EL SANTO DEL DÍA ES:

20 de Agosto

SAN BERNARDO, Abad y Doctor

Cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre,
que está en los cielos, ése es mi hermano
y mi hermana, y mi madre.
(Mateo, 12, 50).


   San Bernardo, nacido en 1090 de noble familia en Fontaines-les-Dijon, entró en la abadía de Císter, acompañado de sus hermanos, y otros veintiséis nobles. Más grande aun por sus virtudes que por su genio, rehusó los arzobispados de Reims, de Génova y de Milán, declarándose indigno de tal honor. Llegó a ser el árbitro de los obispos, de los reyes y de los papas. Predicó una cruzada con prodigioso éxito y fundó una multitud de monasterios. Al mismo tiempo fue un gran taumaturgo y el azote de las herejías. Escribió numerosas obras en las que brilla una doc trina totalmente celestial, que parece fruto de inspiración divina más que resultado del trabajo. Murió en 1153, y fue proclamado, por Pío VIII, Doctor de la Iglesia universal.

MEDITACIÓN: SOBRE SAN BERNARDO

I. San Bernardo puede ser llamado: hijo de María. Fue objeto de parte de esta bondadosa Madre de un afecto muy particular, y, en agradecimiento, trabajó todo lo que pudo para propagar su culto. No tenia dicha mayor que la de hablar de la Santísima Virgen. Tú también debes ser hijo de María como San Bernardo. ¡Oh Virgen Santísima, tienes para conmigo la ternura y solicitud de una madre, y en mí no encuentras sino un hijo desnaturalizado! ¿Dónde está el desasimiento, dónde la humildad, dónde las virtudes que deben hacerme semejante a Ti?

II. San Bernardo es también el hermano de Jesucristo; como Él, ha predicado el desprecio del mundo, y lo hizo con tanto vigor, que al oírlo, la juventud dejaba los placeres del siglo para retirarse a los monasterios. Tenia siempre presente la Pasión de Jesucristo, y para imitarlo entregábase a la más rigurosa penitencia. ¿Eres tú el hermano de Jesucristo? ¿Te pareces a Él? ¿Haces tú, como Él, la voluntad de Dios, tu Padre?

III. Medita estas cuatro palabras que San Bernardo tenia siempre en los labios: 1) ¡Es terrible ver anonadarse a un Dios, y a un gusano glorificarse! 2) Cuanto más busque el alma consuelo en las creaturas, tanto menos lo encuentra en Dios. 3) Bernardo, ¿para qué te hiciste religioso? ¿No es, acaso, para hacerte santo? 4) A cada instante debemos pensar en la muerte a la que cada instante nos acerca.

La devoción a la Santísima Virgen
Orad por las órdenes religiosas.

ORACIÓN

   Oh Dios, que habéis enseñado a vuestro pueblo los caminos de la salvación eterna por ministerio del bienaventurado Bernardo, dignaos hacer que, después de haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, lo tengamos como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.

HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

·EL SANTO DEL DÍA ES:

19 de Agosto

SAN JUAN EUDESConfesor
   En la noche de Navidad de 1625, en la capilla del Oratorio de París, capilla y altar dedicados a la Santísima Virgen, decía su primera misa un joven sacerdote normando. Aquel mismo día hizo el voto de perpetua servidumbre a Jesús y María.   No habían pasado aún dos años desde que, atraído por la doctrina espiritual y prendado por los planes apostólicos del célebre cardenal De Bérulle, había ingresado en el Oratorio. ¿Quién podía vislumbrar en aquellos momentos cuál iba a ser el futuro brillante, aunque doloroso, del novel sacerdote?
   Su vida sería larga: ochenta años. El voto de servidumbre que acababa de recitar la resumiría perfectamente. Juan Eudes no viviría para sí, sino para Jesús y María. Necesitaría todo su tesón normando para no cejar en aquélla batalla continua y dura, que cubriría toda su vida sacerdotal. Habría de luchar y sufrir por la salvación de sus hermanos y la gloria de Jesús y María. Era lo único que le interesaba.
   Quiso la Providencia que viviera en los días de mayor esplendor de la historia de Francia. No le faltaron contactos con los principales personajes y actores de él. Pero a Eudes nada le interesaban los triunfos temporales y descansaba en la abundante cosecha de sinsabores y amarguras que siempre le acompañó. Por doquiera le surgieron enemigos enconados. De entre los que debieran ser sus amigos, como servidores del mismo Dios, y de entre los separados por el hondo foso de las diferencias ideológicas. En su propia casa le acecharía la traición. En aquélla cruz constante, cruz dura y dolorosa, Eudes veía el sello del beneplácito divino que, contra el parecer de los hombres, refrendaba su apostolado y sus obras. Fiel a la voluntad del Señor, su siervo caminaría hasta el fin.
   Había venido al mundo en un pueblecito normando, de la diócesis de Séez: Ri. Era el 14 de noviembre de 1601. Pocos años antes la peste lo había asolado. De la familia Eudes sólo sobrevivió un varón: Isaac. Para que no pereciera la familia, Isaac, a punto de ordenarse de subdiácono, renuncia a la carrera eclesiástica, vuelve a la heredad paterna, la cultiva y con su esfuerzo logra crearse una posición desahogada. En las postrimerías del siglo XVI contrae matrimonio con Marta Corbin, mujer de ejemplares virtudes y de una probada y no común energía de carácter.
   De Isaac Eudes, que, casado y padre de siete hijos, rezaba diariamente el oficio divino, y de Marta Corbin nació Juan Eudes. Era el mayor de los hermanos.
   Próximo a cumplir sus catorce años, fue encomendada su educación a los padres jesuitas que, en Caen, regentaban el Real Colegio del Monte. Allí cursó los estudios de humanidades y filosofía. Muchos años después, en la conclusión de su libro El corazón admirable, Eudes recordará con agradecimiento a su antiguo colegio y a su congregación mariana. En septiembre de 1620 recibió la tonsura y las órdenes menores.
   Dos años después, cuando ya adelantaba en sus estudios de teología, se creó en Caen una casa del Oratorio, instituto recientemente fundado, en París, por el padre De Bertille. Conoció Eudes a los oratorianos e inmediatamente simpatizó con ellos.
   El cardenal De Bérulle fue una de las grandes glorias religiosas de la Francia del Siglo de Oro. Enamorado de su sacerdocio, añoraba los días antiguos en que el clero "no respiraba más que cosas santas, dejando las profanas a los profanos, y llevaba profundamente grabado en sí mismo la autoridad de Dios, la santidad de Dios y la luz de Dios". Pero, ¡qué distinto espectáculo presentaba el clero de sus días! Se ha podido escribir que "el nombre de sacerdote había llegado a ser sinónimo de ignorante y libertino". De Bérulle quiso rehabilitarlo. El Oratorio tendrá como misión santificar al clero secular.
   ¿No era la santidad lo que desde su niñez anhelaba Eudes? En su Memorial dejará anotado: "Fui recibido y entré en la congregación del Oratorio, en la casa de Saint-Honoré, de París, por su fundador el reverendo padre De Bérulle, en el año de 1623, el 25 de marzo". En 1625 fue ordenado de presbítero y en 1627 volvió a su tierra, cuando nuevamente se ensañaba en ella la peste. Adscrito a la casa de Caen, el padre Eudes atiende a los apestados, se dedica al estudio y a la oración e inicia la predicación de misiones populares, apostolado que constituirá una de las grandes tareas de su vida.
   Toda la vida del padre Eudes había de ser un martirio continuado, por lo que no podemos olvidar el voto que hiciera al Señor en 1637: "Me ofrezco y me entrego, me dedico y consagro a Vos, oh Jesús mi Señor, como hostia y víctima para sufrir en mi cuerpo y en mi alma, según vuestro agrado y mediante vuestra santa gracia, toda clase de penas y tormentos, incluso el derramamiento de mi sangre y sacrificio de mi vida con cualquier género de muerte. Y esto, sólo para vuestra gloria y por vuestro puro amor".
   En 1640 fue nombrado superior del Oratorio de Caen. Poco tiempo lo sería.
   El padre Eudes había comprobado el bien inmenso que las misiones realizaban en la población; mas una preocupación le inquietaba: ¿Era posible que el fruto perdurase sin un clero que acogiera y alimentara los buenos propósitos?
   El clero. Al padre Eudes le preocupaba el clero. "¿Qué se puede esperar de estos pobres hombres con disposiciones excelentes -decía refiriéndose a los seglares- si están bajo la dirección de tales pastores como por doquier vemos? ¿No es lógico que, olvidando pronto las grandes verdades que les impresionaron durante la misión, caigan en sus anteriores desórdenes?"
   Pensando en esto había dedicado en algunas misiones conferencias especiales a los eclesiásticos. No bastaba. Eudes comienza a pensar en una congregación que tuviera por primera finalidad el crear y regir seminarios para la formación y santificación del clero. Su pertenencia al Oratorio es un obstáculo para sus proyectos.
   En 1642 es llamado a París por el cardenal Richelieu y cambia impresiones con él sobre sus planes. El cardenal le comprende perfectamente; él también sueña con la creación de seminarios y le promete su apoyo. El cardenal muere a fines del mismo año, pero la autorización real para la fundación de la nueva congregación es firmada en el mes de diciembre.
   El padre Eudes está resuelto a abandonar el Oratorio. Ningún obstáculo canónico existe, pues en el Oratorio no hay votos religiosos que vinculen a sus miembros con el instituto. Entretanto, para evitar posibles complicaciones, las letras reales se expiden a nombre de monseñor D'Angennes, obispo de Bayeux, amigo y protector del Santo.
   A principios de 1643 el padre Eudes vuelve a Caen. Todo está decidido. Abandona el Oratorio y el 25 de marzo nace la Congregación de los Seminarios de Jesús y de María.  
   La congregación nació en la fiesta de la Anunciación, porque pretendía "continuar el trabajo y las funciones del Verbo Encarnado y debía estar consagrada por entero a Jesús y María". Sus finalidades, tal como se concretan en las letras de Luis XIII, son: "Trabajar con el ejemplo y la instrucción por establecer la piedad y santidad entre los sacerdotes y aquellos que aspiran al sacerdocio, enseñándoles a llevar una vida conforme a la dignidad y santidad de su condición, y desempeñar convenientemente todas las funciones sacerdotales, como también emplearse en la enseñanza de la doctrina cristiana por medio de misiones, predicaciones, exhortaciones, conferencias y otros ejercicios".
   Seminarios y misiones. Pero, en primer término, seminarios.
   Seis años hacía que el padre Eudes había firmado con su sangre el voto martirial; ahora, separándose del Oratorio, desencadenaba el inacabable séquito de dolores, persecuciones y calumnias que no le abandonaría jamás.
   En todas sus negociaciones, tanto ante las autoridades regionales como en París, tanto ante los obispos como en las Congregaciones romanas, el padre Eudes tropezará con una enemiga tenaz y poderosa, abierta unas veces, solapada otras, que no reparará en dificultades ni en la licitud de los medios y tratará de hacerle fracasar y con frecuencia lo conseguirá. Si en 1648 logró en Roma la aprobación del seminario de Caen, en noviembre de 1650 el obispo de la misma ciudad, monseñor Malé, sucesor de monseñor D'Arigennes, llegará a clausurarle la capilla.
   Eudes no desiste. En 1652 ultima las constituciones de su congregación. En 1653, muerto monseñor Malé, la autoridad diocesana permite la apertura de la capilla del seminario de Caen. Tendrá que luchar para aclarar malentendidos y refutar calumnias. El sigue adelante. Tras del seminario de Caen vendrán los de Coutances en 1650, Lisieux en 1653, Evreux en 1667 y Rennes en 1670.
   Su apostolado entre los sacerdotes se intensifica. A ellos dedica retiros especiales en sus misiones; para ellos escribe diversos libros que los ayuden en su vida espiritual o pastoral. Y su enamoramiento del sacerdocio halla expresión magnífica y bella en su oficio del sacerdocio de Cristo y de los santos sacerdotes, que le fue aprobado por la autoridad eclesiástica en 1652.
   La Congregación de Jesús y María había de dedicar una atención primordial a la fundación de seminarios y a la formación del clero. Por tal motivo, el padre Eudes había abandonado el Oratorio. Ella nació en el laborar misional del Santo, al contacto con las necesidades espirituales de los pueblos misionados. San Juan había nacido misionero y jamás dejaría de serlo; la congregación que él fundara sería también misionera. En el Oratorio comenzó el misionar del padre Eudes y continuó toda su vida, con gran éxito visible y espiritual. Cruzó en todas direcciones su provincia natal de Normandía. Las poblaciones de gran parte de Bretaña, Picardía, Ile-de-France, Perche, Brie y Borgoña se apiñaron cabe su púlpito. Ciudades populosas como Caen, Rouen, Autun, Beaune, Versalles y París escucharon su predicación.
   Recorriendo el Memorial en que el Santo recogió los principales recuerdos de su vida hallamos mencionadas unas ciento diez misiones predicadas desde 1632 hasta 1676, y no puede olvidarse que la duración mínima ordinaria de una misión era de seis semanas y algunas, como la de Rennes, en 1667, se prolongó durante cinco meses.
   Su predicación era ardorosa y vibrante. Dotado de un temperamento ardiente y apasionado, sus palabras brotaban directamente del corazón. Le llamaron "león en el púlpito y cordero en el confesonario". Tronaba sin compasión contra los vicios y con espíritu de caridad hacia los pobres pecadores, cuya suerte le acongojaba. Su palabra se alzaba enérgica y libre, con la santa libertad de los apóstoles. Buen ejemplo de ello dio en la misión de Saint-Germain-des-Prés (1660), en presencia de la reina de Francia y de la corte. Poco antes el fuego había destruido, en parte, el palacio del Louvre, y de ello tomó pie el Santo para recordar a sus oyentes que, si a los príncipes les está permitido edificar Louvres, Dios les manda aliviar a sus súbditos desgraciados; que no pueden pasar los días y los años en diversiones, pues no es ése el camino del cielo; que si el fuego temporal no había respetado la mansión real, tampoco el fuego eterno respetaría a los reyes y príncipes que no vivieran como cristianos; que causaba grande pena, finalmente, ver a los grandes de la tierra asediados por una multitud de aduladores sin que casi nunca se les diga la verdad y que él se consideraría por muy culpable si ocultara estas cosas a su majestad.
   De las misiones nació la Congregación de Jesús y de María; de ellas nacería también la de Nuestra Señora de la Caridad, dedicada a la rehabilitación de las desgraciadas víctimas del vicio. Nació esta obra del padre Eudes en los mismos días en que abandonaba el Oratorio y, como todas las suyas, nació y creció en medio de las mayores dificultades exteriores, a las que aquí se sumaron las más penosas interiores. En la consolidación de la nueva congregación tuvieron gran parte las religiosas de la Orden de la Visitación, que, a petición del fundador, se encargaron de la formación de las primeras postulantes. La primera toma de hábito fue la de la señorita Taillefer, en la Orden sor María de la Asunción, el 12 de febrero de 1645. Monseñor Malé, obispo de Bayeux y no afecto al Santo como vimos, aprobó la fundación de la casa de Caen, en 1651. El Papa Alejandro VII dio la bula de erección de la nueva Orden el 2 de enero de 1666.
   Aún nacientes sus dos congregaciones, el padre Eudes las consagró, en 1643, a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Esta devoción llena su vida y su apostolado. Ella aparece pujante en todas sus manifestaciones: misiones, cartas, libros... Desde 1643 o, a más tardar, 1644, la Congregación de Jesús y de María celebraba ya la fiesta del Sagrado Corazón de María. Entre 1668 y 1670 el padre: Eudes compuso su oficio del Sagrado Corazón de Jesús, que inmediatamente fue aprobado por varios obispos. Desde 1672 celebra su instituto la fiesta del Corazón de Jesús el día 20 de octubre, día en que aún la celebran por concesión de la Santa Sede, en atención a los méritos de su fundador, a quien San Pío X no dudó en calificar, en el decreto de beatificación, de padre, doctor y apóstol del culto litúrgico de los Sagrados Corazones. Al año siguiente de disponer el padre Eudes la celebración de la fiesta, se manifestó por primera vez el Sagrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque.
   El último decenio de la vida de nuestro Santo, como toda su vida, fue abundante en tribulaciones y persecuciones. Su Memorial repite año tras año: "En este año (1670) quiso el Señor favorecerme con diferentes cruces, por lo que sea eternamente bendecido... En este año (1671) me acompañaron las cruces por todas partes. Eternas gracias sean dadas al amabilísimo Crucificado... En el año de 1672 estuve rodeado de cruces casi sin, interrupción..." Y así continúa. Sus enemigos tradicionales, oratorianos y jansenistas, a los que ahora se sumarán los lazaristas, no cejaron en su empeño de sembrarle de dificultades todos los caminos. En Roma impidieron que llegara a buen término la aprobación canónica de la Congregación de Jesús y de María; en París le hicieron caer en desgracia de Luis XIV, que le desterró de la corte.
   Por su parte los jansenistas atacaban su ortodoxia. "Me cargan con trece herejías -escribía la víctima-. El motivo de toda su cólera está en que me opuse en todas partes a sus novedades, que sostengo en alto la fe en la Iglesia y la autoridad del Romano Pontífice y que he quemado un libro detestable compuesto contra la devoción a la Santísima Virgen." Llegaron a sobornar a su secretario para que le traicionase. En numerosas cartas expresa el padre Eudes la compasión que siente hacia sus calumniadores y el perdón que rebosa de su corazón. Pero no podía menos de defenderse. El rey encargó del asunto a la asamblea episcopal de la región, reunida en Meulan a fines de 1674; ella le declaró inocente de cuantas acusaciones se acumulaban contra su persona y su doctrina. A mediados de 1679 Luis XIV volvió a acoger en su gracia al Santo, le recibió en audiencia, alabó sus afanes apostólicos y le prometió su apoyo.
   Ya la vida del infatigable misionero tocaba a su fin. Consciente él más que nadie de la precariedad de su salud, convocó en junio de 1680 la primera asamblea de su instituto y en ella presentó la dimisión de su cargo de superior general. No habían transcurrido dos meses, cuando la enfermedad le rindió en el lecho. A sus hijos, que ansiosos le rodeaban, les habló de las alegrías del paraíso y de la eternidad, y de su gran indignidad. Les exhortó a la paz, les consoló de su muerte, les recomendó a Dios y les puso en manos de la Santísima Virgen.
   El 19 de agosto entregó su alma a Dios. Eran las tres de la tarde. Se consumaba el sacrificio de un hombre cuya vida entera fue un ascender a la cumbre del Calvario.
 
ANDRÉS ELISEO DE MAÑARICÚA

MEDITACIÓN: SOBRE LA MODESTIA


I. La modestia es una virtud que regula el exterior del hombre; debes practicarla, porque no conviene a un cristiano, que debe ser la imagen y copia de Jesucristo, ser descompuesto en sus palabras o en sus actos. Dios está en todas partes; tu buen Ángel te ve; los hombres son testigos de tus inmodestias y se escandalizan de ellas. Todos estos motivos deberían persuadirte a amar esta hermosa virtud, que tanta gloria procura a Dios y tanto bien hace al prójimo. ¡Qué hermoso es dar buenos ejemplos! (San Ambrosio).

II. Para practicar la modestia, es necesario que consideres tu edad, tu condición, tu género de vida, el tiempo, el lugar y las ocasiones en que te encontrares. Tus miradas deben ser modestas, tanto como tus palabras, tus acciones y todo tu exterior; en una palabra, debes comportarte de tal modo que se pueda decir de ti: “Así es como andaba Jesucristo, así es como obraba y conversaba con los hombres”. Quien profesa creer en Jesucristo, debe regular su conducta según la de su Maestro (San Jerónimo).

III. La modestia exterior depende de la interior; el rostro no es sino el reflejo de los sentimientos del alma. Si tus pasiones están bien mortificadas, si tu corazón está continuamente ocupado con el pensamiento de Dios, no tendrás mucho trabajo en ser modesto. Tu alma, encontrando su contento en el interior de sí misma, no lo buscará en el exterior. Los sentimientos se manifiestan en nuestro continente, y el rostro es el espejo del alma y la expresión de las costumbres (San Isidoro).


La modestia.
Orad por la pureza en la juventud.


ORACIÓN
Haced, oh Dios omnipotente, que esta venerable solemnidad del bienaventurado Luis, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S.




Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo III; Patron Saints Index.



*Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

·EL SANTO DEL DÍA ES:

18 de Agosto

SAN AGAPITOMártir

Dios no nos ha dado un espíritu de temor,
sino de fortaleza y amor y sobriedad.

(2 Timoteo, 1,7)

   San Agapito, mártir en Prenesta, en la Campaña romana, fue encarcelado a la edad de quince años, azotado con nervios de buey y arrojado después en una espantosa mazmorra, donde quedó abandonado cuatro días sin alimento. Sacándolo de allí, le pusieron brasas encendidas sobre la cabeza, y como no cesaba de dar gracias a Dios, lo suspendieron de los pies encima de un brasero; en seguida arrojaron agua hirviendo y le quebraron las mandíbulas. Por fin, fue arrojado a los leones, y como éstos lo respetasen, se dio término a sus tormentos decapitándolo, hacia el año 274.
  
MEDITACIÓN: SOBRE TRES CUALIDADES QUE DEBEN POSEER LOS CRISTIANOS

I. Todos los cristianos, pero especialmente los que están constituidos en dignidad, deben poseer tres cualidades. La primera, es el coraje, a fin de sostener los intereses de Jesucristo, y oponerse a la violencia de los que quieren oprimir a los inocentes. Es menester que se expongan a la muerte, si es necesario, por la gloria de Dios y el bien del prójimo. Mucho valor tienes tú cuando se trata de defender tu honra: ¿por qué será que tengas tan poco cuando se trata de la honra de Dios?

II. El espíritu del cristianismo es un espíritu de caridad. Dios no quiere que lo sirvamos con temor servil, sino con amor filial. Es nuestro Rey, sí, pero, también, nuestro Padre; tiene para con nosotros entrañas de misericordia, quiere también que recurramos a Él con entera confianza. ¿Qué hacemos para probarle a Dios que lo amamos? ¿Acaso pensamos solamente en Dios? ¿Acaso hablamos sólo de Él o por Él? ¿Acaso trabajamos sólo para su gloria? Amemos a Dios y nada temamos; pero todo temamos si no le amamos. ¡Que el alma que ama viva sin temor; pero que ella tiemble, si vive sin amor! (San Agustín).
   
III. La prudencia debe regular todas nuestras acciones; debe hacernos adoptar los medios que pueden conducirnos a la perfección, alejarnos de los extremos perniciosos y hacemos encontrar aquel justo medio en el que se halla la virtud. ¡Plegue a Dios que tengas esta sabiduría del Cielo! ¡Ojalá puedas gustar las cosas de Dios, comprender la vanidad del mundo y prever los suplicios del infierno! (San Bernardo). 


El amor a la sabiduría
Orad por los sacerdotes.

ORACIÓN
   Que vuestra Iglesia, oh Dios mío, se regocije con el apoyo que encuentra en los sufragios del bienaventurado Agapito, vuestro mártir, y que, sostenida por su gloriosa intercesión, persevere en la piedad y se afiance en la paz. Por J. C. N. S. Amén.

HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

·17/VIII SAN MAMMÉS, Mártir

17 de Agosto

SAN MAMMÉS, Mártir

Toda carne es heno; y toda su gloria como la flor
del heno: secóse el heno y se cayó su flor:
pero la palabra del Señor dura eternamente.
(1 Pedro, 1, 24-25)

San Mammes, hijo de un pastor de Cesarea en Capadocia, unió la piedad a la pobreza, y coronó con el martirio una vida llena de sufrimientos y privaciones. Sus virtudes fueron celebradas por dos grandes doctores de la Iglesia: San Basilio y San Gregorio Nacianceno. Cuenta este último, como oído de un testigo ocular, que, en su juventud, Juliano el Apóstata y su hermano Galo intentaron edificar, cada uno una mitad, una iglesia sobre la tumba del santo; pero después de inútiles esfuerzos para asentar los cimientos de la parte que tocara a Juliano, fue menester renunciar a la empresa.
  
MEDITACIÓN: SOBRE LA VANIDAD DE LOS HONORES

I. La gloria que el mundo promete no merece la pena que trabajemos por adquirirla, pues no puede llenar nuestra alma. Cuanta más tenemos, más sedientos de ella nos encontramos. El ambicioso jamás dice: basta. Sus deseos le causan más penas que placer le producen sus honores. ¿Qué gloria esperamos nosotros de este mundo pérfido? Promete los honores de la tierra para arrebatar los del cielo, muestra falsos bienes para apoderarse de los verdaderos. (San Cipriano).

II. Esta reputación que tanto estimas, no de pende de ti: es un efecto del capricho de los hombres, que, a menudo, estiman lo que debieran vituperar, y vituperan lo que habría que estimar. Además, basta un vuelco de fortuna, un momento de desgracia, para empañar el brillo de la reputación más alta. Despre ciemos, pues, la opinión de los hombres, tan injusta a veces, y siempre tan inconstante. Si amamos la gloria, que sea allí donde nunca es recompensa del vicio. (San Pedro Crisólogo).
   
III. Toda gloria humana fenece con la vida. Preciso será dejar en la puerta de la tumba tiaras, coronas y púrpura. Tal vez se te alabe en este mundo en el que ya no estarás, pero ¿para qué te servirán esas alabanzas, si eres despreciado y atormentado allí donde estés? Cuando sufres alguna cruel enfermedad, ¿acaso las alabanzas que se te tributan allí donde no estás, alivian tus dolores? En adelante, toda mi gloria será humillarme con Jesucristo, como Jesucristo y para Jesucristo.


Desprecio de los honores
Orad por los pobres vergonzantes.

ORACIÓN
   Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado mártir Mammes, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre.  Por J. C. N. S. Amén.

·EL SANTO DEL DÍA ES:

17 de Agosto
SAN JACINTO DE CRACOVIA, Confesor

Dios no nos ha dado un espíritu de temor,
sino de fortaleza y amor y sobriedad.

(2 Timoteo, 1,7)

  San Jacinto renunció a todas las ventajas que procura un noble nacimiento, la fortuna y el talento, para entrar en la orden que Santo Domingo acababa de fundar. Sus predicaciones, acreditadas por el don de milagros, produjeron en Polonia efectos maravillosos: hubiérase creído estar en los hermosos días del cristianismo naciente. Después de haber fundado varios monasterios en ese reino, recorrió Prusia, Dinamarca, Suecia y Noruega, que todavía en parte eran paganas: de allí pasó a Ucrania y a Rutenia y penetró hasta el Mar Negro, obrando a su paso numerosas conversiones y fundando monasterios para perpetuar su obra. De vuelta a Cracovia, cayó enfermo, y expiró el día de la Asunción en 1257.


MEDITACIÓN: SOBRE EL BUEN EMPLEO DEL TIEMPO

I. El tiempo pasado no existe ya sino en tu recuerdo. ¿Dónde están los dorados años de tu juventud? ¿Qué te queda de ellos, sino el triste recuerdo de los placeres criminales que gustaste, o bien el gozo de las acciones virtuosas que practicaste? ¡Ah! mi vida ha corrido como un torrente, ha pasado como un sueño; de mí dependió acumular tesoros para el cielo, ¡Y no lo hice! ¿Dónde están ahora esos seguidores del mundo a quienes vi en las riquezas y en los placeres? Pasaron ya, y ahora, acaso, estén en el infierno.

II. El tiempo presente está en nuestras manos; utilicémoslo más santamente que en el pasado. Este tiempo es solamente un momento, y en este momento debemos merecer una eternidad de dicha o de desgracia. Dios no me pide más que este momento: ¿se lo negaré? Aun cuando fuese necesario sufrir una eternidad para gozar de Dios, ¿qué motivo tendríamos para quejarnos?

III. El tiempo por venir es incierto; ignoras cuánto te queda en el reloj que debe medir tu vida. No puedes asegurarte ni un solo momento más de vida. ¡Desventurado! No te queda sino una resolución para adoptar: emplear bien el tiempo que tienes; pasa esta hora como si hubiese de ser la última de tu vida; penétrate de este pensamiento todas las mañanas, y no te costará concebir un gran dolor por tus pecados y emplear bien tu tiempo.
 

El buen empleo del tiempo
Orad por por los misioneros.

 ORACIÓN

   Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad del bienaventurado Jacinto, vuestro confesor, concedednos, por vuestra bondad, imitar los ejemplos de aquél cuyo nacimiento al cielo celebramos. Por J. CN. S. Amén.


HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

·TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS:

DÉCIMO SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

( Doble - Ornamentos verdes )

   
    Salomón es viva figura de Jesucristo, Rey de la paz y de la celestial Jerusalén, Rey sabio que dijo un día a los incrédulos Judíos: "He aquí uno mayor que Salomón". En todos estos domingos quiere la Iglesia que leamos los escritos que el Espíritu Santo inspiró a aquel gran monarca para aprovechamiento de todos los venideros. Leamos esos libros saturados de celestial sabiduría, y escuchemos sobre todo la voz de Jesús que será siempre nuestro maestro por excelencia.
   Este Domingo insiste en la caridad. Cumpliéndola debidamente, hemos cumplido toda la Ley y no correremos peligro de desmandarnos, porque esa virtud nos atará a la divina voluntad con atadura y vínculo perfecto, de manera que se podrá decir con todas veras: "Ama, et fac quod vis". 
   Cumplir la ley cristiana como Dios manda y no quedarse en su corteza es hacer lo que hizo el buen Samaritano con el pobrecito que los ladrones dejaron maltrecho a la vera del camino. Este buen Samaritano es Jesús, Jesús nuestro médico sapientísimo, cariñoso y desinteresado el cual se vistió traje de pecador, y anduvo, como nosotros, por el camino de una vida mortal buscando precisamente a los pecadores heridos por los dardos del demonio, derramando sobre nuestras llagas gangrenadas el bálsamo del consuelo y el óleo y vino de sus Sacramentos, ese óleo y ese vino de que hablan el Evangelio y la Comunión. Bendigamos, pues, al Señor en todo tiempo (Gr.), por haber extremado así sus bondades con nosotros.
Pero quiere Cristo que lo que Él hizo con todos, como buen Samaritano, lo hagamos también nosotros con nuestros semejantes, sobre todo con los miembros doloridos de Cristo que son los cristianos, máxime cuando son pobres, atribulados o pecadores. Recordemos también que el amor al prójimo ha de ser sobrenatural y así, le hemos de amar en Dios y por Díos, y la limosna que le demos, debemos dársela por Dios, como él la pide por Dios. En el cristiano, siquiera sea pobre y de exterior repugnante no debemos mirar sus harapos y la envoltura de carne magullada que aprisiona su alma preciosa, sino a un ser divinizado, como nosotros, por la gracia de Cristo.
   Hagamos también lo que hizo Moisés, figura de Jesucristo que devolvió bien por males, orando por su pueblo que tan desagradecido se había mostrado (Ofert.). Así es como podremos servir a Dios de un modo digno y merecedor de encomio, y correr por el sendero del cielo, que el Señor nos tiene prometido sin peligro de lamentables caídas (Or.).
   No miremos, pues, con indiferencia, ni menos con asco la miserias físicas y morales de nuestros hermanos, porque por tal camino tampoco nos haríamos acreedores a la compasión que de Dios necesitamos para conseguir las promesas de vida eterna hechas a los misericordiosos.
   El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.

Introito. Ps 69

    INTROITUS - Deus, in adjutórium meum inténde: Dómine, ad adjuvándum me festina: confundántur, et revereántur inimici mei, qui quaerunt ánimam meam. - Ps. Avertántur retrórsum, et erubéscant, qui cógitant mihi mala. V. Gloria Patri.   Introito - ¡Oh Dios! ven en mi socorro; Señor, corre a ayudarme; confusos y avergonzados queden mis enemigos, que me persiguen a muerte. - Ps. Arrédrense y sean confundidos los que medican males contra mí. V. Gloria al Padre.

Oración-Colecta

   ORATIO - Omnípotens et miséricors Deus, de cujus múnere venit, ut tibi, a fidélibus tuis digne et laudabíliter serviátur tríbue, quaesumus, nobis; ut ad promissiónes tuas sine ofensióne corrámus. Per Dóminum. 

   R. Amen   

    Omnipotente y misericordioso Dios, de cuyo don proviene el que los fieles podamos servirte de un modo digno y laudable: Haz, te suplicamos, que corramos sin tropiezo a la consecución de tus promesas. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

   R. Amen.

Epístola

   San Pablo hace resaltar aquí la superioridad de los ministros y predicadores del Nuevo Testamento sobre los del Antiguo, superioridad que estriba en que la letra de aquel estaba destinada a morir, mientras que la de éste sobrevivirá siempre como vivificada que ha sido por el Espíritu Santo.

EPISTOLA

Lectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Corinthios II (3, 4-9)  - Fratres: fiduciam autem talem habemus per Christum ad Deum. Non quod sufficientes simus cogitare aliquid a nobis quasi ex nobis sed sufficientia nostra ex Deo est. Qui et idoneos nos fecit ministros novi testamenti non litterae sed Spiritus littera enim occidit Spiritus autem vivificat. Quod si ministratio mortis litteris deformata in lapidibus fuit in gloria ita ut non possent intendere filii Israhel in faciem Mosi propter gloriam vultus eius quae evacuatur. Quomodo non magis ministratio Spiritus erit in gloria. Nam si ministratio damnationis gloria est multo magis abundat ministerium iustitiae in gloria. 

 

 

 

   Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Corintios:  - Hermanos: Tal confianza tenemos en Dios por Cristo, no porque podamos  pensar algo bueno como propio nuestro, sino que nuestra suficiencia nos viene de Dios(1); el cual nos ha hecho idóneos ministros del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas, el espíritu vivifica(2). Pues, si el ministerio de muerte grabado con letras sobre piedras fue tan glorioso, que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el rostro de Moisés por el resplandor de su cara que no era duradero, ¿cómo no ha de ser sin comparación más glorioso el ministerio del Espíritu? Porque si el ministerio de la ley de condenación fue acompañado de tanta gloria, mucho más glorioso es el ministerio de justicia(3).
    GRADUALE (Ps. 33 ) - Benedícam Dóminum in omni témpore: semper laus ejus in ore meo. V. In Domino laudábitur ánima mea: áudiant mansuéti et laetéwntur. 

Alleluia, alleluia. V.(Ps. 87) - Dómine Deus salútis meae, in die clamávi, et nocte coram te,  Alleluia.

   Gradual - Alabaré al Señor en todo tiempo; no cesarán mis labios de alabarle. En el Señor se gloriará mi alma; óiganlo los mansos de corazón y regocíjense. 
Aleluya, aleluya - V. Oh Señor Dios de mi salvación, de día y de noche estoy clamando en tu presencia, Aleluya. 

Evangelio

      Con el ejemplo de caridad del buen Samaritano, Jesús condena el egoísmo sin entrañas de los sacerdotes y rabinos judíos, y proclama el reinado de la caridad fraterna, entre los cristianos.

USequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam ( 10, 23-37)

   In illo témpore: Dixit Jesus discípulis:  Beati oculi qui vident quae videtis. Dico enim vobis quod multi prophetae et reges voluerunt videre quae vos videtis et non viderunt et audire quae auditis et non audierunt. Et ecce quidam legis peritus surrexit temptans illum et dicens magister quid faciendo vitam aeternam possidebo. At ille dixit ad eum in lege quid scriptum est quomodo legis. Ille respondens dixit diliges Dominum Deum tuum ex toto corde tuo et ex tota anima tua et ex omnibus viribus tuis et ex omni mente tua et proximum tuum sicut te ipsum. Dixitque illi recte respondisti hoc fac et vives. Ille autem volens iustificare se ipsum dixit ad Iesum et quis est meus proximus. Suscipiens autem Iesus dixit homo quidam descendebat ab Hierusalem in Hiericho et incidit in latrones qui etiam despoliaverunt eum et plagis inpositis abierunt semivivo relicto. ccidit autem ut sacerdos quidam descenderet eadem via et viso illo praeterivit. Similiter et Levita cum esset secus locum et videret eum pertransiit. Samaritanus autem quidam iter faciens venit secus eum et videns eum misericordia motus est. Et adpropians alligavit vulnera eius infundens oleum et vinum et inponens illum in iumentum suum duxit in stabulum et curam eius egit. Et altera die protulit duos denarios et dedit stabulario et ait curam illius habe et quodcumque supererogaveris ego cum rediero reddam tibi. Quis horum trium videtur tibi proximus fuisse illi qui incidit in latrones. At ille dixit qui fecit misericordiam in illum et ait illi Iesus vade et tu fac similiter.





Credo.

  U Continuación del Santo Evangelio según San Lucas - En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis, Porque os digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Levantóse en esto un doctor de la ley, y le dijo para tentarle: "¿Maestro, que haré para poseer la la vida eterna?" Y Él le dijo: "¿qué es lo que se halla escrito en la ley? ¿Qué es lo que en ella lees?" Respondió él: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y todas tus fuerzas, y todo tu entendimiento: y a tu prójimo como a ti mismo". "Bien has respondido", díjole Jesús: "haz eso, y vivirás". Mas él, queriendo pasar por justo(4), dijo a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo: "Un hombre bajaba de de Jerusalén a Jericó(5), y cayó en manos de unos ladrones, los cuales despojáronle, y después de haberlo herido, lo dejaron medio muerto, y se fueron. Llegó a pasar por el mismo camino un sacerdote, y aunque lo vio, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó también de largo. Mas, un viajero samaritano se llegó cerca de él; y cuando lo vio, movióse a compasión, y acercándose, le vendó las heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y lo cuidó. Y al día siguiente sacó dos denarios , y dióselos al posadero, diciéndole: "Cuídamelo, y cuanto gastares de más, yo te lo abonaré cuando vuelva". "¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo de aquél, que cayó en manos de los ladrones?" Respondió el doctor: "El que usó con él de misericordia". Díjole Jesús: "Pues vete, y haz tu otro tanto"(6). Credo.
    OFFERTORIUM  Precátur est Móyses in conspéctu Dómini: Dei sui, et dixit: Quare, Dómine, irásceris in pópulo tuo? Parce irae ánimae tuae: meménto Abraham, Isaac, et Jacob, quibus jurásti dare terram fluéntem lac et mel. Et placátus factus est Dóminus de malignitáte, quam dixit fácere pópulo suo. Per Dominum.   Ofertorio -  Oró Moisés en presencia del Señor, su Dios, y dijo: ¿Por qué, Señor, te enojas contra tu pueblo? Apláquese tu ira: acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Jacob, a los cuales juraste dar la tierra que fluye leche y miel. Y se aplacó el Señor, y dejó de ejecutar contra su pueblo el castigo con que le había amenazado. 

Oración-Secreta

   Hóstias, quaesumus, Dómine, propítius inténde, quas sacris altáribus exhibémus: ut nobis indulgéntiam largiéndo, tuo nómini dent honórem. Per Dominum nostrum.       Rogámoste, Señor, que mires propicio las hostias que ofrecemos en los sagrados altares, para que, consiguiéndonos el perdón, den a tu nombre el honor debido. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.  

Prefacio de la Santísima Trinidad

    Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes:

   Sanctus, Sanctus, Sanctus...

 

 

   Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:: Santo, Santo, Santo, etc.
   COMMUNIO  De fructu óperum tuórum, Dómine, satiábitur terra: ut edúcas panem de terra, et vinum laetíficet cor hóminis: ut exhílaret fáciem in óleo, et panis cor hóminis confirmet.
   Comunión. - Del fruto de tus obras, Señor, se saciará la tierra y el vino que alegra el corazón del hombre; el óleo que pone lustrosa la cara, y el pan que fortalece el corazón del hombre. 

Oración-Postcomunión

     Vvíficet nos, quaesumus, Dómine, hujus participátio sancta mystérii: et páriter nobis, expiatiónem tribuat et munímen.   Haz, oh Señor, que la participación de este santo misterio, nos vivifique, y que juntamente nos sirva de expiación y de fortaleza. Por Nuestro Señor Jesucristo.

  • (1)   La gracia de Dios, que Jesucristo nos ha merecido nos es tan necesaria en orden a la salvación, que sin ella no somos capaces de tener ni un buen pensamiento, ni un buen deseo digno de la vida eterna. 

  • (2) Estas frases, al parecer enigmáticas, quieren decir la Ley mosica del Antiguo Testamento, que sólo contiene mandamientos y amenazas de castigo para los inobservantes, era ocasión para muchos de condenación, precisamente, por no fijarse más que en la letra, que les era ocasión de desobediencia, en tanto que la Ley evangélica, vivificada por el Espíritu Santo, es instrumento de salvación para los que la practican impulsados por su amor.

  • (3) O sea: Si Dios rodeó de tanta solemnidad la promulgación de la Ley vieja, ¿con cuál no rodeará la de la nueva Ley de amor?

  • (4) Es decir, queriendo disculparse de no observar esos preceptos tan sublimes de la Ley que Cristo le acababa de resumir, porque no encontraba él, soberbio fariseo, quien fuera digno de ser su prójimo.

  • (5) De Jerusalén a Jericó hay un desnivel de 1000 metros en el camino y su travesía era en tiempo de Jesús, aun lo es hoy, sumamente peligrosa.

  • (6) Aquí Jesús nos recomienda a todos la caridad integral y pura.

 1

·EL SANTO DEL DÍA ES:

16 de Agosto

SAN JOAQUÍN, Padre de la Santísima Virgen María

   Es inútil buscar en la Sagrada Escritura una huella, siquiera fugaz, del abuelo materno de Jesús. Las genealogías que San Mateo (1, 1) y San Lucas (3, 23) incluyen en sus Evangelios dibujan a grandes rasgos el árbol genealógico de Jesús, tomando por puntos de referencia los cabezas de familia, desde San José, su padre legal, hasta Adán, pasando por David y Judá. La línea materna, en cambio, queda silenciada. Ante este problema, y en la necesidad de dilucidar la cuestión de la ascendencia de María, Padres de la Iglesia oriental tan venerables como San Epifanio y San Juan Damasceno no tuvieron reparo en echar mano de una añeja tradición en la que se contienen diversas noticias acerca de los abuelos maternos de Jesús. Por otra parte, el hecho de que tantas veces encontremos representaciones pictóricas y escultóricas alusivas a los primeros años de María, quien aparece reclinada en los brazos de su madre, Santa Ana, y a escenas de la vida pastoril de San Joaquín, a quien se presenta como padre de María, lo mismo en mosaicos bizantinos del Monte Athos que en tablas de la escuela valenciana o castellana, atestigua la raigambre y el favor de que ha gozado en la cristiandad la piadosa tradición que hace a San Joaquín y Santa Ana padres de María y abuelos de Jesús.   Dicha tradición fue recopilada en la Edad Media por Jacobo de Vorágine y Vicente de Beauvais, quienes se encargaron de difundirla por el Occidente, pero ya en el siglo VI había sido aceptada oficialmente por la Iglesia oriental, refrendada como estaba por escritos venerables, cuya antigüedad llega a remontar el siglo II. En todos los datos que dicha tradición recoge acerca de la vida de San Joaquín descansa un fondo de verosimilitud que no puede ser turbado por el carácter apócrifo de los documentos escritos en que están contenidos. Pero ellos no constituyen, naturalmente, un cimiento inconmovible, sobre el que se pueda edificar históricamente la vida del augusto abuelo de Jesús, junto al nombre comúnmente aceptado de Joaquín (que significa el hombre a quien Yahvé levanta), se encuentran otros más raros como Cleofás, Jonachir y Sadoch, que no son sino variantes sin importancia de los documentos escritos. Una curiosa tradición retransmitida por los cruzados hace nacer a San Joaquín en Séforis, pequeña ciudad de Galilea. Otros dicen que fue Nazaret su ciudad natal. San Juan Damasceno dice que su padre se llamaba Barpanther. Según el Protoevangelio de Santiago, apócrifo, que se remonta a las últimas décadas del siglo II en su núcleo primitivo, contrajo matrimonio con Santa Ana a la edad de veinte años. Pronto se trasladaron a Jerusalén, viviendo, al parecer, en una casa situada cerca de la famosa piscina Probática. Gozaban ambos esposos de una vida conyugal dichosa y de un desahogo económico que les permitía dar rienda suelta a su generosidad para con Dios y a su liberalidad para con los prójimos. Algunos documentos llegan incluso a decir que eran los más ricos del pueblo y dan incluso una minuciosa relación de la distribución que hacía San Joaquín de sus ganancias.
   Sólo una sombra eclipsaba su felicidad, y ésta era la falta de descendencia después de largos años de matrimonio. Esta pena subió de punto al verse Joaquín vejado públicamente una vez por un judío llamado Rubén al ir a ofrecer sus dones al Templo. El motivo de tal vejación fue la nota de esterilidad, que todos por entonces consideraban como señal de un castigo de Dios. Tal impacto causó este incidente en el alma de San Joaquín, que inmediatamente se retiró de su casa y se fue al desierto, en compañía de sus pastores y rebaños, para ayunar y rogar a Dios que le concediera un vástago en su familia. Mientras tanto Ana, su mujer, había quedado en casa, toda desconsolada y llorosa porque a su condición de estéril se había añadido la desgracia de quedar viuda por la súbita desaparición de su marido. Después de cuarenta días de ayuno Joaquín recibió una visita de un ángel del Señor, trayéndole la buena nueva de que su oración había sido oída y de que su mujer había concebido ya una niña, cuya dignidad con el tiempo sobrepujaría a la de todas las mujeres y quien ya desde pequeñita habría de vivir en el templo del Señor. Poco antes le había sido notificado a Ana este mismo mensaje, diciéndosele, además, que su marido Joaquín estaba ya de vuelta. Efectivamente, Joaquín, no bien repuesto de la emoción, corrió presurosamente a su casa y vino a encontrar a su mujer junto a la puerta Dorada de la ciudad, donde ésta había salido a esperarle.
   Llegó el fausto acontecimiento de la natividad de María, y Joaquín, para festejarlo, dio un banquete a todos los principales de la ciudad. Durante él presentó su hija a los sacerdotes, quienes la colmaron de bendiciones y de felices augurios. Joaquín no echó en olvido las palabras del ángel relativas a la permanencia de María en el Templo desde su más tierna edad, e hizo que, al llegar ésta a los tres años, fuera presentada solemnemente en la casa de Dios. Y para que la niña no sintiera tanto la separación de sus padres procuró Joaquín que fuera acompañada por algunas doncellas, quienes la seguían con candelas encendidas.
   Estos son los detalles que la tradición cristiana nos ha transmitido acerca de la vida de San Joaquín. Todos ligados, naturalmente, al nacimiento y primeros pasos de María sobre la tierra. Si es verdad que buena parte de los referidos episodios deben su inspiración a analogías con figuras del Antiguo Testamento y al deseo de satisfacer nuestra curiosidad sobre la ascendencia humana de Jesús, no lo es menos que todos, en conjunto, ofrecen una estampa amable y altamente ejemplar del padre de la Virgen, que ha sido forjada por muchos años de tradición y que goza del refrendo autorizado de la Iglesia.

AURELIO DE SANTOS OTERO


*Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

·16/VIII SAN ROQUE, Confesor

16 de Agosto

SAN ROQUEConfesor

Se armará nación contra nación, y un reino
contra otro reino; y habrá pestes, y hambres,
y terremotos en varios lugares.

(Mateo, 24, 7)
   
   San Roque, después de la muerte de sus padres, que eran los señores de Montpellier, vendió sus bienes y distribuyó su precio entre los pobres. Habiéndose declarado una peste en Italia, fue a este país para consagrarse a las víctimas del terrible flagelo. A un gran número curó con la señal de la cruz. Dios recompensó su abnegación curándolo a él mismo, por intermedio de un ángel, de una herida que había recibido. Cuando cayó enfermo en un bosque, todos los días recibió un pan que le traía un perro de un gentilhombre. De vuelta a Montpellier, fue tomado por espía y encarcelado. Permaneció así cinco años y murió en la cárcel a mediados del siglo XIV.
  
MEDITACIÓN: SOBRE TRES AZOTES DE DIOS

I. La peste, la guerra y el hambre son los tres: flagelos de que Dios acostumbra servirse para castigar a los hombres y recordarles sus deberes. Si Dios te envía estos azotes o alguna otra aflicción, di lo que decía San Lupa al rey Atila, azote de Dios: "Sed bienvenido, os deseábamos". Nos dejamos corromper por la prosperidad, y Dios, para corregirnos, nos en vía adversidades.
   
II. Dios golpea al que ama: a menudo lo visita mediante las enfermedades, las humillaciones y los reveses de fortuna, a fin de desasirlo de las creaturas. Lo prueba con el fuego de la tribulación, como al oro en el crisol. Él conmuta los rigurosos suplicios del purgatorio con aflicciones. Después de esto, oh Dios mío, ¿me quejaré yo de los sufrimientos que Vos me enviáis?
   
III. Los malvados, por el contrario, gozan de toda clase de prosperidades. Las riquezas, los place res y los honores por todas partes los rodean. No os asombréis de esto, tienen su paraíso en este mundo. Dios, que es justo y que nada deja sin recompensa, les da bienes en esta vida para recompensarlos por algunas buenas acciones que han realizado. ¡Pobres desgraciados! ¡os alegráis de vuestra prosperidad, y no veis que ella es para vosotros señal de reprobación! Es una señal de la cólera de Dios, que el pecador no sea castigado aquí abajo, si no lo hace en este mundo, es para castigarlo en el otro. (San Bernardo).


La paciencia
Orad por los enfermos.

ORACIÓN
   Señor, os lo suplicamos, rodead sin cesar a vuestro pueblo con vuestra misericordiosa protección, y, en vista de los méritos del bienaventurado Roque, preservadlo de todo contagio, tanto de cuerpo como de alma. Por J. C. N. S. Amén.

HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

HOY FESTEJAMOS:

15 de Agosto

LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


María ha elegido la mejor parte,

de la que jamás será privada.
(Lucas, 10, 42)
  
 La vida de la Santísima Virgen, después de la Ascensión de Jesucristo, no estuvo exenta de sufrimiento. Sufrió al verse separada de su Hijo muy amado, y sin cesar suspiraba por el día en que podría reunirse con El. Aumentaba su mérito al infinito mediante la práctica constante de las más heroicas virtudes. Llegó, por fin, el dichoso día de su muerte y su alma se separó de su castísimo cuerpo, sin dolor ni violencia. Mas, la noche siguiente al día en que se depositó ese cuerpo en el sepulcro, su alma descendió del cielo, reunióse con él, y fue a colocarse en el cielo a la derecha de Jesucristo, en el trono que le había sido preparado.

MEDITACIÓN: SOBRE EL TRIUNFO DE MARÍA

I. La Santísima Virgen muere sin dolor y sin temor, con inefable deseo de ir a juntarse con su adorable Hijo. El amor divino es quien desprende su hermosa alma de su envoltura mortal. Tú también morirás; pero, ¿cómo morirás? ¿En el dolor y en el temor? Aprende de María a vivir bien para morir bien. Pídele la gracia de morir santamente. Ella la concede a sus servidores; y cuando te halles en ese terrible momento, dile con Justo Lipsio: Santa María, socorre a mi alma en lucha con la eternidad.
   
II. La Santísima Virgen, resucita algún tiempo después de su muerte; ese cuerpo castísimo que había llevado a Jesucristo no debía sufrir la corrupción del sepulcro. ¡Oh, Virgen Santísima, qué alegría me causa el favor que se os ha acordado! Cuerpo mío, tú también resucitarás un día; pero, ¿será para la gloria o para los sufrimientos eternos? Lo ignoro, o más bien, sé que seré predestinado si soy un servidor fiel de María. Ningún servidor de María perece eternamente. (San Bernardo).
  
III. ¡Cuán admirable es el triunfo de María! Entra en el cielo con cuerpo y alma; los ángeles salen a su encuentro; el Padre eterno la reconoce como Hija, Jesucristo como Madre, el Espíritu Santo como Esposa. Es elevada sobre los coros de los Ángeles y colocada en un trono al lado de su Hijo. Valor, ¡alma mía!, nada hay que no puedas obtener por medio de la Madre de Dios. Su poder es infinito, y su amor es igual a su poder. ¿Qué hice hasta ahora para merecer su protección y sus favores?

La devoción a la Sagrada Familia
Orad por la Iglesia.

ORACIÓN
   Perdonad misericordiosamente, Señor, las faltas de vuestros servidores, y, dada la impotencia en que nos encontramos de agradaros por nuestros propios méritos, concedednos la salvación por la intercesión de Aquélla que Vos elegisteis para que fuera la Madre de vuestro Hijo, Nuestro Señor, que, siendo Dios, vive y reina con Vos en unidad con el Espíritu Santo. Por J. CN. S. Amén.

HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa