02/VII/+2019 SAN OTÓN, Obispo

2 de julio
SAN OTÓN, Obispo


   
San Otón, es conmemorado en este día en algunas diócesis alemanas. Cuando el barón Otón de Mistelbasch nació,  hacia el año 1062, en la Franconia central, en las caballerizas de su padre, en vez de los corceles de pura sangre que solían tener los nobles de aquellos tiempos, no había más que dos asnos, a tal extremos de pobreza había llegado a aquélla familia tan rica en otros tiempos. Los padres murieron en edad temprana, y el hermano mayor de Otón, heredero de esa pobreza rodeada de blasones, hombre de rudos sentimientos, no descansó hasta expulsar del palacio al benjamín de la casa, a fin de tener un comensal menos a la hora de la comida. Así que la primera juventud de Otón no fue muy placentera, que digamos.
   Después de haber aprendido los rudimentos del saber en una escuela monacal, se marchó a Polonia, pues no quería ser gravoso a nadie. En aquélla nación había por entonces muy pocos maestros, así que Otón abrió una escuela de latín. Al principio él no sabía mucho más que sus discípulos, pero al menos se ganaba el sustento y podía seguir formándose. Muy pronto pudo presentarse al obispo para sufrir el examen de rigor, y como lo aprobase, recibió las sagradas órdenes. Desde aquel momento, la vida de Otón tomó un rumbo vertical hacia la altura. El inteligente sacerdote fue nombrado capellán de la corte cerca del duque e Polonia, pasó después a ocupar este mismo cargo en la corte del emperador alemán, fue durante algún tiempo  canciller del imperio y, a los cuarenta años de  edad, fue elevado a la sede episcopal de Bamberg. Aquel hambriento estudiante se había convertido en príncipe secular y eclesiástico. 
   Otón era un obispo muy activo. Restauró la catedral de Bamberg, que había sufrido un incendio, él mismo acarreaba piedras y argamasa, y trepaba a los andamios como uno de tantos albañiles. Predicaba al pueblo con mucha frecuencia y daba lecciones de catecismo a los niños. Fundó veinte monasterios, y como por esta razón alguien le llamase despilfarrador, respondió que, "jamás habrá suficientes hospederías para los peregrinos que desde la tierra, caminan hacia la patria celestial". Hermosa respuesta. La principal preocupación del obispo eran los pobres. Cuando un príncipe acudía a él, Otón permanecía sentado, pues por sus venas corría también sangre de príncipes, pero cuando venía a  verle un pobre, se levantaba y le escuchaba de pie, porque en cada pobre veía a Jesucristo.   
   A fin de poder socorrer más a los necesitados, vivía con extrema sencillez y modestia, él mismo se remendaba sus vestidos, se alimentaba casi exclusivamente de pan y legumbres, y como una vez le presentaran un pescado grande y sabrosamente aderezado, preguntó inmediatamente cuánto había costado. "Ocho escudos", le respondieron: "¡Como!, repuso. ¿ocho escudos?. ¡Eso es una barbaridad! ¡Llevároslo! despacharme con un poco de pan". Así era el obispo Otón. 
   Fundó 20  monasterios. Fue también un gran misionero. Por entonces la Pomerania era todavía pagana. Es verdad que con anterioridad otros mensajeros de la fe habían intentado convertir aquélla región, pero sus habitantes despidieron en medio de burlas a aquellos monjes pobres que habían visto venir, diciendo: "Si vuestro Dios, a quien alabáis como el rico y poderoso Soberano de cielos y tierra, fuera verdadero Dios, no os veríamos llegar como mendigos". Tal dijeron los infieles, cegados por su necedad. Por eso Otón siguió un sistema distinto para la evangelización. Llegó al país en medio de gran magnificencia y boato, acompañado de muchos coches atestados de cosas y tirados por magníficos corceles, escoltado por caballeros que lucían esplendentes armaduras y por criados con ricas vestiduras, mientras que él mismo (Que en su casa llevaba vestidos remendados por consideración a los pobres) se presentó con magníficos ornamentos episcopales recamados de oro, con báculo en su mano y mitra ciñendo sus sienes. Esta presentación causó tal efecto entre los habitantes de Pomerania, que todos ellos recibieron el bautismo. Por eso a San Otón se lo denomina con todo derecho el apóstol de los pomeranos, y hasta fines de la  Edad Media los agradecidos pomeranos peregrinaban  todos los años hasta el sepulcro del santo en Bamberg, ciudad donde falleció Otón el día 30 de Junio del año 1139, a los setenta años de edad. 

02/VII/+2019 SANTOS PROCESO Y MARTINIANO, Mártires

2 de julio
SANTOS PROCESO Y MARTINIANOMártires


Cómo se ha de evitar la curiosidad de saber las vidas ajenas 
Hijo, no quieras ser curioso ni tener cuidados impertinentes. 
¿Qué te va a ti de esto o de lo otro? Sígueme tú. ¿Qué te importa
  que aquél sea tal o cual,  o que éste viva o hable de este o del otro modo? (Imitación de Cristo III, 24)

   Entre los muchos cristianos que sufrieron martirio en tiempos del emperador Nerón, los Santos Mártires Proceso y Martiniano gozaron de privilegio singular, y es que fueron bautizados por San Pedro.
   Según narra el cardenal Baronio en sus Anales, apoyándose en diversos martirologios, San Proceso y San Martiniano figuraban entre los soldados que custodiaban a los santos apóstoles Pedro y Pablo en la cárcel Mamertina de Roma, encerrados allí por el emperador Nerón. Se les presenta como soldados probablemente zafios, algo brutos y más que ensombrecidos por la escoria de la sociedad que tienen que soportar cada día en aquella cárcel pestilente. Debió resultarles extraña la presencia de aquellos dos presos que no aúllan ni vociferan como los demás; no insultan ni blasfeman, no maldicen ni amenazan. Más bien les pudieron parecer faltos de razón o trastornados por la sencillez y ensimismamiento que por tanto rato mantenían; y a lo que no encontraban ninguna explicación era a la atención que prestaban a sus compañeros de prisión a los que intentan consolar, atendiéndoles como pueden; hasta han visto que les daban de su comida y que han ayudado a moverse a los que ya ni eso pueden. Y les hablan de bondad, de vivir siempre, de resurrección. Un judío, Cristo, les dará la libertad y la salud. Alguno parece que les escucha con especial atención y lo incomprensible es que con la última remesa de presos que ha llegado por haber incendiado nada menos que la ciudad de Roma, ha cambiado el tono de la cárcel donde empiezan a oírse cantos y hasta sonrisas en los labios resecos por la fiebre, el contagio y el temor. Además, viendo los muchos milagros que obran los santos apóstoles, alumbrados por luz sobrenatural, decidien hacerse cristianos. Proceso y Martiniano, así lo declaran a los apóstoles, manifestándoles su deseo, de recibir e Bautismo. San Pedro los acogió gozosamente y confirmó en su propósito. Según la tradición, como no hubiese allí agua para bautizarlos, hizo la señal de la cruz en la roca que servía de cimiento la cárcel y al momento brotó una fuente que perdura hasta hoy.
Con agua de esta fuente fueron bautizados Proceso y Martiniano así, los soldados de Nerón se convirtieron en intrépidos soldados de Cristo. Con ellos se convirtieron otros 47, atraídos por su ejemplo y decisión.
   El juez Paulino, al ver que se habían hecho cristianos, los hizo prender. Con muchas promesas y halagos intentó persuadirles que no cometieran aquella locura y que adorasen a los dioses del imperio romano, en cuya religión se habían criado, porque así serían honrados y bien tratados. Si no lo hacían, se exponían a perder la honra y la vida.
   Viendo que no podía convencerles por las buenas, mandó torturarles de diversas maneras. Los Santos levantando los ojos al cielo decían: Gloria a Dios en las alturas. Así, con la oración, se animaban y aliviaban.
   Mandó después traer un ídolo de Júpiter para que lo adorasen, lo que rehusaron Proceso y Martiniano. Pasó después Paulino a otros tormentos, entre otros abrasarles con planchas de hierro encendidas. La reacción de los mártires era entonar cánticos al Señor: Sea tu Nombre, Señor, bendito por siempre. Los ángeles te alaben, las criaturas te bendigan.
   Mientras los mártires resistían impávidos, su torturador el juez Paulino murió. Enfurecido su hijo Pomponio, y achacándolo a hechizos y magias de los mártires, dio parte a Nerón, y el emperador encargó a Cesáreo, prefecto de la ciudad, que les hiciese morir. Así se cumplió la sentencia. Fueron degollados en la Vía Aurelia. Era el 2 de julio del año 69.
   Abandonados sus venerables restos en el campo, una santa y noble matrona romana, llamada Lucida, los recogió, los ungió con ungüentos aromáticos y los enterró en una heredad que tenía en las cercanías. Después fueron trasladados a una iglesia que fue edificada en su honor, y por fin, fueron honrosamente colocados en la iglesia dedicada a San Pedro.
   Su sepulcro era muy venerado, y el Señor se servía de la intercesión de estos santos mártires para conceder gracias a sus devotos y realizar muchos milagros entre todos los necesitados que acudían a ellos.
   El Papa San Gregorio decía en una homilía en honor de estos mártires: "A los cuerpos de estos Santos vienen los enfermos, y vuelven sanos. Vienen los que han jurado falso, y son afligidos del demonio. Vienen los endemoniados, y quedan libres. ¿Cómo pensamos que viven estos Santos allá donde de veras viven, pues aquí hacen tantos milagros?". 

02/VII/+2019 VISITACIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

2 de julio
VISITACIÓN DE LA
 
BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA


 
Apenas oyó Isabel el saludo de María, 
exultó el niño en su seno, y fue Isabel 
henchida del Espíritu Santo. (Lucas, 1. 41).

   No bien la Virgen hubo sabido, por boca del ángel que Santa Isabel, su prima, iba a tener un hijo, se dirigió a las montañas de Judea para visitarla. Cuando estas dos santas mujeres se besaron, San Juan exultó de gozo en el seno de su madre y reconoció al Mesías que María llevaba en sus entrañas. En el mismo instante, San Juan Bautista fue purificado del pecado original. y Santa Isabel henchida del Espíritu Santo.


MEDITACIÓN SOBRE LA VISITACIÓN

I. María te enseña hoy qué visitas debes hacer, y cómo debes comportarte en ellas. Va junto a Isabel por caridad y urbanidad: por caridad, porque es para ayudar a Santa Isabel y santificar a San Juan; por urbanidad. porque era su deber visitar a su prima de más edad que ella. No hagas visitas sin que la caridad o la necesidad te obligue a ello; todo lo demás es superfluo o peligroso. Visita a los pobres. a los enfermos y a los prisioneros, es un deber de caridad.
   
II. ¿Cuál es el tema de las conversaciones entre María e Isabel? Apenas se saludaron, como se hace entre parientes, en seguida se pusieron a hablar de Dios. ¿Se parecen tus visitas a ésta? ¿Las burlas, la murmuración, la interpretación maligna de la conducta del prójimo, las palabras de doble sentido, la calumnia, no constituyen, acaso, el fondo de tus conversaciones? Señor, si se os amase en el mundo, no se conversaría en él sino de Vos. Desvía con habilidad los discursos malos que se tienen en tu presencia, y siempre di algo que pueda edificar a tu prójimo. 
   
III. María regresó a su casa una vez que Isabel pudo prescindir de sus servicios. Suprime las visitas ociosas: cuanto más permanezcas en tu casa, tanto meno disipará tu devoción. Es difícil frecuentar las reuniones mundanas sin encontrar en ellas malos ejemplos; y éstos arrastran mucho más que los buenos. Nos sentimos inclinados a imitar a los malos, más fácilmente reproducimos los defectos que las virtudes. (San Jerónimo).

La caridad.
Orad por las religiosas de la Visitación.

ORACIÓN
   Dignaos, os lo suplicamos, Señor, acordar a vuestros servidores el precioso don de la gracia celestial, a fin de que esta fiesta solemne de la Visitación de la Santísima Virgen nos obtenga el acrecentamiento de la paz, así como su alumbramiento ha sido para
nosotros el principio de la salvación. por J. C. N. S. Amén.



*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

01/VII/+2019 BENEDICTO XVI: “HAY UN SOLO PAPA, FRANCISCO”

22 de junio de 2019 - Ya sea que lo sigan considerando "papa" o no, toda esta farsa sólo conduce a una cosa, que es presumiblemente el objetivo real: el de prolongar el apego de los fieles conciliares a la Iglesia del Novus Ordo, ya sea por medio de Francisco o por medio de Benedicto. No importa cuál de los dos sea su verdadero "Papa", es seguro de que solo obtendrán una cosa: más Vaticano II ."



BENEDICTO XVI: “HAY UN SOLO PAPA, FRANCISCO”
Aunque prometió ser inaccesible para el mundo después de su partida el 28 de febrero de 2013, de alguna manera el "Papa Emérito", como se llama a sí mismo, no puede abstenerse de hablar en público, al igual que su poco glorioso sucesor.
P. Joseph Ratzinger , el modernista alemán que engañó al mundo interpretando al "Papa Benedicto XVI" de 2005 a 2013, ha concedido una entrevista al periódico italiano Corriere della Sera, que se publicó hoy, 28 de junio. Aparentemente, en respuesta a la continua confusión que ha provocado en el Novus Ordo su semi-retiro, especialmente a la luz de lo que ha ocurrido desde entonces, Benedicto XVI ha afirmado una vez más: "Hay un solo Papa, y ese es Francisco" ( Il Papa è uno, Francesco ), según lo informado por la Edición italiana de noticias del Vaticano.
Algunos medios de comunicación de habla inglesa también han cubierto la entrevista:
Massimo Franco, el periodista que realizó la entrevista, señala lo que él llama "la obsesión de Benedicto con la unidad de la Iglesia" y dice que "es más grave que nunca". En julio de 2017, Benedicto había provocado un alboroto cuando declaró en una mensaje leído en el funeral del "Cardenal" Joachim Meisner que "el Señor no abandona su Iglesia, incluso cuando el barco ha tomado tanta agua como para estar al borde de volcar" ( fuente ).
La última afirmación de Ratzinger de que solo hay un Papa, y no es él, sino Bergoglio, no perturba a los Resignacionistas (los que insisten en que la renuncia de Benedicto no era válida y, por lo tanto, él, no Francisco, es Papa), no hace falta decirlo. Ann Barnhardt se apresuró a señalar que Benedicto simplemente se equivoca acerca de su propio estado (aunque de alguna manera aún deja de lado las "insinuaciones" ocasionales de que sigue siendo Papa, guiño , ¡guiño! ), Mientras que Bro. Alexis Bugnolo básicamente sostiene que no importa lo que Benedicto diga o piense acerca de su intento de renuncia de todos modos. No hay palabra todavía, por lo que hemos visto, de "P." Paul Kramer, Louie Verrecchio o Antonio Socci. El año pasado, Socci publicó un libro en el que argumenta el caso de la invalidez de la renuncia de Benedicto. Se ha publicado una traducción al inglés de este libro, aunque el título se ha debilitado un poco:
El subtítulo original es "Por qué sigue siendo Papa" ( Perché è ancora Papa ), que según los informes el autor luchó para conservar, sin éxito , para la edición en inglés.
Por supuesto, si alguien es responsable de causar confusión sobre el estado de Benedicto XVI o cuántos Papas (supuestamente) hay actualmente, es el Padre. Ratzinger mismo. Si simplemente hubiera vuelto a jugar al "Cardenal" Ratzinger, nada de esto sería un problema. En cambio, hizo que su secretario privado, el herético "Arzobispo" Georg Ganswein , declarara en un discurso en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma el 21 de mayo de 2016, que ahora hay " de facto un ministerio [papal] ampliado - con un activo y un miembro contemplativo ”, donde Benedicto asume el rol contemplativo, y es facil adivinar quién es el miembro activo . Además, su vestimenta sigue siendo la sotana papal junto con el solideo blanco, e incluso retiene el título "Su Santidad" junto con el nombre que eligió, todo esto no ayuda a disipar la confusión, exactamente.
En una carta al "Cardenal" Walter Brandmuller , fechada el 9 de noviembre de 2017, Ratzinger afirmó que con su extraño circo emérito "he intentado crear una situación en la que soy absolutamente inaccesible para los medios de comunicación y en la que está completamente claro que solo hay un papa ” .
Pero a pesar de cualquier aclaración, calificación o declaración posterior al hecho, la verdad es que este problema no desaparecerá, al menos no mientras Benedicto XVI siga vivo. A la edad de 92 años, sin embargo, todo esto pronto puede ser un punto discutible. Aún así, predecimos que después de la muerte de Benedicto, habrá algunos Resignacionistas firmes que, en lugar de aceptar a Francisco, o convertirse en sedevacantistas, encontrarán un “Benedicto XVII ” al que adherirse (suponemos que será “Abp”. Ganswein o el “cardenal” Angelo Scola , pero eso está por verse).
En cualquier caso, toda esta farsa solo conduce a una cosa, que es presumiblemente el objetivo real: el de prolongar el apego de los fieles conciliares a la Iglesia del Novus Ordo, ya sea por medio de Francisco o por medio de Benedicto. No importa cuál de los dos sea su verdadero"Papa", es seguro de que solo obtendrán una cosa: más Vaticano II.
Fuente de la imagen: shutterstock.com

TOMADO DE: CATÓLICOS ALERTA

01/VII/+2019 SAN SIMEÓN, Labrador y Ermitaño

1º de julio
SAN SIMEÓNLabrador y Ermitaño

   Labrador y ermitaño, en uno de los refugios del norte del Ebro (España), durante los difíciles tiempos de la Reconquista de España a los musulmanes. Nació en Cabredo (Navarra), vive piadosamente al amparo de un monasterio benedictino junto a la sierra de Codés y muere en Azuelo, donde se conservan sus restos. Y donde es tan invocado como protector de aquellos campos, especialmente hoy, día de su fiesta.

01/VII/+2019 SAN TEODORICO, Abad

1° de Julio
SAN TEODORICO, Abad
(533)




   “Dios nunca manda lo imposible, pero nos ordena hacer lo
que podemos, y pedir lo que no está en nuestra mano hace
r”.
(San Agustín.)


   San Teodorico nació en el distrito de Reims. El mismo día de su boda se dio cuenta de que tenía vocación religiosa. Fue ordenado sacerdote en la época de San Remigio, Obispo de Reims, quien le encargó fundar una comunidad religiosa en "Mont d'Or", cerca de Reims, de la cual fue el primer abad. Llegó a ser famoso por las conversiones que obró exhortando a hacer penitencia a los pecadores. Uno de los días más felices de su vida fue cuando vio llegar a su propio padre, al que había convertido, pidiendo entrar en el noviciado, perseverando  en sus buenos propósitos, murió en el monasterio fundado por su hijo. El milagro de Teodorico más comentado fue el de curar milagrosamente, con sólo tocarlo, al rey Teodorico I de una enfermedad de los ojos. San Teodorico murió el 1 de julio del año 533.



*Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

01/VII/+2019 SAN SERVANDO, Monje

1º de Julio
SAN SERVANDOMonje
(Siglo VI o VII)

Dejemos que nuestros ojos derramen ríos
de lágrimas en esta vida, para que no
vayamos al sitio en que las lágrimas
alimentan el fuego de la tortura.

(Macario)

Evangelizó la costa oriental de Escocia y allí fundó un monasterio sobre el emplazamiento de la actual villa de Culrose, condado de Fife. Siempre vivieron los monjes en la más absoluta pobreza, tanto que hubo años en los que ni siquiera podían celebrar dignamente la Navidad.

01/VII/+2019 SAN SIMEÓN SALUS

1º de Julio
SAN SIMEÓN SALUS
(522-590 aprox.)


   
   
La historia de Simeón Salus (que en Sirio significa "el loco") se ha traducido al castellano, está prácticamente olvidada por los siglos transcurridos y por los cientos de personajes canonizados por al iglesia católica. Encontrar sus rastros no es fácil, pues ni siquiera los más ancianos sacerdotes o religiosos tienen algún antecedente de este curioso santo nombrado como el Santo protector de los titiriteros. Difícil descubrir si realmente manipuló algún muñeco, pero si es fácil determinar que él fue realmente un titiritero de si mismo.
   Se ha observado en algunas ocasiones que una dosis de locura es una característica de la santidad. La Santidad va mucho más allá que la simple virtud, don razonable para el pensamiento humano, pues no asombra ni desconcierta como la santidad. Un santo va mucho más lejos que un hombre virtuoso, penetrando en regiones misteriosas del raciocinio de la mayoría de las personas, pues ellas ven sus acciones exteriores, sin percatarse de las fuerzas interiores, aquellas impulsadas por el alma y que no son percibidas por la mirada de los demás; no comprenden el sentido profundo que ellas tienen, considerándolo un loco y burlándose de él. Es que todo aquello que rebasa lo común provoca la burla y la risa de los pragmáticos incapaces de sobrepasar los límites impuestos por la razón y la lógica. Estas leyes generales se pueden aplicar de manera directa y particular a la vida de Simeón Salus, cuya vida parece ser el modelo más apropiado para confirmar esta condición.
   Lo que se conoce de este hombre en la actualidad no es mucho. Se cuenta en antiguos libros que tratan la vida de los santos que el camino a la santidad, o el llamado a esta vida diferente se inicia en la época de Domiciano, siendo un muchacho. Un buen día que regresaba junto a su inseparable amigo Juan de una peregrinación a Jerusalén luego de visitar los santos lugares, retornaban a su tierra natal por el valle de Jericó. Al pasar por la orilla del Río Jordán, se encontraron con un conjunto de monasterios que proliferaban al borde de este río consagrado por Jesucristo.
   Juan interrogó a Simeón: -¿Sabes quien vive allí?- apuntando las edificaciones de los monasterios. Y sin esperar respuesta espetó: -¡Son ángeles revestidos de apariencia humana!
   -¿Se les puede ver? Preguntó Simeón.
   -Si,- respondió el amigo- Siempre y cuando se les quiera imitar. Y señalando la bifurcación del camino que llevaba hacia los conventos o al regreso de sus hogares le dijo: -He aquí el camino de la vida; nosotros vamos por el camino de la muerte.
   - Inmediatamente Simeón cambió de dirección dirigiéndose a los claustros, simbolizando con este cambio repentino de sendero, un cambio de toda su existencia.
   - Ambos jóvenes llegaron a la puerta del primer monasterio y llamaron a la puerta. Era el Monasterio del Abate Jerásimo, donde moraba el célebre Nicón el anciano, hombre de gran autoridad, pues se comentaba que tenía la facultad de hablar con Dios. Su experiencia en las cosas divinas le daban al anciano una gran autoridad por sobre todos los religiosos que no eran pocos- de la región.
   - Juan y Simeón solicitaron vestir el hábito de novicios para poder permanecer en el claustro, petición que fue rechazada a pesar de las súplicas y ruegos de los jóvenes para ser aceptados. Es que Nicón había sido advertido de la llegada de ambos muchachos por una revelación espiritual, sin embargo quiso poner a prueba la vocación que los impulsaba. Fueron tantos los requerimientos que sobre ellos apareció una aureola para que el anciano les otorgase por fin, la vestidura solicitada.
   Al cabo de dos días la aureola desapareció y Simeón dijo a Juan: -¡Creo que Dios no nos quería aquí mas que por un momento!
   - Se enfrentaron nuevamente con Nicón y le solicitaron autorización para vivir solos y sin contacto alguno con el resto de los humanos. El anciano conociendo interiormente la pureza de sus deseos, les dio la bendición y ambos novicios tomaron el camino que les llevaba al Mar Muerto.
   Después de mucho caminar, llegaron a la solitaria celda de un ermitaño monje que hacia poco tiempo había fallecido. Era el lugar perfecto para alejarse absolutamente de la vida pagana de los habitantes del mundo.
   - En ese estrecho lugar se instalaron a orar y meditar.
   - Y allí pasaron veintinueve años.
   - Transcurridos casi tres decenios, Simeón tuvo una manifestación divina y le contó a Juan: -Dios me ha advertido nuevamente. Quiere que, de aquí en adelante, hable a los hombres.
   - Juan se espantó pensando en que su amigo había tenido una ilusión solamente e intentó hacerle cambiar de opinión para continuar en su compañía el retiro prolongado por tantos años ya. Simeón defendió con tanta vehemencia, sabiduría y claridad su proyecto, que el inseparable amigo comprendió que la inminente separación estaba realmente inspirada en la voluntad de Dios.
   - Partió Simeón, no sin antes prometerle a su compañero que regresaría para verle, aunque sea solo momentos antes de morir.
   - Y esta vez Simeón, por primera vez tuvo que caminar solo, sin su entrañable compañero.
Primero dirigió los pasos a Jerusalén, donde estuvo orando con vehemencia y fervor durante tres días, pidiéndole al Señor de los Cielos que ocultara a los ojos de los hombres los favores que pudiera hacerles, que al menos no se percataran de todos las bondades, mercedes y favores que por su intercesión, Dios pudiese ejecutar. Y en su desvarío rogó en su oración que, si fuera necesario, estaba dispuesto a pasar por loco para que los demás no reconocieran su sacrificio.
   - Tan extraña petición en la ferviente oración de Simeón fue escuchada por el Supremo Hacedor, pues desde ese día la vida de Simeón trastornó las costumbres de todos los hombres e incluso influyó en la vida de los Santos posteriores a él.
   - Con el mismo tesón que había puesto para apartarse de todos los seres humanos, ahora usó ese tesón para convivir con ellos, acompañarlos y entenderlos. Pero no para estar con los hombres de alcurnia que bullían al alero de la iglesia, sino que con los marginales, los pecadores, los perversos y miserables que proliferaban en medio del Siglo VI.
   - Parecía que no sabía elegir a los hombres apropiados, los momentos oportunos, ni menos los lugares pertinentes, para que un religioso se presentara, pero allí es donde intuía que era necesaria su presencia. Se caracterizaba por predicar en los lugares mas inapropiados sin esquivar aventuras ni situaciones comprometedoras. Jamás tomaba las precauciones que cualquier hombre de fe y comprometido con la palabra de Dios debía tomar, confiado en el vaticinio que le realizara Nicón en una aparición, cuando el anciano ya estaba muerto, prometiéndole que los peligros de la carne no existirían para él. Esta convicción le llevaba a alternan alegremente con ladrones, prostitutas, hombres y mujeres de escabrosa vida sin importarle las consecuencias, pero que con francas y sencillas conversaciones, momentos de silencios o con acciones concretas de caridad, Simeón lograba conversiones que ni las mas sublimes prédicas jamás lograrían.
   En esos terribles momentos de común unión con los marginados es que su sabiduría y santidad se disfrazaban como la acción de un entrometido y un desquiciado que afortunadamente los hombres decentes y honorables no entendían, pero que proporcionaban una gran ayuda, a los mas menesterosos.
   Su presencia llevaban tranquilidad, consuelo y esperanza a los olvidados de la última fila.
   Simeón era un perturbado con extrañas costumbres, pero que producía un efecto maravilloso que estaba oculto a la mirada de sus semejantes.
   Cuando parecía que su santidad quedaría al descubierto, siempre alguna cosa inesperada mantendría ocultas sus bondades detrás de la apariencia de necedades.
   Tenía premoniciones que se preocupaba de ocultar como los actos de un perturbado. En cierta ocasión, anticipándose a un fuerte temblor de tierra que destruyó a la ciudad de Antioquia, entró en un edificio público con un látigo en la mano azotando con él determinadas columnas, ordenándoles:   -¡Tú no te muevas. Tu señor te ordena que permanezcas firme!- Excepto a una columna que le dijo: -¡Tú no te caerás ni permanecerás en pie!.
   Todas las columnas resistieron el terremoto salvando muchas vidas, salvo la última que quedó inclinada y semi-hundida.
   En otra ocasión entró en una escuela donde nadie lo conocía y saludó con mucho cariño y respeto a algunos de los niños. Volviéndose al maestro le advirtió: -Cuidado con maltratarles, les quiero mucho y pronto emprenderán un largo viaje. El maestro tomó la visita como la de un enajenado mental, pero al poco tiempo una peste atacó a la ciudad y todos los niños que Simeón había saludado, murieron por la enfermedad.
   Se cuenta también que en una oportunidad, el diácono de la iglesia de Emera, a pesar de ser muy duro de corazón, le dio albergue tal vez conmovido por su aspecto de loco. En esos días fue acusado de asesinato y todas las pruebas inculpaban al benefactor de Simeón, siendo condenado a la horca. En el mismo momento de la ejecución, ya en el patíbulo y con la soga anudada al cuello, llegaron dos jinetes a galope tendido, gritándole al verdugo que detenga la ejecución pues el verdadero asesino había sido descubierto. Una vez en libertad, el diácono se encuentra con Simeón y ve sobre la cabeza del santo dos globos de fuego; Simeón le dice: -Da gracias a Dios por tu fortuna, pero acuérdate de los dos pobres que te pidieron ayuda y tú te negaste a socorrerlos pudiendo hacerlo. Esa verdadera culpa ha sido la causa de que te acusaran de un crimen que no cometiste.
   Y el hombre recordó que unos días antes de recibir a Simeón, le había negado el asilo a dos miserables que golpearon a su puerta.
   Todas estas virtudes sobrenaturales permanecieron ocultas durante su vida, como cuando un hombre rico y poderoso fue desenmascarado por Simeón, enrostrándole acciones indebidas cometidas secretamente por el individuo, incluso recordándole hasta sus malas intenciones que solo quedaban en su pensamiento y que absolutamente nadie más podía conocer. El hombre después del estupor y la ira producto de la impertinencia, se estremeció al reconocer estar frente a un profeta iluminado por Dios. Y queriendo contar a los cuatro vientos los prodigios de Simeón, su lengua quedó inmóvil y no volvió a recuperar el habla.
   En estas condiciones fue respetado el deseo del Santo de no ser reconocidas sus virtudes en vida. Acercándose el día de su muerte, fue prevenido interiormente y regresó a la soledad para cumplir la promesas hecha a su amigo Juan; la de visitarlo antes de morir.
   Cuando volvieron a juntarse ambos amigos, se abrazaron emocionados y compartieron sus experiencias místicas de los años que vivieron alejados.
   Al anochecer, Simeón se levantó y se dirigió a su antigua celda, habitación que ocupó por 29 años y le rogó a Juan que no entrara en ella hasta el segundo día, encerrándose en la cuarto. Simeón quiso ocultar en este acto, su muerte a los ojos de los humanos, incluso a los ojos de su amigo Juan. No quería exponer ni siquiera su muerte a la curiosidad de los demás al igual que como ocultó celosamente las intenciones de su vida virtuosa. Y como queriendo engañar a los demás, aún después de muerto, cuando Juan entró a la celda pasado los dos días acordados, el lugar estaba deshabitado. Es que Simeón, quizás en su último arranque de locura, o quizás por que extraño motivo, se había escondido debajo de los sarmientos y hojas que le servían de colchón para morir en paz.
   Su muerte habría pasado desapercibida sino es por los sucesos que se afirma, acaecieron en sus funerales. Juan, junto a unos pocos religiosos llevaron su cuerpo al cementerio e los peregrinos en el pueblo de Emera, cercano al lugar de su muerte, donde sería sepultado sin honores ni grandes despedidas, cuando de pronto resonaron en los aires voces celestiales. Eran los ángeles que cantaban su despedida ya que los hombres no le cantaban al Santo que había partido.
   Asombrados de tal prodigio, los habitantes de las vecindades salieron del ensueño. Se acordaron de las profecías de Simeón y recordaron las virtudes del que había vivido entre ellos como un loco, sin que ellos vieran su santidad. De acuerdo a las costumbres de los hombres, quienes lo ignoraron y se burlaron de él en vida, lo lloraron muerto reconociendo sus virtudes.
   Tal como en la oración lo había solicitado, Simeón no fue reconocido por sus contemporáneos, representando siempre al personaje que él adoptó: un loco que siempre estuvo ocultando al santo que estaba detrás de él.
   Sólo cuando cayó el telón, quienes vieron la magnífica actuación, reconocieron la maravillosa obra de un Santo que se adelantó a los siglos: San Simeón Salus, patrono de los titiriteros.



*Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

01/VII/+2019 SAN GALO, Obispo y Confesor

1º de Julio
SAN GALO
Obispo y Confesor

Ofrezcamos siempre a Dios un sacrificio de alabanza. (Hebreos, 13, 15).

   San Galo huyó de la casa paterna porque sus padres querían hacerlo casar con la hija de un senador y entró en un monasterio de Cournon. Designado para suceder San Quinciano en la sede de Clermont, dio a su pueblo el ejemplo de una piedad angélica y de una dulzura inalterable. Un hombre brutal lo hirió en la cabeza y el santo sufrió esta afrenta sin dar la menor señal de emoción, y con este acto de paciencia desarmó la có1era de su agresor. Murió hacia el año 552.

MEDITACIÓN SOBRE TRES CLASES
DE SACRIFICIOS

I. El sacrificio es un acto sumamente agradable a Dios, porque es un homenaje tributado a su absoluto dominio sobre todas las creaturas. Ofrece a Dios en sacrificio tu cuerpo; inmólale todos los placeres de tus sentidos. Abstente no sólo de los placeres ilícitos, sino también de los que te están permitidos. Acostúmbrate a mortificarte en las ocasiones pequeñas, y no te costará hacerlo en las grandes. Dios mío, os sacrifico todos mis placeres y deposito mi ofrenda al pie de vuestra cruz.
   
II. Sacrifica a Dios tu corazón, porque a Dios agrada el sacrificio de un corazón contrito y humillado. Que tu corazón no tenga amor sino por Dios, que no desee sino su gloria, que no anhele sino su cruz, que no suspire sino por el cielo. Alma mía, no ignoras que todas las creaturas son incapaces de contentar tus deseos: no serás feliz sino cuando seas toda de Dios. Dios mío, Vos no despreciáis el sacrificio de un corazón contrito y humillado. (Salmista).
  
III. A fin de que tu sacrificio sea completo, ofrece a Dios tu propia voluntad: ella es la fuente de todos tus males. Reprímela, pues, quebrántala en toda coyuntura: la victoria más gloriosa que puedes obtener es la de vencerte a ti mismo. Que la voluntad del Señor y la de los que te mandan en su nombre sea la regla única y soberana de tu conducta. Dios mío, aceptad mi sacrificio; quiero que mi voluntad esté en un todo conforme con la vuestra. Que la propia voluntad desaparezca, y ya no habrá infierno. (San Bernardo).

La abnegación de sí mismo
Orad por los sacerdotes. 

ORACIÓN
   Dios omnipotente, haced que la augusta solemnidad del bienaventurado Galo, vuestro confesor pontífice, acreciente en nosotros la piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

01/VII/+2019 FIESTA DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESÚS

1° de Julio
FIESTA DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


   
   ¡Canta, lengua, el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa de Cristo; de esa Sangre, fruto de un seno generoso, que el Rey de las gentes derramó para rescate del mundo: "in mundi praetium"!
   Pero, antes de que la lengua cante gozosa y el corazón se explaye en afectos de gratitud y amor, es necesario que medite la inteligencia las sublimidades del Misterio de Sangre que palpita en el centro mismo de la vida cristiana.
   Hay tres hechos que se dan, de modo constante y universal, a través de la historia del hombre: la religión, el sacrificio y la efusión de sangre.
   Los más eminentes antropólogos han considerado la religiosidad como uno de los atributos del género humano. La función céntrica de toda forma religioso-social ha sido siempre el sacrificio. Este se presenta como la ofrenda a Dios de alguna cosa útil al hombre, que la destruye en reconocimiento del supremo dominio del Señor sobre todas las cosas y con carácter expiatorio. Por lo que se refiere a la efusión de sangre, observamos que el sacrificio -al menos en su forma más eficaz y solemne- importa la idea de inmolación o mactación de una víctima, y, por lo mismo, el derramamiento de sangre, de modo que no hay religión que, en su sacrificio expiatorio, no lleve consigo efusión de sangre de las víctimas inmoladas a la divinidad.
   La sangre es algo que repugna y aparta, sobre todo si se trata de sangre humana. Sin embargo, en los altares de todos los pueblos, en el acto, cumbre en que el hombre se pone en relación con Dios, aparece siempre sangre derramada.
   Así lo hace Abel, a la salida del paraíso (Gen. 4, 4), y Noé, al abandonar el arca (Gen. 8, 20-21). El mismo acto repite Abraham (Gen. 15, 10). Y sangre emplea Moisés para salvar a los hijos de Israel en Egipto (Ex. 12, 13), para adorar a Dios en el desierto (Ex. 14, 6) y para purificar a los israelitas (Heb. 9, 22). Una hecatombe de víctimas inmoladas solemnizó la dedicación del templo de Salomón.
   Y no es sólo el pueblo escogido el que hace de la sangre el centro de sus funciones religiosas más solemnes, sino que son también los pueblos gentiles; en ellos encontramos igualmente víctimas y altares de sacrificio cubiertos de sangre, como lo cuentan Homero y Herodoto en la narración de sus viajes.
   Adulterado el primitivo sentido de la efusión de sangre, en el colmo de la aberración, llegaron los pueblos idólatras a ofrecer a los dioses falsos la sangre caliente de víctimas humanas. Niños, doncellas y hombres fueron inmolados, no sólo en los pueblos salvajes, sino también en las cultas ciudades. Y todavía, cuando los conquistadores españoles llegaron a Méjico, quedaron horripilados a la vista de los sacrificios humanos. Los sacerdotes idólatras sacrificaban anualmente miles de hombres, a los que, después de abrirles vivos el pecho, sacaban el corazón palpitante para exprimirlo en los labios del ídolo,
   El hecho histórico, constante y universal, del derramamiento de sangre como función religiosa principal de los pueblos encierra en sí un gran misterio, cuya clave para descifrarlo se halla entre dos hechos también históricos, uno de partida y otro de llegada, de los que uno plantea el tremendo problema y el otro lo resuelve, para alcanzar su punto culminante en el "himno nuevo”, que eternamente cantan los ancianos ante el Cordero sacrificado (Apoc. 7, 14), al que rodean los que, viniendo de la gran tribulación, lavaron y blanquearon sus túnicas en la Sangre del Cordero (ibid.), y vencieron definitivamente, por la virtud de la Sangre, al dragón infernal (cf. Apoc. 12, 11).
   El pecado original creó un estado de discordia y enemistad entre Dios y el hombre. Consecuencia del pecado fue la siguiente: Dios, en el cielo, ofendido; el hombre, en la tierra, enemigo de Dios, y Satanás, "príncipe de este mundo" (lo. 12, 31), al que reduce a esclavitud.
   En la conciencia del hombre desgraciado quedó el recuerdo de su felicidad primera, la amargura de su deslealtad para con el Creador, el instinto de recobrar el derecho a sus destinos gloriosos y el ansia de reconciliarse con Dios.
   ¡Y surge el fenómeno misterioso de la sangre! El hombre siente en lo más íntimo de su naturaleza que su vida es de Dios y que ha manchado esta vida por el pecado original y por sus crímenes personales. La voz de la naturaleza, escondida en lo íntimo de su conciencia, le exige que rinda al supremo Hacedor el homenaje de adoración que le es debido, y, después de la caída desastrosa, le reclama una condigna expiación. Adivina el hombre la fuerza y el valor de la sangre para su reconciliación con Dios, pues en la sangre está la vida de la carne, ya que la sangre es la que nutre y restaura, purifica y renueva la vida del hombre; sin ella, en las formas orgánicas superiores, es imposible la vida: al derramarse la sangre sobreviene la muerte.
   Por otra parte, si en la sangre está la vida -vida que manchó el pecado-, extirpar la vida será borrar el pecado. De ahí que el hombre, llevado por su instinto natural, se decide a "hacer sangre", eligiendo para este oficio a "hombres de sangre", como han llamado algunas razas a sus sacerdotes, para que, con los sacrificios cruentos, rindan, en nombre de todos, homenaje y expiación a la divinidad. Dios mostró su agrado por estos sacrificios (Gen. 4, 4; 8, 21) y consagró con sus mandatos esta creencia al ordenar el culto del pueblo hebreo (Lev. 1, 6; 17, 22).
   La sangre, por representar la vida, fue entonces elegida como el instrumento más adecuado para reconocer el supremo dominio de Dios sobre la vida y sobre todas las cosas y para expiar el pecado. Por eso Virgilio, al contemplar la efusión de sangre de la víctima inmolada, dirá poéticamente que es el alma vestida de púrpura la que sale del cuerpo sacrificado (Eneida, 9,349).
   Pero como el hombre no podía derramar su propia sangre ni la de sus hermanos, buscó un sustituto de su vida en la vida de los animales, especialmente en la de aquellos que le prestaban mayor utilidad, y los colocó sobre los altares, sacrificándolos en adoración y en acción de gracias, para impetrar los dones celestes y para que le fueran perdonados sus pecados. He aquí descifrado el misterio del derramamiento de sangre. Su universalidad hace pensar si sería Dios mismo el que enseñara a nuestros primeros padres esta forma principal del culto religioso.
   Los sacrificios gentílicos, aun en medio de sus aberraciones, no eran otra cosa que el anhelo por la verdadera expiación. Por eso se ofrecían animales inmaculados o niños inocentes, buscando una ofrenda enteramente pura. Pero vana era la esperanza de reconciliación con Dios por medio de los animales: no hay paridad entre la vida de un animal y el pecado de un hombre (cf. Heb. 10, 4). Era inútil para ello la efusión de sangre humana, de niños y doncellas, que eran sacrificados a millares: no se lava un crimen con otro crimen, ni se paga a Dios con la sangre de los hombres.
   Quedaban los sacrificios del pueblo judío, ordenados y queridos por Dios, pero en ellos no había más que una expiación pasajera e insuficiente.
   Los sacrificios judaicos, especialmente el sacrificio del Cordero pascual y el de la Expiación, tenían por fin principal anunciar y representar el futuro sacrificio expiatorio del Redentor (Heb. 10, 1-9). Estos sacrificios no tenían más valor que su relación típica con un sacrificio ideal futuro, con una Sangre inocente y divina que había de derramarse para nivelar la justicia de Dios y poner paz entre Él y los hombres (cf. Cor, 2, 17). Todo el Antiguo Testamento estaba lleno de sangre, figura de la Sangre de Cristo, que había de purificarnos a todos y de la que aquélla recibía su eficacia. Los sacrificios del Antiguo Testamento eran, en efecto, de un valor limitado, pues su eficacia se reducía a recordar a los hombres sus pecados y a despertar en ellos afectos de penitencia, significando una limpieza puramente exterior, por medio de una santidad legal, que se aviniera con las intenciones del culto, pero que no podía obrar su santificación interior.
   Por lo demás, Dios sentía ya hastío por los sacrificios de animales, ofrecidos por un pueblo que le honraba con los labios, pero cuyo corazón estaba lejos de Él (cf. Mt. 15, 8). "¡Si todo es mío! ¿Por qué me ofrecéis inútilmente la sangre de animales, si me pertenecen todos los de las selvas? No ofrezcáis más sacrificios en vano" (Is. 1, 11-13; 40, 16; Ps. 49, 10).
   Para reconciliar al mundo con Dios se necesitaba sangre limpia, incontaminada; sangre humana, porque era el hombre el que había ofendido a Dios; pero sangre de un valor tal que pudiera aceptarla Dios como precio de la redención y de la paz; sangre representativa y sustitutiva de la de todos los hombres, porque todos estaban enemistados con Dios. ¡Ninguna sangre bastaba, pues, sino la de Cristo, Hijo de Dios!
   Esta sola es incontaminada, como de Cordero inmaculado (1 Petr. 1, 19); de valor infinito, porque es sangre divina; representativa de toda la sangre humana manchada por el pecado, porque Dios cargará a este, su divino Hijo, todas las iniquidades de todos los hombres (Is. 53, 6).
   Si los hombres tuvieron facilidad para venderse, observa San Agustín, ahora no la tenían para rescatarse; pero aún más, no tenían siquiera posibilidad de ello. Y el Verbo de Dios, movido por un ímpetu inefablemente generoso de amor, al entrar en el mundo le dijo al Padre: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito; holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron; entonces dije: Heme aquí presente" (Heb. 10, 5-7). Y ofreciendo su sacrificio, con una sola oblación, la del Calvario, perfeccionó para siempre a los santificados (Heb. 10, 12-14). Y el hombre, deudor de Dios, pagó su deuda con precio infinito; alejado de Él, pudo acercarse con confianza (Heb. 10, 19-22); degradado por la hecatombe de origen, fue rehabilitado y restituido a su primitiva dignidad. Se había acabado todo lo viejo; la reconciliación estaba hecha por medio de Jesucristo; Dios y el hombre habían sido puestos cerca por la Sangre de Cristo Jesús. Todo había sido reconciliado en el cielo y en la tierra por la Sangre de la Cruz (2 Cor. 5, 18-19; Eph. 2, 16; Col. 1, 20).
   La sangre real de Cristo (Lc. 1, 32; Apoc. 22, 16), divina y humana, sangre preciosa, precio del mundo, había realizado el milagro. El rescate fabuloso estaba pagado. "Nada es capaz de ponérsele junto para compararla, porque realmente su valor es tan grande que ha podido comprarse con ella el mundo entero y todos los pueblos" (San Agustín).
   Pudo Jesucristo redimir al mundo sin derramar su Sangre; pero no quiso, sino que vivió siempre con la voluntad de derramarla por entero. Hubiera bastado una sola gota para salvar a la humanidad; pero Jesús quiso derramarla toda, en un insólito y maravilloso heroísmo de caridad, fundamento de nuestra esperanza.
   ¡Oh generoso Amigo, que das la vida por tus amigos! ¡Oh Buen Pastor, que te entregaste a la muerte por tus ovejas! (lo. 15, 13: 10, 15). ¡Y nosotros no éramos amigos, sino pecadores! Jesucristo se nos presenta como el Esposo de los Cantares, cándido y rubicundo; por su santidad inmaculada, mas blanco que la nieve; pero con una blancura como la de las cumbres nevadas a la hora del crepúsculo, siempre rosada por el anhelo, por la voluntad, por el hecho inaudito de la total efusión de su Sangre redentora.
   "¡Sangre y fuego, inestimable amor!", exclamaba Santa Catalina de Siena. "La flor preciosa del cielo, al llegar la plenitud de los tiempos, se abrió del todo y en todo el cuerpo, bañada por rayos de un amor ardentísimo. La llamarada roja del amor refulgió en el rojo vivo de la Sangre" (SAN BUENAVENTURA, La vid mística, 23).
   Las tres formas legítimas de religión con las que Dios ha querido ser honrado a lo largo de los siglos (patriarcal, mosaica y cristiana) están basadas en un pacto que regula las relaciones entre Dios y el hombre; pacto sellado con sangre (Gen. 17, 9-10,13; Ex. 24, 3-7,8; Mt. 26, 8; Mc. 14, 24: Lc, 22, 20; 1 Cor. 11, 25). La Sangre purísima de Jesucristo es la Sangre del Pacto nuevo, del Nuevo Testamento, que debe regular las relaciones de la humanidad con Dios hasta el fin del mundo.
   Cada uno de estos pactos es un mojón de la misericordia de Dios, que orienta la ruta de la humanidad en su camino de aproximación a la divinidad: caída del hombre, vocación de Abraham, constitución de Israel, fundación de la Iglesia.
   Todo pacto tiene su texto. El texto del Nuevo Testamento es el Evangelio en su expresión más comprensiva, que significa el cúmulo de cosas que trajo el Hijo de Dios al mundo y que se encierran bajo el nombre de la "Buena Nueva". Buena Nueva que comprende al mismo Jesucristo, alfa y omega de todo el sistema maravilloso de nuestra religión; la Iglesia, su Cuerpo Místico, con su ley, su culto y su jerarquía; los sacramentos, que canalizan la gracia, participación de la vida de Dios, y el texto precioso de los sagrados Evangelios y de los escritos apostólicos, llamados por antonomasia el Nuevo Testamento, luz del mundo y monumento de sabiduría del cielo y de la tierra.
   Además, el Pacto lleva consigo compromisos y obligaciones que Cristo ha cumplido y sigue cumpliendo, y debe cumplir también el cristiano. Antes de ingresar en el cristianismo y de ser revestidos con la vestidura de la gracia hicimos la formalización del Pacto de sangre, con sus renuncias y con la aceptación de sus creencias. "¿Renuncias?... ¿Crees?..., nos preguntó el ministro de Cristo. "¡Renuncio! ¡Creo!" "¿Quieres ser bautizado?" "¡Quiero!" Y fuimos bautizados en el nombre de la Trinidad Santísima y en la muerte de Cristo, para que entendiéramos que entrábamos en la Iglesia marcados con la Sangre del Hijo de Dios. Quedó cerrado el pacto, por cuyo cumplimiento hemos de ser salvados. “La Sangre del Señor, si quieres, ha sido dada para ti; si no quieres, no ha sido dada para ti. La Sangre de Cristo es salvación para el que quiere, suplicio para el que la rehusa" (Serm. 31, lec.9, Brev. in fest. Pret. Sanguinis).
   El pacto de paz y reconciliación tendrá su confirmación total en la vida eterna. "Entró Cristo en el cielo -dice Santo Tomás- y preparó el camino para que también nosotros entráramos por la virtud de su Sangre, que derramó en la tierra" (3 q.22 a.5).
   "No os pertenecéis a vosotros mismos. Habéis sido comprados a alto precio. Glorificad, pues, y llevad a Dios en vuestro cuerpo", advierte San Pablo (1 Cor. 6, 19.20). Glorificar a Dios en el propio cuerpo significa mantener limpia y radiante -por una vida intachable y una conducta auténticamente cristiana- a imagen soberana de Dios, impresa en nosotros por la creación, y la amable fisonomía de Cristo, grabada en nuestra alma por medio de los sacramentos. Si nos sentimos débiles, vayamos a la misa, sacrificio del Nuevo Testamento, y acerquémonos a la comunión para beber la Sangre que nos dará la vida (lo. 6, 54).
   En esta hora de sangre para la humanidad sólo los rubíes de la Sangre de Cristo pueden salvarnos. Con Catalina de Siena. "os suplico, por el amor de Cristo crucificado, que recibáis el tesoro de la Sangre, que se os ha encomendado por la Esposa de Cristo", pues es sangre dulcísima y pacificadora, en la que "se apagan todos los odios y la guerra, y toda la soberbia del hombre se relaja".
   Si para el mundo es ésta una hora de sangre, para el cristiano ha sonado la hora de la santidad. Lo exige la Sangre de Cristo. "Sed. Santos -amonestaba San Pedro a la primera generación cristiana-, sed santos en toda vuestra conducta, a semejanza del Santo que os ha llamado a la santidad... Conducíos con temor durante el tiempo de nuestra peregrinación en la tierra, sabiendo que no habéis sido rescatados con el valor de cosas perecederas, el oro o la plata, sino con la preciosa Sangre de Cristo, que es como de Cordero incontaminado e inmaculado" (1 Petr. 1, 15-18).
   Roguemos al Dios omnipotente y eterno que, en este día, nos conceda la gracia de venerar, con sentida piedad, la Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, y que, por su virtud, seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo del fruto sempiterno (Colecta de la festividad).
   ¡Acuérdate, Señor, de estos tus siervos, a los que con tu preciosa Sangre redimiste!

JUAN HERVÁS BENET

*Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa