y su corazón en Lyon han obrado infinidad de milagros devolviendo la salud a los cuerpos; pero su espíritu, siempre vivo en sus libros, obra maravillas mucho más sorprendentes convirtiendo a los pecadores. Tan llena está su vida de nobles acciones, que es difícil resumirla; tan conocida de todos, por otra parte, que no es necesario referirla. Murió en Lyón en 1622.
  
MEDITACIÓN
SOBRE EL CORAZÓN
DE SAN FRANCISCO DE SALES
   
I. El corazón de San Francisco de Sales ardía con el fuego del amor divino. Este amor le hizo emprender todo lo que juzgó apto para contribuir a la gloria de Dios y a la salvación del prójimo. Sus predicaciones, sus pláticas, sus libros, son pruebas de esta verdad. ¡Ah! si amases a Dios como él, te burlarías de las riquezas, de los placeres, de los honores, y no dejarías perder las ocasiones de incitar a los demás a amar al Señor. ¡Oh Dios que sois tan amable! ¿por qué sois tan poco amado? ¡Oh fuego que siempre ardéis, fuego que nunca os extinguís, abrasad mi corazón!
   
II. El corazón del Santo sólo tenía dulzura y ternura para el prójimo; después de su muerte no se le encontró hiel en el cuerpo. Consolaba a los enfermos, daba limosna a los pobres, instruía a los ignorantes, y con su afabilidad trataba de que se le allegasen los pecadores, a fin de conducirlos enseguida al redil de Jesucristo.
   
III. Ese corazón, en fin, que era todo amor para Dios y toda dulzura para el prójimo, trataba a su cuerpo como a enemigo; para domar sus pasiones no retrocedía ante mortificación alguna, ante sacrificio alguno. Examina la causa de tus penas, Y verás que provienen de las pasiones que no supiste domeñar. Aquél que ha vencido a sus pasiones adquirió una paz duradera.

La dulzura
Rogad por la orden de la Visitación.


ORACIÓN

      Dios, que habéis querido que el bienaventurado Francisco de Sales, vuestro confesor Y pontífice, fuese todo para todos para salvar a las almas, difundid en nosotros la dulzura de vuestra caridad, y haced que, dirigidos por sus consejos y asistidos por sus méritos, lleguemos al gozo eterno.  Por N. S. J. C. Amén



*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

28/I/+2019 LA IMITACIÓN DE CRISTO por TOMÁS de KEMPIS (Libro I, CAP, XIII)

Compartimos con nuestros lectores, ésta majestuosa obra de espiritualidad cristiana, fuente de tantas almas santas y virtuosas, que ha llegado incluso a ser recomendada su lectura por muchos santos, confesores y sumos pontífices a lo largo de la historia de la Santa Iglesia Católica. 

CONTINUACIÓN: LIBRO I, CAP. XIII





Esperamos que esta obra tan sublime de la literatura espiritual tradicional cristiana sea de su agrado, y, por sobre todas las cosas sea de provecho espiritual para la salvación de las almas de nuestros prójimos







...:::AD:::MAJOREM:::DEI:::GLORIAM:::...

28/I/+2019 BIENAVENTURADO CARLOMAGNO, Emperador

28 de enero
BIENAVENTURADO CARLOMAGNO, Emperador 
(814)
   La biografía de Carlomagno (nació en 742; fue rey de los francos desde 786 y primer emperador del Sacro Imperio Romano en 800; murió en 814), forma parte de la historia general, y resulta un tanto sorprendente encontrar su nombre en un libro de la vida de los santos. No parece que se le haya tributado ningún culto antes del año 1166, época en que empezó a introdu cirse, bajo los siniestros auspicios de Federico Barbarroja. El antipapa Guido de Crema (Pascual III) sancionó dicho culto. Es digno de notarse que Santa Juana de Arco asociaba a "San Carlomagno" en su devoción a San Luis de Francia, y que en 1475, la fiesta de Carlomagno empezó a ser de obligación en toda Francia. Próspero Lambartini, que fue más tarde Benedicto XIV, discute el punto con cierta extensión en su obra sobre la beatificación y canonización, y concluye diciendo que puede atribuirse con justicia el título de bienaventurado a tan gran defensor de la Iglesia y del Papado. Sin embargo, en la actualidad sólo celebran la fiesta de Carlomagno la diócesis de Aquisgrán y dos abadías suizas. 
   
La fuente principal para conocer al Carlomagno íntimo es la biografía escrita por su contemporáneo y amigo Einardo; la mejor edición de ella es la de G. Waitz, en MGH., Scriptores, vol. II. Ver también Acta Sanctorum, 28 de enero, y las largas discusiones sobre 108 puntos controvertidos, en DAC., vol. III, donde se encontrarán referencias bibliográficas muy completas. Cf. las anotaciones que hace E. Amann sobre el carácter de Carlomagno, en Fliche Martin, Histoire de l'Eslise, vol. VI, p. 200, y R. Folz, Etudes sur le culte liturgique de Charlemagne... (1951).   


*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

28/I/+2019 BEATO JULIÁN MAUNOIR, Jesuita

28 de enero
BEATO JULIAN MAUNOIR, Jesuita
(1683)
   No se  puede decir que los católicos de otras naciones ignoran la historia reli giosa de Francia en el siglo XVII, pero es indudable que uno de los aspectos menos conocidos de esa historia es el trabajo de los misioneros en el interior del país. Todo el mundo está al tanto de las actividades de un monsieur Olier, en París, o de un San Vicente en todo el territorio francés; pero son mucho menos conocidas las actividades de un San Juan Eudes en Normandía, de un San Pedro Fourrier en Lorena, de un P. Juan Lejeune en el Limousin, el Languedoc y la Provenza, de un San Juan Francisco de Regis en Velai y Vivarés, y en general de todas las misiones de la Bretaña. Sin embargo, según opina Henri Brémond, estas últimas fueron las más fructuosas de todas y, cierta mente, las más pintorescas. Entre los misioneros de la Bretaña se destacan el benedictino Miguel Le Nobletz y el P. Julián Maunoir. Este había nacido en la diócesis de Reims en 1606 e ingresó en la Compañía de Jesús, en 1625.
   Sin duda que se ha exagerado la impiedad y barbarie de los bretones de aquella época y la negligencia de su clero; pero eso no quita que fuesen ex tremadamente supersticiosos, brutales, turbulentos y al mismo tiempo, muy abiertos al mensaje evangélico. La región que produjo tantos piratas penden cieros fue también la tierra de Armelle Nicolás y de los calvarios barrocos y las estatuas de la Baja Bretaña. Los místicos abrieron el camino a los misio neros. Y el P. Bernard, S. J., y Dom Le Nobletz, atrajeron la atención de Julián Maunoir hacia ese campo y le aconsejaron que aprendiese el idioma bretón. El P. Maunoir llegó a dominarlo en brevísimo tiempo.
   Hay ciertas analogías entre la Bretaña católica y las regiones protestantes de Gales y Cornwall. A propósito de las misiones bretonas, Henri Brémond usa la palabra inglesa "revival" (renovación), y hace mención de Bunyan y del "Pilgrim's Progress". El historiador anglicano de las misiones de Cornwall, el difunto canónigo Gilbert Doble, tituló su corta biografía de Julián Maunoir "El John Wesley de la Bretaña". Es muy instructiva la comparación entre la biogra fía del P. Maunoir, escrita por Séjourné, y el "Diario" de John Wesley, así como la comparación entre este "Diario" y el del beato Julián Maunoir.
   Cuando el P. Maunoir empezó a trabajar en la Bretaña, en 1640, había sólo otros dos misioneros. A su muerte, ocurrida cuarenta y tres años más tarde, había más de mil. Renán habría de quejarse, más tarde, de que sus ante pasados habían sido "jesuitizados" y desnacionalizados por los misioneros pro cedentes de otras regiones de Francia. La realidad es que hubo apenas un puñado de jesuitas, de los que la mayoría eran bretones, y un fuerte contin gente del clero bretón que cooperó con los padres de la Compañía y se sometió espontáneamente a la rigurosa disciplina que les impuso el P. Maunoir. Por lo demás, la técnica del trabajo misional había sido ideada por un bretón no jesuita, Miguel Le Nobletz, a quien se ha llamado "el último de los bardos".  La tarea consistía, ante todo, en la instrucción religiosa; "la predicación emocional", capaz de arrastrar a las multitudes en un momento dado, sólo se empleó como instrumento secundario. Los misioneros se ayudaban en su tarea con imágenes en colores, algunas de las cuales se conservan todavía en la biblioteca de Quimper. Se trataba de ilustraciones de la Pasión, del Padre nuestro, de los pecados capitales, etc., bajo las diferentes alegorías del Caballero Errante, de las Seis Ciudades de Refugio, de Los Tres Arboles... Con esto, se despertaba la imaginación popular y las cualidades poéticas del espíritu humano. Las imágenes, la vividez y el sentido del humor de los comentarios hechos por los misioneros es lo que hacía pensar a Henri Brémond en Bunyan. Pero además, había representaciones con cuadros plásticos vivientes. De ahí se originaron las famosas procesiones en las que se representaba, por ejemplo, la Pasión del Señor. El P. Maunoir predicaba y los actores encarnaban su pala bra, en tanto que "los oyentes sollozaban de emoción". Algunos se quejaron de la emotividad de tales actos, pero los obispos bretones apoyaron al misionero.
   Otro de los métodos era el empleo de cantos religiosos, de los cuales algunos eran ya tradicionales y otros habían sido compuestos por el mismo P. Maunoir. Probablemente sólo nos ha quedado uno, tal como él lo escribió, y debe con fesarse que en la traducción del bretón al francés, pierde mucho de su gracia original. Lo cierto es que Julián tenía el don de versificar con gran sentimiento y que los cánticos religiosos constituían un factor importante en las misiones bretonas. Al empleo del idioma local se añadía la devoción a los santos bretones de la antigüedad. La región de Sto Corentin, en la diócesis de Quimper, fue el campo predilecto del P. Maunoir.
   Como la leyenda de los santos celtas está llena de milagros -algunos de ellos conmovedores, otros fantásticos y aun poco edificantes entre los realmente convincentes-, así la evangelización llevada a cabo por Julián, fue apoyada por numerosos milagros y prodigios. El P. Boschet, S. J., que escribió la primera biografía del beato en 1697, había estudiado una narración de sus milagros; su comentario fue el siguiente: "Me parecieron tan extraordinarios que no pude por menos que sospechar que el autor había exagerado la realidad para glorificar al siervo de Dios". Sin embargo, después de haber hecho investigaciones de tenidas, el escepticismo del P. Boschet disminuyó mucho. ¿ Por qué sorpren derse de que la renovación del Cristianismo en Bretaña haya sido confirmada con milagros semejantes a los que acompañaron su introducción en el mundo? ( Desde el punto de vista humano, el P. Maunoir no era especialmente inteli gente y tenía cierta tendencia a la credulidad; pero era, a la vez, un verdadero jefe que se hacía obedecer, un organizador de primera talla y un hombre de gran visión. Buena parte del éxito de sus misiones se debe a que las dirigió tanto a los pastores, como a las ovejas. El puntero para comentar las imágenes, se convirtió en el arma distintiva de sus misioneros y en un símbolo del dedo que señalaba el camino.
   Durante los Ejercicios Espirituales que precedieron a su ordenación, Julián de Maunoir escribió, acabando de comulgar: "Sentí un celo extraordinario por la salvación de las almas y un gran deseo de trabajar por ellas con todos los medios posibles. La voz del Señor repetía en mi corazón: 'Yo trabajé, lloré, sufrí y morí por ellas'." Estas palabras resumen la vida de Julián. Después de su muerte, ocurrida en Plévin de Cournouaille, el 28 de enero de 1683, los   peregrinos acudieron en masa a besar aquellos pies que habían viajado por toda la Bretaña y llevaron hasta sus últimos rincones el mensaje envangélico. Fue beatificado por Pío XII el 20 de mayo de 1951.

28/I/+2019 BEATA MARÍA DE PISA, Viuda

28 de enero
BEATA MARIA DE PISA, Viuda
(1431)
   La vida de esta beata es una prueba de que la santidad depende muy poco de las circunstancias externas. Prácticamente no existe ningún estado de vida que el espíritu interior no pueda santificar. En la beata María de Pisa encontra mos el ejemplo de una sierva de Dios que se casó dos veces y tuvo muchos hijos, vivió varios años en el mundo como viuda y luego ingresó en un convento re lajado; lo reformó, y por último, fundó una comunidad de observancia religiosa excepcional, en la que murió a edad muy avanzada, en olor de santidad.
   La familia Mancini era una de las más distinguidas de Pisa, en una época muy agitada por las facciones políticas que prevalecían en las ciudades de Italia. Se cuenta que Catalina (María fue el nombre que tomó en religión) tuvo a los cinco años una experiencia mística extraordinaria. En un éxtasis o visión, pre senció la tortura en el potro, de Pedro Gambacorta, que había sido acusado de
conspirar y condenado a la horca por sus enemigos. La leyenda añade que Catalina oró con tal fervor al presenciar el suplicio, que la cuerda de la horca se rompió y los jueces conmuta ron la pena de muerte. Después de esto, la Virgen se apareció a Catalina y le ordenó que dijese todos los días siete Padrenuestros y siete Avemarías, porque la bondad de Dios iba a sostenerla en los peligros. Catalina se casó a los doce años y tuvo dos hijos. Su primer esposo murió cuando la beata tenía dieciséis años. Cediendo a la presión de su familia, Catalina se casó por segunda vez. El nuevo matrimonio duró ocho años y de él nacieron cinco hijos. Catalina cuidó a su esposo durante su última enfermedad, que duró un año. Todos los hijos de la beata parecen haber muerto jóvenes.
   La familia de Catalina intentó casarla por tercera vez, pero ella se opuso resueltamente y se entregó en alma y cuerpo a las obras de piedad y caridad. Convirtió su casa en hospital. Se cuenta que acostumbraba beber el vino con el que lavaba las llagas de los enfermos y que, en cierta ocasión experimentó tal dulzura al beber ese vino, haciendo fuerza a su naturaleza, que llegó a convencerse en su fuero interno de que el. misterioso enfermo al que había aten dido no era otro que el Salvador. En aquélla época de su vida, Catalina estaba bajo la dirección de los dominicos, en cuya tercera orden había ingresa do. Probablemente dichos religiosos le pusieron en contacto con Santa Catalina de Siena, y todavía se conserva una carta que esta santa escribió a "Monna Catarina e Monna Orsola ed altre donne di Pisa". En algunas ocasiones la beata tenía éxtasis en la calle. Sorprendida, una vez, por uno de tales éxtasis inesperados, fue coceada por una mula. Más tarde ingresó Catalina en el relajado convento dominicano de Santa Croce, con el objeto de restablecer en él la estricta observancia. Se cuenta que la beata consiguió reformarlo, pero que todavía aspiraba a una vida de mayor perfección. Así pues, junto con la Beata Clara Gambacorta, partió de Santa Croce a fundar otra comuni dad en un convento, construido con esa mira por el padre de Clara, el mismo Pedro Gambacorta, por quien Sor María había orado. Dios bendijo la nueva   fundación, que se convirtió en un modelo de vida religiosa, famoso en toda Italia. Ahí murió la Beata María Mancini, el 22 de diciembre de 1431. Su culto fue aprobado en 1855.
   Ver M. C. de Ganay, Les Bienheureuses Dominicaines (1913), pp. 237-250; y Procter, Dominican Saints, pp. 342-345.   

28/I/+2019 BEATO ANTONIO DE AMANDOLA, Monje

28 de enero
BEATO ANTONIO DE AMANDOLA, Monje
(1350)
   Parece que el Beato Antonio nació en las cercanías de Ascoli Piceno, hacia el año 1260. Entró en la Orden de San Agustín en 1306, el año de la muerte de San Nicolás de Tolentino, y esta lumbrera de la orden sirvió de ejemplo al beato Antonio durante toda su vida religiosa. El beato Antonio se distinguió por su paciencia y caridad hacia los pobres. A su intercesión se debieron numerosos milagros. Murió en 1350, a los noventa años de edad aproximadamente. Su cuerpo descansa en Amándola y su fiesta se celebra, no sólo entre los agus tinos, sino también en Ancona y los distritos circundantes.
   Ver J. E. Stadler, Heiligen-Lexikon (1861).  
  


*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

28/I/+2019 SAN AMADEO, Obispo de Lausana

28 de enero
SAN AMADEO, Obispo de Lausana
(1159)
   Amadeo era descendiente de la casa real de Franconia y había nacido en el castillo de Chatte del Delfinado en 1110. Cuando tenía ocho años, su padre, Amadeo de Oermont, señor de Hauterive, tomó el hábito religioso en la abadía cisterciense de Bonnevaux. El santo fue al mismo convento a proseguir su edu cación, pero al poco tiempo pasó, con su padre, a Ouny. Amadeo de Oermont volvió más tarde al austero convento cisterciense, en tanto que el joven sirvió durante algún tiempo en la corte del emperador Enrique V. Después tomó el há bito religioso en Claraval, donde vivió catorce años. En 1139, el abad de Haute combe de Saboya se retiró del cargo, y San Bernardo nombró a San Amadeo para sustituirle. El monasterio había adoptado la reforma apenas cuatro años antes y sus finanzas se hallaban en un estado lamentable. San Amadeo animó a la comunidad a soportar gozosamente esas dificultades adicionales, y con una administración cuidadosa, logró sacar al monasterio del mal paso. En 1144, se vio obligado a aceptar, por orden del Papa Lucio II, la sede de Lausana, donde se encontró pronto envuelto en luchas con los nobles y fracasó en su intento de
persuadir al emperador Conrado para que acudiese en ayuda del Papa contra Pierleone. Cuando Amadeo III, duque de Saboya, partió a la segunda Cruzada, San Amadeo fue nombrado corregente con Humberto, el hijo del duque. Cuatro años antes de su muerte, Federico Barbarroja le hizo canciller de Borgoña.
   Nicolás, el secretario de San Bernardo, habla en términos muy elogiosos de la virtud de este activo prelado. Su antiquísimo culto fue aprobado en 1910. Existen todavía muchos sermones del santo.
   No parece haber ninguna vida contemporánea de San Amadeo, pero el resumen de los principales documentos biográficos se halla en obras como Gallia Christiana, vol. XV, pp. 346-348, y Manrique, Annales Cistercienses, año 1158. Un relato más moderno es el de la Cistercienser-Chronik, vol. XI (1891), pp. 50 ss., y vol. XXIII (1911), pp. 297 ss. Ver A. Dimier, Amédé de Lausanne (1949) en la colección Figures monastiques.   



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa