31/VIII SAN JUVENAL ANCINA, Obispo de Salzburgo

 31 de agosto

SAN JUVENAL ANCINAObispo de Salzburgo


   El Beato Juvenal Ancina nació en Fossano una pequeña ciudad en Piamonte, el 19 de Octubre de 1545. Sus padres lo bautizaron con el nombre de  "Juvenal",  no en honor del poeta romano, sino en honor del Patrono local a quien quisieron agradecer la vida del niño, que había estado en peligro al nacer. San Juvenal, el Patrón de Fossano, había sido médico, sacerdote y obispo. El pequeño Juvenal no solo llegaría ser todo eso sino que, como el Patrón, también santo. 
   Dado que la familia Ancina gozaba de buena situación económica, tanto Juvenal como su hermano menor, Juan Mateo, que también sería sacerdote del Oratorio, tuvieron una esmerada educación.
   Jouvenal estudió en Montpellier, Padua, Mondovì y Turin, y se graduó en  medicina y filosofía, doctorándose en ambas. Contando solamente veinticuatro años, fue profesor de medicina en la Universidad de Turin. 
   Hombre de gran cultura, era muy devoto y veía en su profesión un modo de expandir la Fe  tanto en su actitud para con sus pacientes como en sus enseñanzas. Dándose cuenta de que el cuidado de las almas es más importante que el del cuerpo, siempre urgía a los enfermos para que acudieran a un sacerdote, antes de empezar su tratamiento. Como recreación, Juvenal escuchaba música, componía versos latinos y jugaba al ajedrez. Pertenecía a una hermandad religiosa y estudiaba teología por sus propios medios, aunque parece que puede haber tenido alguna asociación con los Agustinos. Tal era la vida que llevaba, cuando en una Misa de Requiem en el monasterio agustino, las palabras del Dies Irae lo llenaron de terror hacia el juzgamiento. Durante el regreso a su casa, las palabras del Profeta  Sofonías lo atormentaban: "Cerca está el día del Señor; próximo está y llega con suma velocidad. Es tan amarga la voz del día del Señor que lanzarán gritos de angustia hasta los valientes". Pese a que él había llevado una vida objetivamente sin culpas, se dio cuenta de que podía emplear mejor los magníficos talentos que Dios le había dado. Ese mismo día resolvió abandonar cualquier pequeña vanidad a la cual hubiera cedido y dedicarse a seguir solamente los designios de Dios. Se aplicó a la oración y a las lecturas espirituales para determinar qué era lo que Dios quería de el.
   En 1574 se le pidió que acompañara a Roma, como médico personal,  al embajador del Duque de Savoya. Llegó a la ciudad al año siguiente, descubriendo que tenía mucho tiempo libre, decidió sacar provecho de esa situación y empezó a estudiar Teología nada menos que con el que después sería San  Roberto Bellarmino.
   Ya llevaba más de un año en Roma cuando visitó la recién establecida Congregación del Oratorio. Obviamente conmovido por la misma, empezó a asistir a los ejercicios diarios. Escribió sobre esto en una de las tantas cartas  que le envió a su hermano, Juan Mateo:
    Hace algunos días, tomé una nueva costumbre, por las tardes he estado frecuentando el Oratorio de San Juan de Fiorentini, donde todos los días se dan hermosas conferencias sobre el Evangelio, virtudes y vicios, historia, historia eclesiástica, y vidas de santos. Todos los días son tres o cuatro los que oradores, y la audiencia incluye obispos, prelados, y otros hombres distinguidos... Los que predican son personas muy versadas en teología, y de vidas edificantes, y gran espiritualidad.  a su cabeza está un cierto Reverendo Felipe, ahora un hombre de ya sesenta años, pero estupendo en varios aspectos, especialmente por su santidad de vida, su admirable prudencia, y su ingenuidad en idear y promover ejercicios espirituales.
   También escribió que Felipe tenía gran reputación de saber descubrir vocaciones religiosas y que le iba a consultar sobre el plan que ambos tenían (él y su hermano Juan Mateo), de entrar en los Cartujos, Ambos hermanos estaban muy impresionados por un exitoso abogado de Turín que había abandonado todo para entrar en los Cartujos y habían decidido hacer lo mismo.  San Felipe, disuadió a los hermanos de llevar a cabo este plan y después de examinar durante algún tiempo a Juvenal para comprobar su sinceridad, sugirió para ellos el Oratorio. Ambos fueron aceptados el 1º de octubre de  1578.    
   Cuatro años más tarde, Juvenal fue ordenado, y en 1586, fue enviado a Nápoles para ayudar a la reciente fundación del Oratorio hecha en esa ciudad. Allí, se dedicó a diferentes actividades. Rápidamente se ganó la reputación de buen predicador. También hizo uso de sus talentos musicales para hacer crecer la piedad popular -especialmente recordada es su 'Tempio Armonico della Beatissima Vergine', una colección de canciones espirituales para tres, cinco, ocho y doce voces. Debemos mencionar que estas canciones nunca fueron parte de la liturgia, pues Juvenal, con toda razón, pensaba que la música sagrada hacía la liturgia más solemne y hermosa. También ayudó a llevar a cabo en Nápoles muchos emprendimientos culturales e involucró en el trabajo del Oratorio a muchas familias de la alta aristocracia. A través del 'Oratorio dei Principi' consiguió introducir las normas de vida católicas en muchas familias influyentes. En el otoño de 1596 Juvenal fue llamado a Rome, donde el Papa Clemente VIII le dijo que había decidido nombrarlo Obispo de Saluzzo, en el norte de Italia, en donde la invasión de herejes se había convertido en gran causa de preocupación. Juvenal no estaba del todo convencido de aceptar el nombramiento, y no lo hizo hasta agosto de 1602: tomó posesión de su Diócesis el 6 de marzo de 1603.

    El tiempo que estuvo en este cargo fue muy corto, pues murió -se supone que envenenado-, el 30 de agosto de 1604. En su agonía, repetía continuamente: "Dulces Jesús y María, dad paz a mi alma".

    Su breve epicopado, sin embargo, fue fructífero, y se caracterizó por varias iniciativas dirigidas a ayudar a sus fieles a crecer en piedad y caridad. Al mes de haberse hecho cargo de la Diócesis, comenzó el trabajo de reformar las vidas tanto del clero como de los laicos.  Buscando combatir la herejía,  convocó un Sínodo para implementar los decretos del Concilio de Trento, anunció la fundación de un Seminario, y organizó devociones para incrementar la adoración al Santísimo Sacramento. También puso gran énfasis en inculcar la fe en las enseñanzas de la Iglesia  e introdujo el uso del catecismo. Prontamente la gente lo tuvo en gran estima incluso su inmediato vecino, el Obispo de Ginebra, Francisco de Sales, quien apreciaba su humilde y pacífico carácter.
   San juvenal fue el único santo canonizado del Oratorio que conoció personalmente a San Felipe

    El cuerpo de San juvenal descansa en la Catedral de Saluzzo, bajo un altar dedicado a él. Fue beatificado por el Papa León XIII el 9 de febrero d1890.

31/VIII SAN AIDANO, Obispo de Lindsfarne

 31 de agosto 

SAN AIDANO, Obispo de Lindsfarne

El corazón lleno de amor ama
los mandamientos, y cuanto más
difíciles son, los encuentra más
dulces y agradables, porque complacen
más al Amado y le dan más honor
(San Francisco de Sales)

   Aidano era originario de Irlanda. Era monje en el monasterio de Iona, fue invitado por los anglosajones, por requerimiento del rey San Osvaldo, a predicar.
   Estableció su sede en Lindisfarne, una pequeña isla en la que se construyó uno de los monasterios más famosos del  medioevo, luego destruido por los vikingos.
   Este monasterio dio origen a las iglesias de Northumbría de Tyne en Edimburgo. Su apostolado se caracterizó por varios hechos milagrosos que favorecieron el establecimiento del catolicismo entre los anglosajones.
   San Aidano murió el 31 de agosto de 651 en Bebbord (Bamburgh).

31/VIII SANTO DOMINGUITO DEL VAL, Monaguillo y Mártir (+ 1250)

31 de agosto

SANTO DOMINGUITO DEL VAL, Monaguillo y Mártir
(+1250)

Niño monaguillo de la Seo de Zaragoza,
fue crucificado por los judíos en odio de la fe,
para sacarle la sangre y sorberla en
el rito nefando de su Pascua.

(Misal - Propio de España 31 de Agosto)

   Dominguito del Val nació en Zaragoza, la ciudad de la Virgen y de los Innumerables Mártires, el año 1243. Era rey de Aragón Jaime el Conquistador, vicario de Cristo en Roma, Inocencio IV, y obispo de Zaragoza, Arnaldo de Peralta. Media España estaba bajo el dominio de los moros y en cada pecho español se albergaba un cruzado. Los padres de Dominguito se llamaban Sancho del Val e Isabel Sancho. Su madre era de pura cepa zaragozana, y su padre, de origen francés. El abuelo paterno había sido un esforzado guerrero a las órdenes del rey don Alfonso el Batallador. A su lado estuvo en el asedio de Zaragoza, que fue duro y prolongado. Todos los cruzados franceses se marcharon a sus casas; todos, menos uno. "Fue nuestro antepasado -decía Sancho del Val a su hijo, siempre que le contaba la historia-. El señor del Val, hijo de la fuerte Bretaña, sufrió inquebrantable el hambre y la sed, los hielos del invierno y los fuegos del verano, las vigilias prolongadas y los golpes de las armas enemigas. Y al rendirse la ciudad, el rey le hizo rico y noble, igualándole con los españoles más ilustres".
   Sancho del Val no siguió a su padre por el camino de las armas. Prefirió las letras. Fue tabelión o notario y su firma quedó estampada en las actas de las Cortes de Aragón, al lado de las firmas de condes y obispos.
   Dios bendijo la unión de Sancho e Isabel dándoles un hijo que iba a ser mártir y modelo de todos los niños y, de un modo especial, de los monaguillos. Porque Santo Dominguito del Val es el patrono de los monaguillos y niños de coro. El fue infantico de la catedral de Zaragoza, vistió con garbo la sotanilla roja y repiqueteó con gusto la campanilla en los días de fiesta grande. La imagen que todos hemos visto de este tierno niño nos lo representa con las vestiduras de monaguillo. Clavado en la pared con su hermosa sotana y amplio roquete. La mirada hacia el cielo y unos surcos de sangre goteando de sus pies y manos. Una estampa de dolor ciertamente, pero, también, de valentía superior a las fuerzas de un niño de pocos años. Las nobles condiciones, especialmente su piedad, que se advertían en el niño según crecía, indujeron a los padres a dedicarlo al santuario, al sacerdocio. Cuando fue mayorcito lo enviaron a la catedral. Entonces la catedral era la casa de Dios y, al mismo tiempo, escuela. Todas las mañanas, al salir el sol, hacía Dominguito el camino que separaba el barrio de San Miguel de la Seo. Una vez allí, lo primero que hacía era ayudar a misa y cantar en el coro las alabanzas de Dios y a la Virgen.
   Cumplido fielmente su oficio de monaguillo, bajaba al claustro de la catedral a empezar la tarea escolar. Con el capiscol o maestro de canto ensayaban los himnos, salmos y antífonas del oficio divino. La historia y la tradición nos presentan a nuestro Santo especialmente aficionado y dotado para el canto. Por algo es el patrono de los niños de coro y seises.
   La tarea escolar incluía más cosas. Había que aprender a leer, a contar, a escribir. Los pequeños dedos se iban acostumbrando a hacer garabatos sobre las tablillas apoyadas en las rodillas. La voz del maestro se oía potente y, al acabar, las cabecitas de los pequeños escolares se inclinaban rápidamente para escribir en los viejos pergaminos lo que acababan de oír. Así un día y otro día. Al atardecer volvía a casa. Un beso a los padres, y luego a contarles lo que había aprendido aquel día y las peripecias de los compañeros.
   Uno se resiste a creer la historia que voy a contar. Es increíble que haya hombres tan malos. Sin embargo, parece que la substancia del hecho es verdad.
   Los judíos solían amasar los alimentos de su cena pascual con sangre de niños cristianos. La historia nos ha conservado los nombres de estas víctimas inocentes: Simón de Livolés, Ricardo de Norwick, el Niño de la Guardia y Santo Dominguito del Val. "Oyemos decir -escribía el rey Alfonso el Sabio, en aquellos mismos días de Santo Dominguito del Val- que los judíos hicieron, el día de Viernes Santo remembranza de la pasión de Nuestro Señor, hurtando los niños y poniéndolos en la cruz, y haciendo imágenes de cera y crucificándolas, cuando los niños no pueden haber."
   Los judíos eran por entonces muchos y poderosos en Zaragoza. En la sinagoga se había recordado "que al que presentase un niño cristiano sería eximido de penas y tributos". Y un sábado al terminar de explicar la Ley el rabino, dijo: "Necesitamos sangre cristiana. Si celebramos sin ella la fiesta de la Pascua, Jehová podrá echarnos en cara nuestra negligencia".
   Estas palabras fueron bien recogidas por Mosé Albayucet, un usurero de cara apergaminada y nariz ganchuda. Por su frente arrugada pasó una idea negra. Pensó en aquel niño que todos los días al oscurecer pasaba delante de su tienda. Este niño era Dominguito del Val, que volvía de la catedral a casa. A veces solo y otras con un grupo de compañeros. Con frecuencia, al cruzar el barrio judío, de tiendas obscuras y estrechas callejuelas, cantaban himnos en honor del Señor y su Santísima Madre. Seguramente los que acababan de ensayar con el capiscol de la catedral.
   Más de una vez los había oído Mosé Albayucet y, desde la puerta de su tienda, los había amenazado con su mano. Le pareció la ocasión oportuna y prometió a sus compañeros de secta que aquel año iban a tener sangre de niño cristiano para la Pascua y bien reciente.
   Era el miércoles 31 de agosto de 1250. El atardecer se hacía más obscuro en las estrechas callejuelas del barrio judío por donde pasaba Dominguito camino de su casa. De repente, y antes de pensarlo o poder lanzar un grito, nota que algo se le echa encima. Son las manos de Mosé Albayucet que le cubren el rostro con un manto. Le amordaza bien la boca para que no pueda gritar y le mete de momento en su casa. Las garras de la maldad acaban de hacer su presa.
   Aquella misma noche es trasladado el inocente niño a la casa de uno de los rabinos principales. Allí están los príncipes de la sinagoga. Dominguito tiembla de miedo ante aquellos rostros astutos y malvados. Sus manos aprietan la cruz que pende de su pecho.
   -Querido niño -le dice una voz zalamera-, no queremos hacerte mal ninguno; pero si quieres salir de aquí tienes que pisar ese Cristo.
   -Eso nunca -dice el niño-. Es mi Dios. No, no y mil veces no.
   -Acabemos pronto -dicen aquellos malvados ante la firmeza del niño.
   Va a repetirse la escena del Calvario. Uno acerca las escaleras que apoya sobre la pared; otro presenta el martillo y los clavos, y no falta quien coloca en la rubia cabellera del niño una corona de zarzas, así el parecido con la crucifixión de Cristo será mayor.
   Con gran sobriedad de palabras refieren las Actas del martirio lo que sucedió:
   "Arrimáronle a una pared, renovando furiosos en él la pasión del divino Redentor; crucificáronle, horadando con algunos clavos sus manos y pies; abriéronle el costado con una lanza, y cuando hubo expirado, para que no se descubriese tan enorme maldad, lo envolvieron y ataron en un lío y lo enterraron en la orilla del Ebro en el silencio de la noche."
   Todos nos imaginamos fácilmente los espasmos de dolor que estremecerían aquellos músculos delicados de niño. Abrieron sus venas para recoger en unos vasos preparados su sangre. Sangre inocente que iba a ser el jugo con que amasasen los panes ácimos de la Pascua.
   Una vez muerto cortaron sus manos y cabeza, que arrojaron a un pozo de la casa donde había tenido lugar el horrendo crimen. Su cuerpo mutilado fue llevado, como dicen las Actas, a orillas del Ebro. Allí sería más difícil encontrarlo.
   Los judíos se retiraron a sus casas contentos de haber hecho un gran servicio a Dios. La Seo había perdido a su mejor monaguillo y el cielo había ganado un ángel más. Todo esto ocurría la noche del 31 de agosto de 1250.
   Dios tenía preparado su día de triunfo, su mañana de resurrección, para Dominguito del Val.
   Mientras en la casa del notario Sancho del Val se oían gemidos de dolor, una extraña aureola aparecía en la ribera del Ebro. Los guardas del puente de barcas echado sobre el río habían visto con asombro durante varios días el mismo acontecimiento. La noticia recorre toda Zaragoza.
   Algunas autoridades y un grupo de clérigos se dirigen hacia el lugar de la luz misteriosa. Allí hay un pequeño trozo de tierra recientemente removida. Se escarba y, metido en un saco, aparece un bulto sanguinolento. Se comprueba que es el cuerpo mutilado de Dominguito. Una ola de dolor e indignación invade la ciudad de punta a punta.
   La cabeza y las manos aparecen, también, de una manera milagrosa. Aunque aquí la historia no concuerda. Según una versión, un perrazo negro gime lastimeramente, y sin que nadie le pueda espantar, al borde del pozo a que fueron arrojados los miembros del niño mártir. Es el perro del notario Sancho del Val. Se agota el agua y en el fondo aparecen las manos y cabeza de Dominguito. Otra versión dice que las aguas del pozo se llenaron de resplandeciente luz, que crecieron y desbordadas mostraron el tesoro que guardaban en el fondo. Pronto se supo toda la verdad del hecho. El mismo Albayucet lo iba diciendo: "Sí, yo he sido. Matadme, me es igual; la mirada del muerto me persigue, y el sueño ha huido de mis ojos". El santo niño había de conseguir el arrepentimiento para su asesino. Bautizado y arrepentido, Albayucet subirá tranquilo a la horca.
   "Divulgado el suceso -escribe fray Lamberto de Zaragoza-, y obrados por el divino poder muchos milagros, el obispo Arnaldo dispuso una procesión general, a la que asistió con todo el clero la ciudad, la nobleza, la tropa y la plebe, todos con velas blancas, y llevaron el santo cuerpo por todas las iglesias y calles de la ciudad, hasta por la puerta Cineja, mostrándolo a todos y haciendo ver en él las llagas de las manos y pies y costado."
   Hoy mismo es muy viva la devoción que Zaragoza siente por su glorioso mártir. Su fiesta está incluida entre las de primera clase y los niños de coro de La Seo y del Pilar le festejan como Santo patrono. Desde los días del martirio existe la cofradía de Santo Dominguito. El rey Jaime I de Aragón tuvo a honor ser inscrito en ella.
   Sus restos mortales se conservan en una capilla de la catedral en hermosa urna de alabastro. Sobre la urna un ángel sostiene esta leyenda: "Aquí yace el bienaventurado niño Domingo del Val, mártir por el nombre de Cristo".
 MARCOS MARTÍNEZ DE VADILLO



*Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

31/VIII SAN RAMÓN NONATO, Confesor

 31 de agosto

SAN RAMÓN NONATOConfesor
Os habéis hecho partícipes de los que sufrían
afrenta y tribulación; os compadecisteis
de los que estaban entre cadenas.

(Hebreos, 10, 33-34)

   San Ramón pidió a la Santísima Virgen que le hiciese conocer el camino que debía seguir para llegar al cielo; María le ordenó entrar en la Orden recientemente fundada de la Redención de los cautivos (de la Merced). Enviado a Berbería, rescató a gran número de cautivos, y cuando se le agotaron los recursos, se dio a sí mismo en prenda para la libertad de muchos otros. Vuelto a España, fue nombrado cardenal por Gregario IX. Murió en el año 1240, yendo a Roma, donde el Papa lo llamara para utilizarlo en el gobierno de la Iglesia.

MEDITACIÓN
SOBRE LA OBLIGACIÓN
DE SOCORRER A LAS ALMAS
DEL PURGATORIO

I. Todos podemos trabajar en la liberación de las almas del purgatorio, que están en una cautividad más cruel que la de los cristianos llevados como esclavos. Puedes tú socorrerlas orando a Dios por ellas, encargando se celebren misas, dando limosnas, practicando alguna mortificación, o sufriendo pacientemente las penas y aflicciones de esta vida con miras a satisfacer por ellas a la justicia de Dios. Puedes prestarles este servicio; ellas no pueden hacer ya nada por su liberación. Considera los suplicios que padecen.

II. La justicia te obliga a socorrer a tus padres. que te dejaron tantos bienes; la amistad exige que alivies a tus amigos en su abandono cruel; el agradecimiento te impone la obligación de orar por tus bienhechores; y la caridad. que exige que ames a tu prójimo como a ti mismo, te impone el deber de aliviar a esas almas, como quisieras que se te aliviasen si estuvieras en su lugar. Escucha las quejas que te dirigen.

III. Si ayudas con tus buenas obras a estas santas almas. Dios hará de modo que contigo se haga otro tanto después de tu muerte. Con todo no te fíes en este auxilio; haz provisión de buenas obras antes de partir de este mundo; lleva tu rescate contigo y pronto estarás libre; haz penitencia en esta vida. ¡Ah! mucho más dulce es lavar los pecados con las lágrimas de la penitencia. que expiarlos en las llamas del purgatorio.

La caridad
Orad por los prisioneros.

ORACIÓN
   Señor, que habéis dado al bienaventurado Ramón, vuestro confesor, un celo admirable por la redención de los fieles cautivos de los bárbaros, concedednos por su intercesión que, libres de las cadenas de nuestros pecados, cumplamos con perfecta libertad de espíritu todo lo que os sea más agradable. Por J. C. N. S. Amén.

30/VIII SAN PAMAQUIO, Senador Romano

30 de agosto

SAN PAMAQUIOSenador Romano
Dios os salve, María, Madre de Dios. En Vos está
y estuvo todo la plenitud de la gracia y todo bien.
(San Francisco de Asís)


   San Pamaquio era senador romano, y presumiblemente un hombre felizmente casado (era yerno de Santa Paula) edificó un hospicio en el que atendía personalmente a los peregrinos que venían a Roma. 
   Cuando Joviniano(1) empezó a esparcir sus errores, San Pamaquio, junto con otros hombres piadosos de Antioquía, se escandalizaron y enviaron los escritos de Joviniano a San Jerónimo. Éste, como respuesta, escribió dos libros contra aquél en el año de 393. En el primero, demostraba las excelencias de la virginidad cuando se practicaba por amor a la virtud, lo que había sido negado por Joviniano, y en el segundo atacó los otros errores. Los tratados fueron escritos con el estilo recio, característico de Jerónimo, y algunas de sus expresiones les parecieron a las gentes de Roma demasiado duras y denigrantes para la dignidad del matrimonio. San Pamaquio y otros con él, se sintieron ofendidos y así se lo notificaron a Jerónimo; entonces, éste escribió la Apología a Pamaquio, conocida también corno el tercer libro contra Joviniano.




(1)Joviniano fue un sacerdote y monje hereje del siglo IV. San Ambrosio, San Agustín y, Sobre todo San Jerónimo, Combatieron sus herejías: "De Joviniano, un cierto monje, proviene esta herejía, brotada en nuestro tiempo en los días de nuestra juventud" (San Agustín: "De haeresibus"). Entre otras, sostuvo estas dos herejías: a) La Virginidad y el Matrimonio tienen igual valor y son igualmente meritorios ante Dios. b) Como lógica consecuencia de quienes niegan la excelencia de la virginidad, Joviniano terminó negando la PERPETUA VIRGINIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN.

MISA DEL DÉCIMO TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 DOMINGO 13° DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

( Doble - Ornamentos verdes )
   
   La Iglesia sigue leyendo los libros Sapienciales, entre ellos el libro del Eclesiastés, el cual se abre con esta gran sentencia: "Vanidad de vanidades, y todo es vanidad... he visto todas las cosas que se hacen bajo el sol, y todas ellas son vanidad y aflicción de espíritu; los perversos difícilmente se enmiendan, y es infinito el número de necios". (1er. Noct.).
   Pues si esto lo dijo Salomón antes de la ley de gracia y de las luces sobrenaturales tan claras traídas de lo alto por Jesucristo, ¿qué no debiéramos pensar los cristianos de la vacuidad de los goces, de las riquezas y dignidades de este mísero mundo, por que los hombres tanto se perecen? Nosotros, los cristianos, debemos escalar cimas aún más elevadas que el mismo rey Salomón, nos dice S. Juan Crisóstomo (2º Noct.)"nuestra
vida debe andar regulada por esas virtudes celestiales que nada tienen de corpóreo, y que son todo inteligencia, o sea, por las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, virtudes que pedimos en la colecta, para que mediante ellas, "no amemos sino aquello . que Dios nos manda amar". (Or.).

   Hoy se lee la Epístola de S. Pablo a los Corintios, que tiene por argumento la fe en Jesucristo, fe que obra a impulsos de la caridad, y que hace cifremos nuestra esperanza en el Salvador, como lo hizo el mismo Abrahán y todos los Patriarcas del Antiguo Testamento. Esa fe activa y confiada hace que las almas cubiertas por la lepra del pecado queden de ella limpias, como lo quedaron los diez leprosos de que el Evangelio nos habla, y sobre todo de aquel samaritano que volvió a dar gracias a Jesús por su curación.
   La fe salva también las almas. Ella es "el principio y raíz de nuestra justificación " enseña el Santo Concilio Tridentino. 
   También nos enseña esta página evangélica cómo, si bien es cierto que no tenemos más que un Maestro, y éste es Cristo, con todo eso, hemos de sometemos a las enseñanzas y a las leyes de los substitutos que Él a puesto en la tierra, o sea. a la Iglesia, que es la encargada de curar y de distinguir lepra de lepra en el sacramento admirable de la Penitencia.
   Lo que ella perdona, perdonado queda, lo que ella manda, refrendado va por el mismo Dios; el que a ella escucha, a Dios escucha, y el que la desprecia, a Dios mismo desprecia. Tal es la suave y natural economía, tan sabia como humana, que Dios ha tenido a bien establecer. Quiso gobernar a los hombres por medio de hombres.
   También pondera S. Agustín (Mait.) el desagradecimiento de los leprosos curados, pues que tan sólo uno de ellos fue para volver y dar gracias a su insigne médico, y éste nota el Evangelio que era Samaritano, o sea, de una raza inferior a la judía, descendiente de Abrahán y heredera de sus promesas. Por donde se ve que los verdaderos hijos de Abrahán no son aquellos que vienen de él por descendencia carnal, sino aquellos que participan de la fe viva del Padre de los Creyentes. "Los demás, hinchados con el orgullo, creían rebajarse si devolvían gracias a su Bienhechor (lb.).
   
Con todo eso, los judíos volverán algún día al redil, único aprisco de salvación, al "pequeño rebañito" de Jesús, decepcionados por el Anticristo. Su exclusión de la Iglesia no es irrevocable. Pidamos la pronta conversión de ese pobre y maldito pueblo deicida, maldito de Dios y aborrecido de todos los hombres, cantando con el Introito y el Gradual: "Mira, Señor, tu pacto y no abandones hasta el fin las almas de tus pobres..."
   En cambio nosotros, hijos de gentiles, decimos a Jesús que en Él ciframos toda nuestra esperanza (Ofert.), porque Él se ha declarado nuestro refugio de generación en generación (Alel.), y porque nos alimenta con un Pan del cielo, harto más regalado que el maná llovido a los hebreos durante 40 años en el desierto (Com.)
   El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.
IntroitoPs 73, 20, 19 y 23. 
    INTROITUS Respice, Dómine, in testaméntum tuum et ánimas páuperum tuórum ne derelínquas in finem: exúrge, Dómine, et júdica causam tuam, et ne obliviscáris voces quaeréntium te. Ps. Ut quid, Deus, repulísti in finem: irátus est furor tuus super oves páscuae tuae?  V. Gloria Patri.   Introito - Acuérdate, Señor, de tu pacto y no abandones para siempre las almas de tus pobres; levántate, Señor, y juzga tu causa, y no olvides las voces de los que te buscan. - Ps. ¡Oh Dios! ¿Por qué nos has desechado para siempre, y se ha enojado tu furor contra las ovejas que apacientas? V. Gloria al Padre.
Oración-Colecta
   ORATIO - Omnípotens sempitérne Deus, da nobis fidei, spei et caritátis augméntum: et, ut mereámur assequi quod promittis, fac nos amáre quod práecipis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Filium tuum.   R. Amen       Oh Dios, todopoderoso y eterno, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad; y para que merezcamos conseguir los bienes que prometes, haznos amar lo que nos mandas.  Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina.   R. Amen.


Epístola
   Dios prometió a Abrahán, en premio de su fe, que de su descendencia nacería el Salvador, y 430 años después dio a Moisés la Ley para someter a su pueblo a la obediencia. Habiendo éste prevaricado, Dios reemplazó aquella Ley por el Evangelio y la promesa hecha en favor de los hebreos, se extendió a todos los creyentes, hijos de Abrahán.
EPISTOLALectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Gálatas (3, 16-22)  - Fratres:  Abrahae dictae sunt promissiones, et semini eius. Non dicit: Et seminibus quasi in multis sed quasi in uno et semini tuo qui est Christus. Hoc autem dico, testamentum confirmatum a Deo quae post quadringentos et triginta annos facta est lex non irritam facit ad evacuandam promissionem. Nam si ex lege hereditas iam non ex repromissione Abrahae autem per promissionem donavit Deus. Quid igitur lex propter transgressiones posita est donec veniret semen cui promiserat ordinata per angelos in manu mediatoris. Mediator autem unius non est Deus autem unus est. Lex ergo adversus promissa Dei absit si enim data esset lex quae posset vivificare vere ex lege esset iustitia. Sed conclusit scriptura omnia sub peccato ut promissio ex fide Iesu Christi daretur credentibus. 

   Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Gálatas:  - Hermanos: se nos da por la ley, ya no es por la pro mesa. Y Dios hizo, por medio de la pro mesa, la donación a Abrahán. Pues entonces diréis: ¿Para qué ha servido la ley? Púsose como freno de las transgresiones(1), hasta que viniese el descendiente de Abrahán, a quien había hecho la promesa, promulgada por ángeles(2) por medio de un mediador. Mas el mediador no es para uno sólo: y Dios estaba solo cuando hizo la promesa. Luego, ¿es la ley contra las promesas de Dios? No. Porque si la ley pudiese dar la verdadera vida, la justificación vendría verdaderamente de la ley. Mas, la ley escrita dejó todas las cosas sujetas al pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe en Jesucristo(3).
    GRADUALE (Ps. 33 ) Respice, Dómine, in testaméntum tuum et ánimas páuperum tuórum ne derelínquas in finem. V.Exúrge, Dómine, et júdica causam tuam: memor esto opróbii servórum tuorum. Alleluia, alleluia. V.(Ps. 89) - Dómine, refúgium factus es nobis a generatione, et progénie,  Alleluia.   Gradual - Vuelve, Señor, los ojos a tu alianza, y no abandones para siempre las almas de tus pobres; V. Levántate, Señor, y juzga tu causa; acuérdate del oprobio de tus siervos 
Aleluya, aleluya - V.  Señor, Tú has sido nuestro refugio, de generación en generación. Aleluya. 
Evangelio
      Los samaritanos y gentiles, más agradecidos y fieles a la gracia que los pérfidos Judíos, sus soberbios despreciadores, son las primicias del nuevo reino mesiánico, como lo demuestra el suceso de los diez leprosos que aquí se relata.
USequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam ( 17, 11-19)
   In illo témpore: Dum iret Jesus in Hierusalem transiebat per mediam Samariam et Galilaeam. Et cum ingrederetur quoddam castellum occurrerunt ei decem viri leprosi qui steterunt a longe. Et levaverunt vocem dicentes Iesu praeceptor miserere nostri. Quos ut vidit dixit ite ostendite vos sacerdotibus et factum est dum irent mundati sunt. Unus autem ex illis ut vidit quia mundatus est regressus est cum magna voce magnificans Deum et cecidit in faciem ante pedes eius gratias agens et hic erat Samaritanus. Respondens autem Iesus dixit nonne decem mundati sunt et novem ubi sunt non est inventus qui rediret et daret gloriam Deo nisi hic alienigena et ait illi surge vade quia fides tua te salvum fecit.Credo.
  Continuación del Santo Evangelio según San Lucas - En aquel tiempo:  Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba por medio de Samaria y de Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron diez leprosos, los cuales se pararon lejos(4), y alzaron la voz, diciendo: "Jesús, Maestro, apiádate de nosotros." él, al verlos, dijo: "Id, y mostraos a los sacerdotes(5)." Aconteció, que mientras iban(6), quedaron sanos. Y uno de ellos, cuando vio que había quedado limpio, volvió glorificando a Dios a grandes voces, y se postró en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias: y éste era samaritano. Jesús dijo entonces: "¿Pero no son diez los curados? y los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviese a dar gloria a Dios, sino este extranjero?(7)" Y dijo: "Levántate, vete, porque tu fe te ha salvado. Credo.
    OFFERTORIUM In te sperávi, Dómine, dixi: Tu es Deus meus, in mánibus tuis témpora mea.   Ofertorio -  En Ti, Señor, puse mi esperanza; dije: Mi Dios eres Tú: en tus manos están mis destinos. 
Oración-Secreta
    Propitiáre, Dómine, pópulo tuo, propitiáre munéribus: ut hac oblatióne placátus, et indulgentiam nobis tríbuas, et postuláta concédas. Per Dominum.    Mira, Señor, propicio a tu pueblo, y muéstrate propicio en vista de sus dones; para que, aplacado con esta oblación, nos concedas el perdón y accedas a nuestras peticiones. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.  


Prefacio de la Santísima Trinidad
    Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes:   Sanctus, Sanctus, Sanctus...

   Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:: Santo, Santo, Santo, etc.
   COMMUNIO  Pe fructu óperum tuórum, Dómine, satiábitur terra: ut edúcas panem de terra, et vinum laetíficet cor hóminis: ut exhílaret fáciem in óleo, et panis cor hóminis confirmet. 
   Comunión. - Nos diste, Señor, el pan del cielo, que encierra en sí todo deleite, y la suavidad de todos los sabores. 
Oración-Postcomunión
     Sumptis, Dómine, caeléstibus sacraméntis, ad redemptionis aetérnae, quaesumus, proficiámus augmentum. Per Dominum.   Haz, oh Señor, que la participación de este santo misterio, nos vivifique, y que juntamente nos sirva de expiación y de fortaleza. Por Nuestro Señor Jesucristo.






  • (1) Dios les dio a los israellitas la Ley, para que, viendo su fragilidad y su dificultad para observarla, se humillasen, declarasen su impotencia y pidiesen un Redentor.
  • (2) Una tradición judía dice que la Ley le fue dada a Moisés por manos de los Ángeles.
  • (3) Dios prometió justificar por la fe, en Jesucristo, no por la Ley, de otro modo la promesa hecha a Abrahán hubiese sido superflua.
  • (4) No se atrevieron a acercarse a Jesús, porque la Ley les prohibía acercarse a la gente para evitar el contagio de la lepra; por eso tuvieron que gritar desde lejos.
  • (5) Jesús les manda ir a presentarse a los sacerdotes, primero porque ellos eran los que, según la Ley, debían verificar de su limpieza, y segundo para poner a prueba su fe y obediencia.
  • (6) Fueron curados en el camino en premio de su fe viva y ciega obediencia al mandato de Jesús.
  • (7) El agradecimiento y sencillez de este buen samaritano confunden la ingratitud y soberbia no sólo de los nueve judíos con él curados, sino de los ingratos y soberbios de todos los tiempos. Muchos son los que, en tiempo de pruebas y de necesidades, claman al cielo, hacen triduos y novenas, emprenden peregrinaciones, etc., y muy pocos los que, en prueba de agradecimiento, vuelven a la práctica fiel de sus deberes religiosos.

30/VIII SAN FANTINO, Ermitaño

30 de agosto 

SAN FANTINO, Ermitaño
   San Fantino el joven, nació en una localidad de Calabria muy cerca de Sicilia, en el 927. Sus padres fueron Jorge y Vriena, de muy buena posición y dotados de grandes virtudes. Según relatos de esa época, el pequeño fue ofrecido al Señor en la iglesia de San Fantino el Viejo y a los ocho años le fue confiado a San Elias Speleota en la gruta de Melicucá para que lo preparara para la vida monástica. Después de haber seguido durante cinco años las enseñanzas de San Elías, recibe de sus manos el hábito de novicio, y permanece en Melicucá veinte años, hasta la muerte del santo, ejerciendo primero humildes tareas y luego la custodia de la iglesia.
   Trasferido a la región de Mercurion transcurren dieciocho años de vida eremítica dedicándose a la plegaria y a la penitencia y luchando contra las frecuentes insidias del demonio. Después del largo tiempo pasado en la soledad, volvió a la vida cenobítica y fundó un monasterio femenino en el cual fueron acogidas su madre y su hermana  Catalina. A esta fundación, siguió la de los monasterios masculinos, en uno de los cuales  entraron su padre y sus hermanos Lucas y Cosme.
   Sintiendo el vivo deseo de volver a la vida eremítica dejó la dirección del monasterio más grande a su hermano Lucas y se retiró a un lugar solitario y salvaje. Desde su nueva morada, de tanto en tanto iba a visitar a sus nuevos discípulos, los monjes Juan, Zacarías, Nicodemo y Nilo, y  pasaba parte del tiempo transcribiendo códices.
   Retomada la vida cenobítica, el Santo siguió viviendo en el espíritu de penitencia.
   Por su intervención se produjeron algunos hechos prodigiosos. Una osa que desbastaba los alrededores del monasterio, con una sola señal de la mano del santo, se alejó definitivamente.
   Como la gente afluía en masa y no le permitía gozar de la soledad, se retiró al santuario de San Miguel en Gargano.
   Una noche, después de recitar el oficio, tuvo una terrible visión que no quiso comunicar a sus monjes porque eran "cosas absolutamente indescriptibles". Después, "quitándose el sayo, anduvo casi desnudo por el monte", donde "permaneció sin beber, y sin comer durante veinte días seguidos". Continuando su vida de soledad y penitencia,  "se nutre durante cuatro años, solamente con las hierbas de la selva ". Cuando los monjes lo encontraron y lo llevaron a la fuerza al monasterio quería regresar "allá en donde se hallaba, prefiriendo las fieras a los hombres".
   En el monasterio, San Fantino fue visitado por San Nilo, que le contó una visión de ángeles resplandecientes y de demonios, que lo llenó "de temor y horror". Finalmente, transportado a "una región resplandeciente de luces", sintió "un himno inefable, incesante, del cual no podía saciarse" y vio aparecer "un fuego extraordinario", que lo llenó "de divino furor". Seguía la vista del infierno, "lleno de humo maloliente, privado de luz", poblado de condenados  que "suspiraban desde lo profundo con infinitos lamentos". Transportado después "a un lugar esplendoroso  y eterno" tuvo la visión de los santos y el encuentro con sus padres. Vuelto en sí, el Santo experimentó "un total desapego de las cosas del mundo".
   De la vida de San Nilo se recaban numerosos detalles de la de San Fantino. Un particular afecto, inspirado en la santidad y en la caridad fraterna, del cual era correspondido con filial amor, ligaba a San Fantino con San Nilo. Parecía verse en ellos la misma unión de espíritus que había unido a los Apóstoles Pedro y Pablo y a los santos Basilio y Jorge.
   Habiendo sentido San Fantino, que San Nilo estaba afectado por un grave mal a la garganta, fue a visitarlo a su gruta y lo persuadió a seguirlo al monasterio para prodigarle los cuidados necesarios. En otra ocasión, estando San Nilo, sufriendo mucho por las persecuciones a las que lo sometía el demonio y que le habían causado la parálisis del lado derecho del cuerpo, fue invitado por San Fantino a leer durante la vigilia nocturna que precedía la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo el elogio en verso escrito en su honor por San Juan Damasceno. Durante la lectura el mal se fue pasando poco a poco hasta desaparecer.
   Un día San Fantino le contó a San Nilo una visión suya. Había visto los monasterios convertidos en establos para animales y entregados a las llamas y los libros arrojados al agua quedando inservibles. El Santo tuvo la visión de la futura suerte de los monasterios que serían destruidos no solamente por las incursiones de los sarracenos, sino también por "el general decaimiento de la virtud y el relajamiento de la disciplina".
   Respondiendo a una inspiración que lo impulsaba a abandonar la Calabria, a la edad de sesenta años con sus discípulos Vital y Nicéforo, se embarcó de para Grecia. Durante el viaje llegó a faltar el agua para los pasajeros, el Santo hizo llenar todos los recipientes con agua de mar y después de su bendición quedó transformada en agua potable.
   Llegado a Corinto, viajó a Atenas para visitar el templo de la Madre de Dios. Luego fue a Larisa, donde visitó largamente el sepulcro del mártir San Aquiles. Yendo a Tesalónica, se quedó cuatro meses en el monasterio del santo mártir Mena. Dejando después ese cenobio se fue a vivir fuera de la ciudad.
   En Tesalónica, después de haber recitado "la extraordinaria plegaria de Felipe de Agira", curó milagrosamente a un enfermo de nombre Antipa. Un día, mientras se acercaba al templo de la santa mártir Anisia, se encuentra con los santos monjes del Athos, Atanasio y Pablo, que iluminaban "la soledad como un faro" y glorifica a Dios por aquel encuentro.
   San Fantino en Tesalonica hizo algunos prodigios y grandes obras de caridad. Curó a una mujer poniéndole barro sobre los ojos enfermos. Un hombre afligido por cefaleas y mal de muelas, obtiene de improviso la curación. Un moribundo recobró totalmente la salud después de besar la túnica del santo.
   San Fantino murió alrededor del año 1000, después de haber abrazado y bendecido a los monjes que lo asistían. Fue sepultado can gran solemnidad. En la biografía del santo se narran una serie de milagros obtenidos por su intersección después de su muerte.
   Una imagen de San Fantino con hábito monacal es venerada en San Lorenzo, en la diócesis de Reggio-Bova y en Lubrichi, en la diócesis Oppido Mamertina Palmi.

30/VIII SANTOS FÉLIX Y ADAUCTO, Mártires

 30 de agosto

SANTOS FÉLIX Y ADAUCTOMártires
   La historia de los santos Félix y  Adaucto parece interesarse más en la arqueología que en la devoción. Después de su martirio, que probablemente tuvo lugar durante la persecución de Diocleciano a comienzos del siglo IV, fueron sepultados en una cripta del cementerio de Comodilla, en la calle de las Siete Iglesias, no muy lejos de la basílica de San Pablo extra muros. La cripta fue transformada por el Papa Siricio en basílica, sucesivamente ampliada y decorada con frescos de los Papas Juan I y León III. También se convirtió en meta de peregrinos y devotos. Al final del medioevo, catacumbas y santuarios subterráneos cayeron in el olvido o fueron desbastados. El cementerio de Comodilla y la tumba de Félix y Adaucto se descubiertarieron en 1720, pero la satisfacción de este hallazgo duró poco, porque algunos días después la cúpula de la pequeña basílica subterránea se vino abajo. La tumba cayó nuevamente en el olvido, hasta que en 1903, la basílica fue definitivamente restaurada. Se recuperó uno de los más antiguos frescos paleocristianos, en el cual está representado San Pedro que recibe las llaves en presencia de los Santos Esteban, Pablo, Félix y Adaucto.
   Según el autor de una legendaria Pasión escrita en el siglo  VII, cuando el culto de estos santos aún estaba floreciente, Félix era un presbítero romano, condenado a muerte durante la persecución de Diocleciano. Mientras era conducido al lugar de la ejecución, en el camino que lleva a Ostia, de la multitud de curiosos y de compañeros de Fe, se destacó un desconocido, que salió al encuentro del condenado. Al lado de los soldados encargados de la ejecución, proclamó con voz firme su cristianismo y su voluntad de correr la misma suerte que el presbítero Félix. Se le escuchó sin ninguna indulgencia. Después de haber  cortado la cabeza a Félix, con la misma espada decapitaron al audaz, que había osado desafiar al emperador. Pero ¿quién era ese? Ninguno de los presentes conocía su identidad, y simplemente fue llamado "adauctus", (agregado), de ahí el nombre de Adaucto, "eo quod sancto Felici auctus sit ad coronam martyrii".
   El episodio permaneció vivo en la historia de la Iglesia, que asoció a los dos mártires en una única conmemoración, hasta el punto que algunas fuentes los señalan como hermanos. La noticia más antigua sobre los dos mártires se remonta a un escrito del Papa Dámaso, en el cual elogia al presbítero Vero por haber decorado el sepulcro. La difusión en la Europa septentrional del culto a estos dos santos, debe su origen a que el Papa León IV donó algunos fragmentos de sus reliquias a la mujer de Lotario, Ermengarda.

30/VIII SANTA ROSA DE LIMA, PATRONA PRINCIPAL DE IBEROAMÉRICA

30 de agosto
SANTA ROSA DE LIMAPatrona Principal de Iberoamérica

Una virgen se ocupa de las cosas del Señor,
a fin de ser santa de cuerpo y alma.

(1 Corintios, 7, 34)
   
   Rosa de Santa María, (1586-1617) llamada así por la virginal hermosura de su rostro, pues su nombre de pila era Isabel, fue la primera flor de santidad que produjo la América española. Nació en Lima, Perú, de padres de origen español y modestos de condición.  Desde su más tierna edad, Rosa experimentaba una atracción cada día más desbordante hacia la santidad, la virginidad, la devoción, el amor al retiro, un extraordinario espíritu de penitencia. Sus padres deseaban un ventajoso matrimonio dada la belleza de su hija, pues verdaderamente era deslumbrante. Con ese fin, le hacían frecuentar fiestas y banquetes para llamar la atención de los jóvenes más ricos de la ciudad. Rosa obedecía pero sabía sacar provecho de estas fiestas. Debajo de su diadema de rosas colocaba un casquete con pinchos, en forma de corona de espinas. Y bajo sus vistosos vestidos colocaba cilicios y otros instrumentos para macerar su cuerpo. En 1616, a los 24 años, vistió el hábito negro y blanco de la Tercera Orden de Sto. Domingo. Desde entonces todavía progresó más a pasos agigantados por el camino de la perfección. Aseveró su confesor que, "Jamás, ni de día ni de noche, perdía la presencia de Dios en su corazón y que su alma nunca fue mancillada por el pecado venial". El Señor le concedió la gracia de repetir en sí misma los atroces dolores de la Pasión de Cristo. En medio del dolor gritaba: "Aumentadme el dolor, pero, Dios mío, dadme paciencia". Murió el 24 de agosto de 1617 a la edad de 31 años, admirada en toda Lima y querida ya en todo Perú. El Papa Clemente X la canonizó en 1671, siendo la primera santa americana que llegó a los altares. En la Argentina ha sido establecido este día "como Fiesta nacional de Acción de gracias a la divina Providencia, por los beneficios conferidos a la Nación".

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE SANTA ROSA

I. Trata al menos de encontrar todos los días un momento libre para dedicarte, en la soledad, a la meditación y a la oración. Ama a tus padres por Dios, y los servicios que les hagas, figúrate que los haces al mismo Jesús. Así pensarás en El sin cesar.
   
II. San Agustín, hablando de Cristo y de la Iglesia, su Esposa inmortal, dice que son dos en una sola y misma pasión. Así debe ser en cuanto a la unión del alma con Jesucristo. Para agradar al Esposo, es menester hacerse semejante a Él; por eso Santa Rosa practica las penitencias más rigurosas, y lleva en la cabeza un aro de hierro con agudas puntas en su parte interior, semejante a la corona de espinas. Para gozar de los castos abrazos del Esposo, se debe despreciar la propia carne. (San Jerónimo)
   
III. Sacrificar la carne y sus concupiscencias, es poco todavía. Mira a Santa Rosa. Ya la pruebe la enfermedad, ya Dios le retire sus consolaciones, a todo se resigna. Lo único que pide a su Esposo, es que aumente su amor en proporción a los sufrimientos que padece. ¡En cambio nosotros nos impacientamos ante la menor contrariedad, nos abatimos ante la menor prueba! Avergoncémonos de nuestra cobardía y adoptemos la resolución de sufrir, por lo menos con paciencia, los males que no podemos evitar. Estáis prometidos a Cristo, le habéis consagrado vuestra voluntad. (Tertuliano)

El desprecio de los placeres
Orad por las vírgenes consagradas a Dios.

ORACIÓN
   Oh Dios poderoso, dispensador de todos los bienes, que habéis provisto a la bienaventurada Rosa con el rocío de la gracia celestial, y que la habéis hecho brillar en América con el fulgor de la virginidad y de la paciencia, concedednos la gracia a nosotros servidores vuestros, de correr tras el olor de sus perfumes, y merecer así llegar a ser un día el buen olor de vuestro Hijo, que, con Vos y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

29/VIII FELICITACIÓN SABATINA A LA VIRGEN DEL CARMEN

 FELICITACIÓN SABATINA A LA VIRGEN DEL CARMEN



Oración preparatoria


   ¡Oh Virgen Santísima del Carmen, Reina gloriosa de cielos y tierra! Vengo a honrarte en este día escogido por Ti para mostrar tu gloria, tu poder y tu misericordia. Acuérdate que a tus queridos cofrades, por tu santo y bendito Escapulario, les has prometido ayuda en la vida, amparo en la muerte y socorro en el Santo Purgatorio. Mírame con ternura, amorosa Madre, y mira también misericordiosamente a las almas que en el Purgatorio se encuentran y acepta ésta mi felicitación y visita sabatina, como homenaje de mi amor y cariño y para alivio de las almas que sufren, para que todos juntos te alabemos algún día feliz en el cielo. Amén.

Aspiraciones


  • Virgen del Carmen, te felicito por tu gloria y te encomiendo mis propias necesidades. Avemaría...
  • Virgen del Carmen, te felicito por tu gloria y te encomiendo las necesidades de mi familia. Avemaría...
  • Virgen del Carmen, te felicito por tu gloria y te encomiendo las necesidades de mis parientes. Avemaría...
  • Virgen del Carmen, te felicito por tu gloria y te encomiendo las necesidades de mis amigos. Avemaría...
  • Virgen del Carmen, te felicito por tu gloria y te encomiendo las necesidades de la Iglesia. Avemaría...
  • Virgen del Carmen, te felicito por tu gloria y te encomiendo las necesidades de la Nación. Avemaría...
  • Virgen del Carmen, te felicito por tu gloria y te encomiendo las necesidades de las almas del Purgatorio. Avemaría...


Oración final

Gracias mil, Madre querida, por todos los favores que de tu bondadosa mano he recibido, particularmente el de haberme escogido, por tu santo Escapulario, para verdadero hijo tuyo. Yo quiero alabarte siempre, y es mi deseo que mi lengua cante tus bondades sin cesar y mi corazón te ame y que te quiera como a la mejor y mas cariñosa de las madres. Me regocijo por la inmensa gloria que en el cielo gozas, del poder que sobre todo lo creado tienes, de las virtudes soberanas que tu alma adornan. Sírvete, Madre mía de esa gloria, de ese poder y de esas virtudes para ampararme en la vida y en la muerte, para cubrir mi pobreza y desnudez, para librarme de tantos y tan fieros enemigos como me rodean, para salvarme y ser feliz en el cielo por toda la eternidad. Amén.

29/VIII SANTA SABINA, Mártir

 29 de agosto 

SANTA SABINA, Mártir
   Santa Sabina es una mártir del siglo III. Se supone que fue convertida al cristianismo por su sirvienta Serafia, de origen sirio. Durante la persecución del Emperador Adriano, Serapia sufrió el martirio por su Fe. Se cree que Santa Sabina fue asesinada cerca de un mes más tarde. Fue denunciada como cristiana al prefecto Helpidius. “Cristo es mi Dios, sólo a él sirvo y adoro” respondió cuando fue interrogada. Esta valiente confesión de fe, obtuvo para ella la palma del martirio. La decapitaron  y confiscaron sus bienes. La enterraron en en Roma, en la tumba que ella misma había hecho hacer para enterrar a su querida sirvienta Serafia. En 425 fue edificada una iglesia en el Monte Aventino, lugar en donde habían sido martirizadas las dos santas mujeres. En el siglo XIII,  el Papa Honorio III entregó la iglesia de Santa Sabina a la Orden de Santo Domingo y todavía hoy allí son venerados los cuerpos de las dos santas mártires que se encuentran debajo del altar mayor. En estos tiempos en que nuestra Fe es ridiculizada e ignorada, tomemos ejemplo de tantos mártires que, como Sabina, entregaron sus vidas sufriendo terribles tormentos por defender y sustentar  su condición de cristianos.
   También se venera a santa Sabina en la comunidad parroquial  de la iglesia de Trigoso,  antigua ciudad en las cercanías del Sestri Levante,  en donde se la la invoca y se la festeja como patrona, solicitando, con humilde y devoto afecto, su protección sobre las familias y la parroquia. Se le pide obtener del Señor, el don de la oración, la vigilancia, la mortificación y la firmeza y perseverancia en la fe y en el bien, a imitación de su vida que estuvo signada por una total pertenencia a Dios. A ella está dedicado uno de los cinco altares, de estilo barroco genovés, de la parroquia.
   Que Santa Sabina pueda indicar a todos la vía de salvación que solamente se encuentra en Cristo y en el martirio cotidiano, que no es precisamente el recibido por la Santa, pero sí el saber aceptar no solamente nuestras debilidades, límites e imperfecciones, sino sobre todo acomodar nuestra vida no a nuestros deseos, de vivir cómodamente y sin problemas sino aceptando la voluntad de Dios. Jesús nos dijo que quien quiera llegar al cielo, debe tomar su propia cruz y seguirlo.

29/VIII LA DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA

29 de agosto
LA DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA
Herodes, enviando un alabardero, ordenó traer
la cabeza de Juan en una bandeja.

(Marcos, 6, 27)

   San Juan Bautista había dejado el desierto para amonestar a Herodes que no le era lícito tener como esposa a Herodías, la mujer de su hermano. Irritado el tirano de su audacia, lo hizo arrojar en una prisión. Un día, mientras daba un festín, la hija de Herodías danzó en presencia de los convidados con tanta gracia, que Herodes le prometió concederle todo lo que le pidiese. Pidió ella la cabeza de Juan Bautista. Un soldado, enviado a la prisión, cortó la cabeza al Precursor y la trajo en una bandeja, como si fuese el último plato de este fúnebre festín.
  
MEDITACIÓN
SOBRE SAN JUAN, MÁRTIR
DE LA CASTIDAD, DE LA CARIDAD
Y DE LA VERDAD

I. San Juan vivió y murió de la castidad. Para conservar esta virtud angelical, dejó, a edad tierna, la casa de su padre, y se retiró al desierto, donde sujetó su cuerpo mediante continuas austeridades. Si comprendieses tú la belleza de esta virtud, la amarías e imitarías a San Juan. Pero, para conservar la castidad hay que huir del mundo, amar la soledad, practicar la mortificación. Si no puedes morir mártir de la castidad como San Juan, vive como él en inviolable castidad. Algo más grande es vivir en la castidad que morir por ella. (Tertuliano).
   
II. San Juan fue también mártir de la caridad. El celo que tenía por la salvación de las almas le hizo dejar la soledad, puesta la mira en convertir a Herodes. ¡Cuán feliz serías tú si pudieses, como el santo precursor, derramar tu sangre por la salvación del prójimo! Si no puedes imitarle, reza al menos por los pecadores, exhórtalos a penitencia, haz abundantes limosnas para obtener su conversión.
   
III. San Juan fue también mártir de la verdad: reprochó intrépidamente a Herodes sus escandalosos desórdenes, y prefirió morir antes que traicionar la verdad. Aunque tuvieses que perder la vida nunca debes disfrazar tus sentimientos, ni tolerar el vicio por cobarde complacencia cuando tu deber sea corregirlo. Los hombres aman la verdad cuando ella los halaga, pero sienten aversión por ella cuando les reprende sus defectos. (San Agustín).


La castidad
Orad por las vírgenes.

ORACIÓN
   Haced, os lo suplicamos, Señor, que la piadosa solemnidad del bienaventurado Juan Bautista, vuestro precursor y mártir, nos obtenga gracias eficaces de salvación. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis en unidad con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

28/VIII SAN AGUSTÍN, Obispo, Confesor y Doctor

 28 de agosto

SAN AGUSTÍNObispo, Confesor y Doctor
Por la gracia de Dios soy lo que soy,
y su gracia no ha sido estéril en mí.

(1 Corintios, 15, 10)

   San Agustín, hijo de un pagano de Numidia, que se convirtió al final de su vida, enseñó primero brillantemente retórica en Cartago, Roma y Milán, don de la lectura de un pasaje de San Pablo lo convirtió y donde San Ambrosio lo bautizó. De vuelta a África, después de haber perdido a Santa Mónica, su madre, en Ostia, retiróse a la soledad, y después fue ordenado sacerdote y llegó a ser obispo de Hipona. Entró en correspondencia con San Jerónimo y fue el azote de los herejes. Toda su vida lloró su juventud hasta humillarse por ella en el libro de las Confesiones. Su poderoso genio y su maravillosa ciencia brillan sobre todo en su célebre obra la Ciudad de Dios. Murió en su ciudad episcopal cercada por los vándalos, en el año 430, a la edad de 75 años.

MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE SAN AGUSTÍN

I. Este gran santo resistió hasta la edad de 32 años las inspiraciones de la divina gracia. ¿Acaso yo mismo no he resistido a la gracia? ¿Cómo pasé yo mi juventud? ¿He comenzado por fin a amar a Dios con amor profundo y sincero? ¡Cuántas veces he endurecido mi alma y he menospreciado el llamado del Señor! Comencemos a darnos a Dios. Ah Señor, tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. (San Agustín).
   
II. San Agustín, primero pecador y hereje, llegó a ser después un gran santo; renunció a sus errores y fue durante todo el resto de su vida, el hijo dócil de aquélla gracia que había perseguido. ¿A qué se debe que no imite yo a San Agustín en su penitencia, ya que lo imité en sus desórdenes? ¿Qué he de esperar de los afanes que me tomo por lucir en el mundo? Habré de morir y abandonar esos honores y esas riquezas; y ¿en qué pararé si no estoy en estado de gracia cuando Dios me llame para dar cuenta de mi vida? ¿A qué fin tienden todos nuestros trabajos? ¿Qué buscamos? (San Agustín).
   
III. San Agustín fue el doctor de la gracia; la defendió contra los herejes, explicó su naturaleza y descubrió sus maravillosos efectos. Enseña tú a los demás por qué medios podrán recuperar la gracia de Dios: trabaja en la conversión de los peca dores. Sé tú, a tu vez, discípulo de la gracia, si no puedes ser su doctor; estudia los movimientos que imprime a tu corazón, escucha lo que ella te inspira, obedécela fielmente. Si no haces a la gracia inútil en ti, producirá frutos abundantes. (Orígenes).


El deseo de la conversión
Orad por las órdenes religiosas.

ORACIÓN
   Dios omnipotente, escuchad benigno nuestras súplicas y puesto que os servís permitirnos esperar en vuestra bondad, dignaos, por la intercesión del bienaventurado Agustín, vuestro confesor pontífice, derramar sobre nosotros la abundancia de vuestra inagotable misericordia. Por J. C. N. S. Amén.

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa