TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

(Doble - Ornamentos verdes)

   
   El amor de Dios sigue en este domingo revelándonos sus delicadezas. El mundo se nos presenta con la imagen de un mar lleno de tormenta y peligros. Estamos salvos -pensamiento de la Pascua- pero el enemigo, envidioso de nuestra felicidad, se esfuerza por perdernos de nuevo. No debemos desalentarnos. En medio de todas las luchas, la Providencia de Dios vigila sobre nosotros. Este es el pensamiento dominante de la liturgia de hoy. 

IntroitoPs 26

    INTROITUS Dominus illuminatio mea, et salus mea, quem timebo? Dominus defensor vitae meae, a quo trepidabo? Qui tribulant me inimici mei, ipsi infirmati sunt, et ceciderunt. – Ps. Si consistant adversum me castra non timebit cor meum. V. Gloria Patria! Gloria al Padre, etc.   Introito - El Señor es mi luz y mi salvación: a quién temeré? El Señor es el defensor de mi vida; ¿quién me hara temblar? Mis enemigos, que me atribulan, han flaqueado y caído.
Ps. Aunque se enfrenten ejércitos contra mí, no temerá mi corazón. Gloria al Padre.

Oración-Colecta

   ORATIO - Da nobis quaesumus, Domine, ut et mundi cursus pacifice nobis tuo ordine dirigatur: et Ecclesia tua tranquilla devotione laetetur. Per Dominum. Per D. N.

   R. Amen   

    Suplicámoste, oh Señor, nos concedas la gracia de ver pacíficamente dirigida por el orden de tu 
Providencia la marcha del mundo; y que tu Iglesia goce también de paz en el ejercicio del culto. Por Nuestro Señor, etc.. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

   R. Amen.

Conmemoración

Epístola

   Por el pecado, no solo el hombre sino toda la creación quedo sujeta a servidumbre y en estado de abyección; pero, por la redención de Jesucristo, toda ella ha adquirido un cierto derecho a la adopción de hijos de Dios y ha sido elevada a la dignidad de causa instrumental para la santificación del hombre, si este sabe usar de ella con discreción.

EPISTOLA

Lectio Epistolae beati Pauli Apostoli ad Romanos (I Rom. 8, 18-23)  - Fratres: Existimo, quod non sunt condignae passionis hujus temporis ad futuram gloriam, quae revelabitur in nobis. Nam exspectatio creaturae revelationem filiorum Dei exspectat. Vanitati enim creatura subjecta est, non volens, sed propter eum, qui subjecit eam in spe: quia et ipsa creatura liberabitur a servitute corruptionis, in libertatem gloriae filiorum Dei. Scimus enim quod omnis creatura ingemiscit et parturit usque adhuc. Non solum autem illa, sed et nos ipsi primitias spiritus habentes; et ipsi intra nos gemimus, adoptionem filiorum Dei expentantes, redemptionem corporis nostri: in Christo Jesu Domino nostro.
 Amen.

 

 

   Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Romanos: (I Rom. 8, 18-23)  - Hermanos: Creo que los sufrimientos de la presente vida no son comparables con la gloria venidera, que se ha de manifestar en nosotros. Así las criaturas todas ansían la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad, no de grado, sino por causa de Aquél que las puso en tal sujeción: esperando también ellas ser redimidas de esa servidumbre a la corrupción, para participar de la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas están suspirando, y como con dolores de parto. Y no solamente ellas, sino también nosotros mismos, que tenemos ya las primicias del Espíritu Santo, suspiramos de lo intimo del corazón, aguardando la adopción de los hijos de Dios, esto es, la redención de nuestro cuerpo en Jesucristo, Nuestro Señor(1).
    GRADUALE Ps. 78 Propitiue esto, Domine, peccatis nostris: nequando dicant gentes: ubi est Deus eorum? V. Djuva nos, Deus 
salutaris noster: et propter honorem nominis tui, Domine, libera nos.

Alleluia, alleluia. V. Deus, qui sedes super thronum, et judicas aequitatem, esto refugium pauperum in 
tribulatione. Alleluia.

   Gradual - Ps. 78 - Se propicio, Señor, en perdonar nuestros pecados, para que no digan las gentes ¿Dónde está su 
Dios? Ayúdanos, oh Dios Salvador nuestro; y libranos, Señor por la honra de tu Nombre. 
Aleluya, aleluya Oh Dios que estás sentado sobre el trono, y que juzgas con rectitud, sé refugio de los pobres 
en la tribulación. Aleluya. 

Evangelio

      Con el relato de la pesca milagaarosa, que ahora vamos a escuchar, debemos aprender a no trabajar, ni en el orden apostolico y ni siquiera en el orden material de la vida, sin invocar la ayuda de Dios, en la que hemos de poner toda nuestraa confianza.

USequéntia sancti Evangélii secúndum Lucas. Luc. 5, 1-11

   In illo témpore: Cum turbae irruerunt in Jesum, ut audirent verbum Dei, et ipse stabat secus stagnum: Genesareth. Et vidit duas naves stantes secus stagnum: piscatores autem descenderant, el lavabant retia. Ascendens autem in unam navim, quae erat Simonis rogavit eum a terra reducere pusillum. Et sedens docebat de navicula turbas. Ut cessavit autem loqui, dixit ad Simonem: Duc in altum et laxate retia vestra in capturam. Et respondens Simon, dixit illi: Praeceptor, pero totam noctem laborantes, nihil cepimus, in verbo autem tuo laxabo rete. Et cum hoc fecissent, concluserunt piscium multitudinem copiosam: rumpebatur autem rete eorum. Et annuerunt sociis, qui erant in alia navi, ut veniren, et adjuvaren eos. Et venerunt, et impleverunt ambas naviculas, ita ut pene mergerentur. Quod cum videret Simon Petrus, procidit ad genua Jesu, dicens: Exi a me, quia homo peccator sum, Domine. Stupor enim circumdederat eum, et omnes, qui cum illo erant, in captura piscium, quam ceperant: similiter autem Jacobum, et Joannem, filios Zebedaei, qui erant socii Simonis. Et ait ad Simonem Jesus: Noli timere: ex hoc jam homines eris capiens. Et subductis ad terram navibus, relictis omnibus, secuti sunt eum. 

Credo.

 

  Continuación del Santo Evangelio según San Lucas (5, 1-11)  – Hallándose Jesús junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban en torno suyo, ansiosas de oír la palabra de Dios En esto, vio dos barcas a la orilla del lago, cuyos pescadores habían bajado, y estaban lavando las redes. Subiendo, pues, a una de ellas, que era de Simón, pidióle la desviase un poco de la orilla. Y sentándose dentro, predicaba desde la barca al numeroso gentío. Acabada la plática, dijo a Simón: "Guía mar adentro, y echad estas redes para pescar." Replicóle Simón: "Maestro, toda la noche hemos estado fatigándonos, y nada hemos recogido, no obstante, fiado en tu palabra, echaré la red"(2). Y habiéndolo hecho, recogieron tan gran cantidad de peces, que la red se rompía. Por lo cual, hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Vinieron luego, y llenaron con tantos peces las dos barcas, que poco faltó para que se hundiesen. Viendo esto Simón Pedro, echóse a los pies de Jesús, diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador". Y es que el asombro se había apoderado así de el, como de todos los demás que con el estaban, en vista de la pesca que acababan de hacer: lo mismo sucedía a Santiago, y a Juan, hijos de Zebedeo, y compañeros de Simón. Entonces dijo Jesús a Simón: "No temas: de hoy en adelante serás pescador de hombres."
Y estad seguros que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos. Credo.   
    OFFERTORIUM - Illumina oculos meos, ne umquam abdormiam in morte: nequando dicat inimicus meus: Praevalui adversus eum.
   Ofertorio -  Alumbra mis ojos, para que no me duerma yo jamás en el sueño de la muerte; no sea que mi enemigo diga: He podido mas que el.

Oración-Secreta

    Oblationibus nostris, quaesumus, Domine, placare susceptis: et ad te nostras etiam rebelles compelle propitius voluntates. Per Dominum nostrum..    Aplacate oh Señor, aceptando nuestras ofrendas, y reduce suavemente a tu obediencia nuestras rebeldes voluntades. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.  

Conmemoración

Prefacio de la Santísima Trinidad

    Vere dignum et justum ets aequum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, aeterne Deus. Qui cumm unigenito  Filio tuo, et Spiritu Sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae. Quod enim de tua gloria, revelante te, credimus, hoc de Filio tuo, hoc de Spiritu Sancto, sine differentia discretionis sentimus. Ut in confessione verae, sempiternaeque Deitatis, et in personis Proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur aequalitas. Quam laudat Angeli atque Arcangeli, Cherubim quoque ac Sraphim: qui non cessant clamare quotidie, una voce dicentes:

   Sanctus, Sanctus, Sanctus...

 

 

   Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:: Santo, Santo, Santo, etc.
   COMMUNIO  Dominus firmamentum meum, et refugium meum, et liberator meus, Deus meus, adjutor meus.

   Comunión. - El Señor es mi mas firme apoyo, mi refugio y mi libertador, mi Dios, y mi ayudador.

Oración-Postcomunión

     Mysteria nos, Domine, quaesumus, sumpta purificent, et suo munera tucantur. Per Dominum nostrum.   Haz, Señor, que nos purifique este Sacramento que acabamos de recibir, y que con su virtud nos defienda. Por Jesucristo Nuestro Señor.

 Conmemoración



  • (1) Los verdaderos cristianos, aun sabiendo que han recibido una adopción de hijos de Dios, pero imperfecta todavía, por la gracia, se sienten en esta vida como en un destierro y encarcelados en la prisión de su cuerpo, y suspiran sin cesar por la perfecta adopción, que se consigue en el Cielo mediante la gloria, la cual nos renovará completamente en el cuerpo y en el alma.

  • (2) Cuando Dios nos manda algo, aunque sea difícil y sobrehumano, o el cumplimiento de nuestro deber nos exige emprender cosas arduas, debemos lanzarnos a la brega en el nombre del Señor. En Él está el darnos buen éxito, si le place. ¡Cuántos milagros se han obrado y se obran todos los días con esta poderosa arma de la confianza en Dios!

EL SANTO DEL DÍA ES:

06 de Julio

SANTO TOMÁS MOROMártir

La tristeza que es según Dios produce la penitencia
estable para la salvación; pero la tristeza
según el mundo produce la muerte.
(2 Cor. 7, 10)

   Nacido en Londres en 1478, Tomás Moro estudió en Oxford, ejerció la abogacía en su ciudad natal y se casó, en primeras nupcias, con Juana Colt. Su dichoso hogar era el punto de reunión de todos los hombres piadosos y sabios de Inglaterra y del extranjero. Habiendo enviudado contrajo segundas nupcias con Alicia Middleton, en 1516. Por esa misma época, fue distinguido por el joven rey Enrique VIII, que le hizo su Lord Canciller, en 1529. Viéndose obligado a oponerse al rey en el asunto de la anulación del matrimonio real, renunció Tomás Moro por estimar que éste era su deber. Cuando Enrique VIII quiso hacerse jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, su antiguo Canciller irguióse contra él, y fue encarcelado en la torre de Londres, siendo decapitado en 1535. Tanto en su vida pública como en su vida privada fue modelo de verdadero cristiano, uniendo a la suavidad la fortaleza, a la piedad la inteligencia, a la alegría la seriedad.

MEDITACIÓN: SOBRE LA BUENA Y LA MALA TRISTEZA

I. No te entristezcas por las cosas de este mundo. La tristeza daña a la salud, turba la paz del alma, aniquila la piedad y la virtud; ella nos hace insoportables a los demás y molestos a nosotros mismos. Pero, dirás, ¿cómo no estar triste en este valle de lágrimas? pregúntale a tu alma, con David: ¿Alma mía, por qué estás turbada y triste? Si tú has atraído la desgracia que te aflige, sopórtala pacientemente, puesto que la has merecido; si no eres tú su causa, espera en Dios, te consolará si no siempre en esta vida, segura e inefablemente en la otra. ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me conturbas? (El Salmista).
   
II. Ponte triste de haber ofendido a Dios; llora tus faltas, día y noche. Esta tristeza te causará una alegría muy dulce en el fondo del corazón. ¡Lejos de nosotros esas risas y esos gozos del mundo que se llevan la compunción del corazón! ¡Ah! ¿Podemos, acaso, regocijarnos en esta vida cuando ignoramos la hora de nuestra muerte, y no sabemos si somos dignos del amor o del odio de Dios?
   
III. Que esta tristeza, causada por el recuerdo de tus pecados, produzca en ti una penitencia estable. No basta, en efecto, entregarte sólo por algunos días a la penitencia y a las lágrimas; todos los días cometes nuevos pecados, todos los días debes llorar. San Pedro y Santa María Magdalena lloraron hasta su muerte. ¡Cuán dulces son las lágrimas que extinguen las llamas del infierno! ¿Quieres no estar triste nunca? Vive santamente: una vida santa siempre es gozosa; la conciencia del culpable está siempre atormentada. (San Bernardo).

La contrición
Orad por los afligidos. 

ORACIÓN
      Dios omnipotente, mirad nuestra flaqueza, ved cómo el peso de nuestros pecados nos abruma, y fortificadnos por la gloriosa intercesión del bienaventurado Tomás, vuestro mártir. por J. C. N. S. Amén.




*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)


HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

EL SANTO DEL DÍA ES:

05 de Julio

SANTA CIRILA, Virgen y Mártir



Al que escandalizare a alguno de estos pequeñitos
que creen en mí, mucho mejor le fuera que le ataran
al cuello una piedra y lo echaran al mar
.
(Marcos, 9, 41).

   Admira la fe y la caridad de Santa Cirila. El temor aún de parecer que sacrificaba en honor de los ídolos, siendo así motivo de escándalo para los demás, la hizo mantener con mano firme e inmóvil carbones encendidos mezclados con incienso. Este ejemplo de heroica firmeza convirtió a un gran número de paganos que, también ellos, soportaron los más crueles tormentos por el nombre de Jesucristo.

MEDITACIÓN: SOBRE EL ESCÁNDALO

I. No seas, para el prójimo, motivo de escándalo, de lo contrario serás culpable del pecado de tu hermano. Por tu vida escandalosa, precipitas al infierno a un alma redimida al precio de la sangre de Jesucristo. Examina bien tus acciones y tus palabras; y si has escandalizado a tu hermano, esfuérzate por reparar el mal causado y por darle buen ejemplo en lo futuro.
   
II. Evita las acciones indiferentes que pudieran ser motivo de escándalo para las almas débiles. Si comiendo carne, escandalizo a mi hermano, decía San Pablo, nunca la comeré. No descuides tus prácticas de piedad porque los malos se escandalicen de ellas: ¡si el sol se pone no es por temor de incomodar a las lechuzas! Oh mi amable Jesús, habéis muerto en la cruz, sabíais, sin embargo, que la cruz sería motivo de escándalo para los judíos. Es preferible ocasionar un escándalo antes que ocultar la verdad. (Tertuliano).
   
III. No te escandalices fácilmente del mal, verdadero o aparente, que ves. Excusa los defectos ajenos en cuanto puedas; excusa la intención, si el acto es evidentemente malo. Desvía la vista de los malos ejemplos que te den; ¿Por qué imitas siempre lo que hay de malo en los demás? Los sabios y los insensatos contribuirán, si tú quieres, a tu formación. El sabio y el insensato sirven para formar al hombre prudente: aquél le enseña lo que debe hacer, éste lo que debe evitar. (San Euquerio).

El buen ejemplo
Orad por la propagación de la fe. 

ORACIÓN
   Que la bienaventurada Cirila, Virgen y mártir, implore por nosotros vuestra misericordia, oh Dios nuestro, ella que siempre os fue agradable por el mérito de su castidad y por su valentía en confesar vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.



*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

EL SANTO DEL DÍA ES:

21 de Julio

SANTA PRÁXEDESVirgen

Quien se avergonzare de Mí y de mis palabras, de ese
tal se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su majestad.
(Lucas, 9, 26).

   Santa Práxedes, hermana de Santa Prudenciana, edificó a Roma por su gran piedad. Los cristianos en carcelados por orden de Marco Antonio eran, sobre todo, el objeto de su solicitud. Los visitaba y les procuraba socorro y consuelo. Deseaba vivamente compartir sus sufrimientos, pero Dios lo había dispuesto de otro modo. Viendo que la persecución seguía encarnizándose, pidió a Dios la hiciera morir. Su ruego fue escuchado: fue al cielo a recibir la recompensa de su caridad.

MEDITACIÓN: SOBRE TRES TENTACIONES

I. Muchos cristianos se dejan apartar de la práctica de la virtud por dificultades puramente imaginarias. Para ser santo, no es menester poseer ni un gran espíritu ni una larga experiencia; tampoco es preciso sufrir las fatigas que temes. En un momento, si quieres, puedes ser amigo de Dios. Tu vida es demasiado corta para que llegues a ser un gran filósofo; pero es suficientemente larga como para llegar a ser un gran santo, Si ya el mundo tuvo la primera parte, que la última al menos esté consagrada al Señor . Respeta tu vejez, reconoce a Dios al término de tu existencia, y que el fin de tu vida sea el comienzo de tu salvación. (San Clemente de Alejandría).

II. No te dejes detener por el cúmulo de dificultades que se presentarán a tu imaginación; piensa en hacer bien la acción que has comenzado. Para vivir santamente, hay que emplear bien el tiempo presente, y hacer sin demora lo que Dios quiere que ha gas. A cada día le basta su malicia; no pienses en el mañana; vive como si hubieras de morir hoy.

III. Pero, ¿qué dirán si cambio de vida? Qué dirá Jesucristo si temes más las palabras de los hombres que sus amenazas? ¿Qué dirán los santos de verte temer una burla, más que lo que ellos temieron los suplicios? ¿Qué dirás tú, en el día del juicio, si eres condenado por haber temido exponerte? Tú haz el bien y deja que hablen los impíos. Los que te menosprecian y te hacen burla ahora, te envidiarán y te respetarán durante toda la eternidad.

La confianza en Dios
Orad por los que vacilan en la virtud.

ORACIÓN

   Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Práxedes, vuestra virgen, regocijando nuestra alma, la enriquezca con sentimientos de tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.




*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:


EL SANTO DEL DÍA ES:

04 de Julio

SANTA BERTA, Viuda

No andéis acongojados por el día de mañana;
el día de mañana harto cuidado traerá por sí:
a cada día le basta su malicia.
(Mateo, 6,34).

   Santa Berta se casó con Sigfredo, pariente cercano del rey Clodoveo. Tuvieron cinco hijas que se distinguieron, todas, por su piedad. Muerto Sigfredo, Berta pudo dedicarse de lleno a la vida piadosa y las buenas obras. Emitió sus votos monásticos al mismo tiempo que dos de sus hijas, Gertrudis y Deotila. Sintiendo que se acercaba su fin, quiso unirse más estrechamente con el Señor. Hizo practicar una abertura en el coro de la iglesia del monasterio, y se construyó en ella una celda en la que pasó el resto de sus días orando y meditando.

MEDITACIÓN: DE QUÉ MANERA TENEMOS QUE PREOCUPARNOS DE LO PORVENIR

I. Nos prohíbe el Señor acumular riquezas por temor de carecer de ellas en lo futuro. Prevés una larga serie de años; piensas en mil adversos accidentes que pueden reducirte a pobreza. Estas previsiones de lo porvenir injurian a la divina Providencia que vela sobre ti; son contrarias al consejo de Jesucristo. No te acongojes, pues, por el día de mañana, trata de servir bien a Dios hoy; mañana, Dios proveerá. El Señor me rige y de nada careceré. (El Salmista).
   
II. Tal vez pronto mueras; ¿para qué esta aprensión de desgracias que no te alcanzarán? Abandónate generosamente al gobierno de la Providencia divina y no te apenes de antemano. Las desgracias llegarán bastante pronto para cansar tu paciencia. No pienses en el tiempo que durarán tus obras de penitencia: es una tentación del demonio que quiere espantarte. Tal vez la recompensa está más cerca de lo que crees.
   
III. Piensa en lo porvenir para prever las ocasiones de practicar la virtud; prevé también los escollos contra los cuales tienes costumbre de naufragar y las tentaciones a que podrás estar expuesto, a fin de apercibirte contra ellas. Piensa a menudo en tus postrimerías. ¿Lo haces? ¿Consideras las terribles consecuencias de una vida pasada lejos de Dios, y de una muerte que sorprende en pecado? Si no piensas en ello a menudo, no escaparás de las desgracias que te amenazan.

La confianza en Dios.
Orad por la buena educación de los niños.

ORACIÓN
   Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Berta, regocijando nuestra alma, la enriquezca con los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.




*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982).



HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

EL SANTO DEL DÍA ES:

03 de Julio

SAN BELTRÁNObispo Confesor


Vivid con temor durante el
tiempo de vuestra peregrinación.
(1 Pedro, 1, 17).

   Formado en la virtud por San Germán, obispo de París, que lo hizo su arcediano, San Beltrán llegó a ser obispo de Mans en el año 587. Condujo a su pueblo a las buenas obras y, por prudencia, logró se evitara una guerra con los bretones. Fundó el primer hospicio para ciegos conocido en Occidente y asistió al primer concilio plenario de Francia, en París, el año 614. Murió el 30 de junio del año 623, según se cree, después de haber legado grandes bienes a las iglesias y a los monasterios.

MEDITACIÓN: SOBRE LOS MISTERIOS DE LA VIDA HUMANA

I. Estamos en este mundo como en lugar de destierro. Si pensásemos en esta verdad despreciaríamos la tierra que debemos abandonar un día; suspiraríamos por el cielo al que pronto debemos ir. ¡Ah! ¡cuán largo es el tiempo de mi exilio! -exclamaba David- y San Pablo decía: Deseo la muerte para estar con Jesucristo. y nosotros amamos este exilio en el que tantos enemigos nos persiguen, en el que tantas penas nos acosan. Amontonamos tesoros, pero para nuestros herederos. Piensan en lo que dejan detrás de ellos y no en lo que envían delante. (San Pedro Crisólogo).

II. Los peligros continuos que nos rodean en este lugar de destierro deben hacernos temblar. Durante toda nuestra vida, siempre estamos expuestos a ofender a Dios; por virtuoso que seas, puedes hacerte el más malo de todos los hombres. Ni siquiera sabes, al presente, si eres digno de odio o de amor por parte de Dios. Humíllate, pues, y trabaja en tu salvación con temor y temblor.
   
III. Ignoras cuál será tu fin, no sabes ni la hora, ni el lugar, ni el género de tu muerte, y, lo que es más tremendo, no sabes si eres del número de los predestinados; no lo sabrás hasta después de haber oído la sentencia de la boca del Juez soberano. ¿Cómo meditar estas verdades sin sobrecogerse de espanto? Lloremos y reguemos con nuestras lágrimas esta triste morada pasajera, a fin de terminar con una muerte santa una vida llena de buenas obras. ¡Infortunados! ¡nuestra vida es un exilio, nuestra salvación un peligro, nuestro fin una incertidumbre!

La limosna
Orad por los pobres.

ORACIÓN
   Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Beltrán, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo III, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

02/VII SANTOS PROCESO Y MARTINIANO, Mártires

02 de Julio

SANTOS PROCESO Y MARTINIANOMártires


Cómo se ha de evitar la curiosidad de saber las vidas ajenas 
Hijo, no quieras ser curioso ni tener cuidados impertinentes. 
¿Qué te va a ti de esto o de lo otro? Sígueme tú. ¿Qué te importa
  que aquél sea tal o cual,  o que éste viva o hable de este o del otro modo? 
(Imitación de Cristo III, 24)

   Entre los muchos cristianos que sufrieron martirio en tiempos del emperador Nerón, los Santos Mártires Proceso y Martiniano gozaron de privilegio singular, y es que fueron bautizados por San Pedro.
   Según narra el cardenal Baronio en sus Anales, apoyándose en diversos martirologios, San Proceso y San Martiniano figuraban entre los soldados que custodiaban a los santos apóstoles Pedro y Pablo en la cárcel Mamertina de Roma, encerrados allí por el emperador Nerón. Se les presenta como soldados probablemente zafios, algo brutos y más que ensombrecidos por la escoria de la sociedad que tienen que soportar cada día en aquella cárcel pestilente. Debió resultarles extraña la presencia de aquellos dos presos que no aúllan ni vociferan como los demás; no insultan ni blasfeman, no maldicen ni amenazan. Más bien les pudieron parecer faltos de razón o trastornados por la sencillez y ensimismamiento que por tanto rato mantenían; y a lo que no encontraban ninguna explicación era a la atención que prestaban a sus compañeros de prisión a los que intentan consolar, atendiéndoles como pueden; hasta han visto que les daban de su comida y que han ayudado a moverse a los que ya ni eso pueden. Y les hablan de bondad, de vivir siempre, de resurrección. Un judío, Cristo, les dará la libertad y la salud. Alguno parece que les escucha con especial atención y lo incomprensible es que con la última remesa de presos que ha llegado por haber incendiado nada menos que la ciudad de Roma, ha cambiado el tono de la cárcel donde empiezan a oírse cantos y hasta sonrisas en los labios resecos por la fiebre, el contagio y el temor. Además, viendo los muchos milagros que obran los santos apóstoles, alumbrados por luz sobrenatural, decidien hacerse cristianos. Proceso y Martiniano, así lo declaran a los apóstoles, manifestándoles su deseo, de recibir e Bautismo. San Pedro los acogió gozosamente y confirmó en su propósito. Según la tradición, como no hubiese allí agua para bautizarlos, hizo la señal de la cruz en la roca que servía de cimiento la cárcel y al momento brotó una fuente que perdura hasta hoy.
Con agua de esta fuente fueron bautizados Proceso y Martiniano así, los soldados de Nerón se convirtieron en intrépidos soldados de Cristo. Con ellos se convirtieron otros 47, atraídos por su ejemplo y decisión.
   El juez Paulino, al ver que se habían hecho cristianos, los hizo prender. Con muchas promesas y halagos intentó persuadirles que no cometieran aquella locura y que adorasen a los dioses del imperio romano, en cuya religión se habían criado, porque así serían honrados y bien tratados. Si no lo hacían, se exponían a perder la honra y la vida.
   Viendo que no podía convencerles por las buenas, mandó torturarles de diversas maneras. Los Santos levantando los ojos al cielo decían: Gloria a Dios en las alturas. Así, con la oración, se animaban y aliviaban.
   Mandó después traer un ídolo de Júpiter para que lo adorasen, lo que rehusaron Proceso y Martiniano. Pasó después Paulino a otros tormentos, entre otros abrasarles con planchas de hierro encendidas. La reacción de los mártires era entonar cánticos al Señor: Sea tu Nombre, Señor, bendito por siempre. Los ángeles te alaben, las criaturas te bendigan.
   Mientras los mártires resistían impávidos, su torturador el juez Paulino murió. Enfurecido su hijo Pomponio, y achacándolo a hechizos y magias de los mártires, dio parte a Nerón, y el emperador encargó a Cesáreo, prefecto de la ciudad, que les hiciese morir. Así se cumplió la sentencia. Fueron degollados en la Vía Aurelia. Era el 2 de julio del año 69.
   Abandonados sus venerables restos en el campo, una santa y noble matrona romana, llamada Lucida, los recogió, los ungió con ungüentos aromáticos y los enterró en una heredad que tenía en las cercanías. Después fueron trasladados a una iglesia que fue edificada en su honor, y por fin, fueron honrosamente colocados en la iglesia dedicada a San Pedro.
   Su sepulcro era muy venerado, y el Señor se servía de la intercesión de estos santos mártires para conceder gracias a sus devotos y realizar muchos milagros entre todos los necesitados que acudían a ellos.
   El Papa San Gregorio decía en una homilía en honor de estos mártires: "A los cuerpos de estos Santos vienen los enfermos, y vuelven sanos. Vienen los que han jurado falso, y son afligidos del demonio. Vienen los endemoniados, y quedan libres. ¿Cómo pensamos que viven estos Santos allá donde de veras viven, pues aquí hacen tantos milagros?". 

HOY FESTEJAMOS:

02 de Julio

VISITACIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 

Apenas oyó Isabel el saludo de María,
exultó el niño en su seno, y fue Isabel
henchida del Espíritu Santo.
(Lucas, 1. 41)

   No bien la Virgen hubo sabido, por boca del ángel que Santa Isabel, su prima, iba a tener un hijo, se dirigió a las montañas de Judea para visitarla. Cuando estas dos santas mujeres se besaron, San Juan exultó de gozo en el seno de su madre y reconoció al Mesías que María llevaba en sus entrañas. En el mismo instante, San Juan Bautista fue purificado del pecado original. y Santa Isabel henchida del Espíritu Santo.

MEDITACIÓN SOBRE LA VISITACIÓN

I. María te enseña hoy qué visitas debes hacer, y cómo debes comportarte en ellas. Va junto a Isabel por caridad y urbanidad: por caridad, porque es para ayudar a Santa Isabel y santificar a San Juan; por urbanidad. porque era su deber visitar a su prima de más edad que ella. No hagas visitas sin que la caridad o la necesidad te obligue a ello; todo lo demás es superfluo o peligroso. Visita a los pobres. a los enfermos y a los prisioneros, es un deber de caridad.

II. ¿Cuál es el tema de las conversaciones entre María e Isabel? Apenas se saludaron, como se hace entre parientes, en seguida se pusieron a hablar de Dios. ¿Se parecen tus visitas a ésta? ¿Las burlas, la murmuración, la interpretación maligna de la conducta del prójimo, las palabras de doble sentido, la calumnia, no constituyen, acaso, el fondo de tus conversaciones? Señor, si se os amase en el mundo, no se conversaría en él sino de Vos. Desvía con habilidad los discursos malos que se tienen en tu presencia, y siempre di algo que pueda edificar a tu prójimo. 

III. María regresó a su casa una vez que Isabel pudo prescindir de sus servicios. Suprime las visitas ociosas: cuanto más permanezcas en tu casa, tanto meno disipará tu devoción. Es difícil frecuentar las reuniones mundanas sin encontrar en ellas malos ejemplos; y éstos arrastran mucho más que los buenos. Nos sentimos inclinados a imitar a los malos, más fácilmente reproducimos los defectos que las virtudes. (San Jerónimo).

La caridad
Orad por las religiosas de la Visitación.

ORACIÓN

   Dignaos, os lo suplicamos, Señor, acordar a vuestros servidores el precioso don de la gracia celestial, a fin de que esta fiesta solemne de la Visitación de la Santísima Virgen nos obtenga el acrecentamiento de la paz, así como su alumbramiento ha sido para nosotros el principio de la salvación. por J. C. N. S. Amén.

01/VII SAN GALO, Obispo y Confesor

 1º de Julio

SAN GALOObispo y Confesor

Ofrezcamos siempre a Dios un sacrificio de alabanza.
(Hebreos, 13, 15).

   San Galo huyó de la casa paterna porque sus padres querían hacerlo casar con la hija de un senador y entró en un monasterio de Cournon. Designado para suceder San Quinciano en la sede de Clermont, dio a su pueblo el ejemplo de una piedad angélica y de una dulzura inalterable. Un hombre brutal lo hirió en la cabeza y el santo sufrió esta afrenta sin dar la menor señal de emoción, y con este acto de paciencia desarmó la cólera de su agresor. Murió hacia el año 552.

MEDITACIÓN: SOBRE TRES CLASES DE SACRIFICIOS

I. El sacrificio es un acto sumamente agradable a Dios, porque es un homenaje tributado a su absoluto dominio sobre todas las creaturas. Ofrece a Dios en sacrificio tu cuerpo; inmólale todos los placeres de tus sentidos. Abstente no sólo de los placeres ilícitos, sino también de los que te están permitidos. Acostúmbrate a mortificarte en las ocasiones pequeñas, y no te costará hacerlo en las grandes. Dios mío, os sacrifico todos mis placeres y deposito mi ofrenda al pie de vuestra cruz.
   
II. Sacrifica a Dios tu corazón, porque a Dios agrada el sacrificio de un corazón contrito y humillado. Que tu corazón no tenga amor sino por Dios, que no desee sino su gloria, que no anhele sino su cruz, que no suspire sino por el cielo. Alma mía, no ignoras que todas las creaturas son incapaces de contentar tus deseos: no serás feliz sino cuando seas toda de Dios. Dios mío, Vos no despreciáis el sacrificio de un corazón contrito y humillado. (Salmista).
  
III. A fin de que tu sacrificio sea completo, ofrece a Dios tu propia voluntad: ella es la fuente de todos tus males. Reprímela, pues, quebrántala en toda coyuntura: la victoria más gloriosa que puedes obtener es la de vencerte a ti mismo. Que la voluntad del Señor y la de los que te mandan en su nombre sea la regla única y soberana de tu conducta. Dios mío, aceptad mi sacrificio; quiero que mi voluntad esté en un todo conforme con la vuestra. Que la propia voluntad desaparezca, y ya no habrá infierno. (San Bernardo).

La abnegación de sí mismo
Orad por los sacerdotes.

ORACIÓN
   Dios omnipotente, haced que la augusta solemnidad del bienaventurado Galo, vuestro confesor pontífice, acreciente en nosotros la piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.


HOY FESTEJAMOS TAMBIÉN EL TRIUNFO DE:

FIESTA DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESÚS

1° de Julio

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


¡Canta, lengua, el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa de Cristo; de esa Sangre, fruto de un seno generoso, que el Rey de las gentes derramó para rescate del mundo: "in mundi praetium"!

   Pero, antes de que la lengua cante gozosa y el corazón se explaye en afectos de gratitud y amor, es necesario que medite la inteligencia las sublimidades del Misterio de Sangre que palpita en el centro mismo de la vida cristiana.

   Hay tres hechos que se dan, de modo constante y universal, a través de la historia del hombre: la religión, el sacrificio y la efusión de sangre.

   Los más eminentes antropólogos han considerado la religiosidad como uno de los atributos del género humano. La función céntrica de toda forma religioso-social ha sido siempre el sacrificio. Este se presenta como la ofrenda a Dios de alguna cosa útil al hombre, que la destruye en reconocimiento del supremo dominio del Señor sobre todas las cosas y con carácter expiatorio. Por lo que se refiere a la efusión de sangre, observamos que el sacrificio -al menos en su forma más eficaz y solemne- importa la idea de inmolación o mactación de una víctima, y, por lo mismo, el derramamiento de sangre, de modo que no hay religión que, en su sacrificio expiatorio, no lleve consigo efusión de sangre de las víctimas inmoladas a la divinidad.

   La sangre es algo que repugna y aparta, sobre todo si se trata de sangre humana. Sin embargo, en los altares de todos los pueblos, en el acto, cumbre en que el hombre se pone en relación con Dios, aparece siempre sangre derramada.

   Así lo hace Abel, a la salida del paraíso (Gen. 4, 4), y Noé, al abandonar el arca (Gen. 8, 20-21). El mismo acto repite Abraham (Gen. 15, 10). Y sangre emplea Moisés para salvar a los hijos de Israel en Egipto (Ex. 12, 13), para adorar a Dios en el desierto (Ex. 14, 6) y para purificar a los israelitas (Heb. 9, 22). Una hecatombe de víctimas inmoladas solemnizó la dedicación del templo de Salomón.

   Y no es sólo el pueblo escogido el que hace de la sangre el centro de sus funciones religiosas más solemnes, sino que son también los pueblos gentiles; en ellos encontramos igualmente víctimas y altares de sacrificio cubiertos de sangre, como lo cuentan Homero y Herodoto en la narración de sus viajes.

   Adulterado el primitivo sentido de la efusión de sangre, en el colmo de la aberración, llegaron los pueblos idólatras a ofrecer a los dioses falsos la sangre caliente de víctimas humanas. Niños, doncellas y hombres fueron inmolados, no sólo en los pueblos salvajes, sino también en las cultas ciudades. Y todavía, cuando los conquistadores españoles llegaron a Méjico, quedaron horripilados a la vista de los sacrificios humanos. Los sacerdotes idólatras sacrificaban anualmente miles de hombres, a los que, después de abrirles vivos el pecho, sacaban el corazón palpitante para exprimirlo en los labios del ídolo,

   El hecho histórico, constante y universal, del derramamiento de sangre como función religiosa principal de los pueblos encierra en sí un gran misterio, cuya clave para descifrarlo se halla entre dos hechos también históricos, uno de partida y otro de llegada, de los que uno plantea el tremendo problema y el otro lo resuelve, para alcanzar su punto culminante en el "himno nuevo”, que eternamente cantan los ancianos ante el Cordero sacrificado (Apoc. 7, 14), al que rodean los que, viniendo de la gran tribulación, lavaron y blanquearon sus túnicas en la Sangre del Cordero (ibid.), y vencieron definitivamente, por la virtud de la Sangre, al dragón infernal (cf. Apoc. 12, 11).

   El pecado original creó un estado de discordia y enemistad entre Dios y el hombre. Consecuencia del pecado fue la siguiente: Dios, en el cielo, ofendido; el hombre, en la tierra, enemigo de Dios, y Satanás, "príncipe de este mundo" (lo. 12, 31), al que reduce a esclavitud.

   En la conciencia del hombre desgraciado quedó el recuerdo de su felicidad primera, la amargura de su deslealtad para con el Creador, el instinto de recobrar el derecho a sus destinos gloriosos y el ansia de reconciliarse con Dios.

   ¡Y surge el fenómeno misterioso de la sangre! El hombre siente en lo más íntimo de su naturaleza que su vida es de Dios y que ha manchado esta vida por el pecado original y por sus crímenes personales. La voz de la naturaleza, escondida en lo íntimo de su conciencia, le exige que rinda al supremo Hacedor el homenaje de adoración que le es debido, y, después de la caída desastrosa, le reclama una condigna expiación. Adivina el hombre la fuerza y el valor de la sangre para su reconciliación con Dios, pues en la sangre está la vida de la carne, ya que la sangre es la que nutre y restaura, purifica y renueva la vida del hombre; sin ella, en las formas orgánicas superiores, es imposible la vida: al derramarse la sangre sobreviene la muerte.

   Por otra parte, si en la sangre está la vida -vida que manchó el pecado-, extirpar la vida será borrar el pecado. De ahí que el hombre, llevado por su instinto natural, se decide a "hacer sangre", eligiendo para este oficio a "hombres de sangre", como han llamado algunas razas a sus sacerdotes, para que, con los sacrificios cruentos, rindan, en nombre de todos, homenaje y expiación a la divinidad. Dios mostró su agrado por estos sacrificios (Gen. 4, 4; 8, 21) y consagró con sus mandatos esta creencia al ordenar el culto del pueblo hebreo (Lev. 1, 6; 17, 22).

   La sangre, por representar la vida, fue entonces elegida como el instrumento más adecuado para reconocer el supremo dominio de Dios sobre la vida y sobre todas las cosas y para expiar el pecado. Por eso Virgilio, al contemplar la efusión de sangre de la víctima inmolada, dirá poéticamente que es el alma vestida de púrpura la que sale del cuerpo sacrificado (Eneida, 9,349).

   Pero como el hombre no podía derramar su propia sangre ni la de sus hermanos, buscó un sustituto de su vida en la vida de los animales, especialmente en la de aquellos que le prestaban mayor utilidad, y los colocó sobre los altares, sacrificándolos en adoración y en acción de gracias, para impetrar los dones celestes y para que le fueran perdonados sus pecados. He aquí descifrado el misterio del derramamiento de sangre. Su universalidad hace pensar si sería Dios mismo el que enseñara a nuestros primeros padres esta forma principal del culto religioso.

   Los sacrificios gentílicos, aun en medio de sus aberraciones, no eran otra cosa que el anhelo por la verdadera expiación. Por eso se ofrecían animales inmaculados o niños inocentes, buscando una ofrenda enteramente pura. Pero vana era la esperanza de reconciliación con Dios por medio de los animales: no hay paridad entre la vida de un animal y el pecado de un hombre (cf. Heb. 10, 4). Era inútil para ello la efusión de sangre humana, de niños y doncellas, que eran sacrificados a millares: no se lava un crimen con otro crimen, ni se paga a Dios con la sangre de los hombres.

   Quedaban los sacrificios del pueblo judío, ordenados y queridos por Dios, pero en ellos no había más que una expiación pasajera e insuficiente.

   Los sacrificios judaicos, especialmente el sacrificio del Cordero pascual y el de la Expiación, tenían por fin principal anunciar y representar el futuro sacrificio expiatorio del Redentor (Heb. 10, 1-9). Estos sacrificios no tenían más valor que su relación típica con un sacrificio ideal futuro, con una Sangre inocente y divina que había de derramarse para nivelar la justicia de Dios y poner paz entre Él y los hombres (cf. Cor, 2, 17). Todo el Antiguo Testamento estaba lleno de sangre, figura de la Sangre de Cristo, que había de purificarnos a todos y de la que aquélla recibía su eficacia. Los sacrificios del Antiguo Testamento eran, en efecto, de un valor limitado, pues su eficacia se reducía a recordar a los hombres sus pecados y a despertar en ellos afectos de penitencia, significando una limpieza puramente exterior, por medio de una santidad legal, que se aviniera con las intenciones del culto, pero que no podía obrar su santificación interior.

   Por lo demás, Dios sentía ya hastío por los sacrificios de animales, ofrecidos por un pueblo que le honraba con los labios, pero cuyo corazón estaba lejos de Él (cf. Mt. 15, 8). "¡Si todo es mío! ¿Por qué me ofrecéis inútilmente la sangre de animales, si me pertenecen todos los de las selvas? No ofrezcáis más sacrificios en vano" (Is. 1, 11-13; 40, 16; Ps. 49, 10).

   Para reconciliar al mundo con Dios se necesitaba sangre limpia, incontaminada; sangre humana, porque era el hombre el que había ofendido a Dios; pero sangre de un valor tal que pudiera aceptarla Dios como precio de la redención y de la paz; sangre representativa y sustitutiva de la de todos los hombres, porque todos estaban enemistados con Dios. ¡Ninguna sangre bastaba, pues, sino la de Cristo, Hijo de Dios!

   Esta sola es incontaminada, como de Cordero inmaculado (1 Petr. 1, 19); de valor infinito, porque es sangre divina; representativa de toda la sangre humana manchada por el pecado, porque Dios cargará a este, su divino Hijo, todas las iniquidades de todos los hombres (Is. 53, 6).

   Si los hombres tuvieron facilidad para venderse, observa San Agustín, ahora no la tenían para rescatarse; pero aún más, no tenían siquiera posibilidad de ello. Y el Verbo de Dios, movido por un ímpetu inefablemente generoso de amor, al entrar en el mundo le dijo al Padre: "Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito; holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron; entonces dije: Heme aquí presente" (Heb. 10, 5-7). Y ofreciendo su sacrificio, con una sola oblación, la del Calvario, perfeccionó para siempre a los santificados (Heb. 10, 12-14). Y el hombre, deudor de Dios, pagó su deuda con precio infinito; alejado de Él, pudo acercarse con confianza (Heb. 10, 19-22); degradado por la hecatombe de origen, fue rehabilitado y restituido a su primitiva dignidad. Se había acabado todo lo viejo; la reconciliación estaba hecha por medio de Jesucristo; Dios y el hombre habían sido puestos cerca por la Sangre de Cristo Jesús. Todo había sido reconciliado en el cielo y en la tierra por la Sangre de la Cruz (2 Cor. 5, 18-19; Eph. 2, 16; Col. 1, 20).

   La sangre real de Cristo (Lc. 1, 32; Apoc. 22, 16), divina y humana, sangre preciosa, precio del mundo, había realizado el milagro. El rescate fabuloso estaba pagado. "Nada es capaz de ponérsele junto para compararla, porque realmente su valor es tan grande que ha podido comprarse con ella el mundo entero y todos los pueblos" (San Agustín).

   Pudo Jesucristo redimir al mundo sin derramar su Sangre; pero no quiso, sino que vivió siempre con la voluntad de derramarla por entero. Hubiera bastado una sola gota para salvar a la humanidad; pero Jesús quiso derramarla toda, en un insólito y maravilloso heroísmo de caridad, fundamento de nuestra esperanza.

   ¡Oh generoso Amigo, que das la vida por tus amigos! ¡Oh Buen Pastor, que te entregaste a la muerte por tus ovejas! (lo. 15, 13: 10, 15). ¡Y nosotros no éramos amigos, sino pecadores! Jesucristo se nos presenta como el Esposo de los Cantares, cándido y rubicundo; por su santidad inmaculada, mas blanco que la nieve; pero con una blancura como la de las cumbres nevadas a la hora del crepúsculo, siempre rosada por el anhelo, por la voluntad, por el hecho inaudito de la total efusión de su Sangre redentora.

   "¡Sangre y fuego, inestimable amor!", exclamaba Santa Catalina de Siena. "La flor preciosa del cielo, al llegar la plenitud de los tiempos, se abrió del todo y en todo el cuerpo, bañada por rayos de un amor ardentísimo. La llamarada roja del amor refulgió en el rojo vivo de la Sangre" (SAN BUENAVENTURA, La vid mística, 23).

   Las tres formas legítimas de religión con las que Dios ha querido ser honrado a lo largo de los siglos (patriarcal, mosaica y cristiana) están basadas en un pacto que regula las relaciones entre Dios y el hombre; pacto sellado con sangre (Gen. 17, 9-10,13; Ex. 24, 3-7,8; Mt. 26, 8; Mc. 14, 24: Lc, 22, 20; 1 Cor. 11, 25). La Sangre purísima de Jesucristo es la Sangre del Pacto nuevo, del Nuevo Testamento, que debe regular las relaciones de la humanidad con Dios hasta el fin del mundo.

   Cada uno de estos pactos es un mojón de la misericordia de Dios, que orienta la ruta de la humanidad en su camino de aproximación a la divinidad: caída del hombre, vocación de Abraham, constitución de Israel, fundación de la Iglesia.

   Todo pacto tiene su texto. El texto del Nuevo Testamento es el Evangelio en su expresión más comprensiva, que significa el cúmulo de cosas que trajo el Hijo de Dios al mundo y que se encierran bajo el nombre de la "Buena Nueva". Buena Nueva que comprende al mismo Jesucristo, alfa y omega de todo el sistema maravilloso de nuestra religión; la Iglesia, su Cuerpo Místico, con su ley, su culto y su jerarquía; los sacramentos, que canalizan la gracia, participación de la vida de Dios, y el texto precioso de los sagrados Evangelios y de los escritos apostólicos, llamados por antonomasia el Nuevo Testamento, luz del mundo y monumento de sabiduría del cielo y de la tierra.

   Además, el Pacto lleva consigo compromisos y obligaciones que Cristo ha cumplido y sigue cumpliendo, y debe cumplir también el cristiano. Antes de ingresar en el cristianismo y de ser revestidos con la vestidura de la gracia hicimos la formalización del Pacto de sangre, con sus renuncias y con la aceptación de sus creencias. "¿Renuncias?... ¿Crees?..., nos preguntó el ministro de Cristo. "¡Renuncio! ¡Creo!" "¿Quieres ser bautizado?" "¡Quiero!" Y fuimos bautizados en el nombre de la Trinidad Santísima y en la muerte de Cristo, para que entendiéramos que entrábamos en la Iglesia marcados con la Sangre del Hijo de Dios. Quedó cerrado el pacto, por cuyo cumplimiento hemos de ser salvados. “La Sangre del Señor, si quieres, ha sido dada para ti; si no quieres, no ha sido dada para ti. La Sangre de Cristo es salvación para el que quiere, suplicio para el que la rehusa" (Serm. 31, lec.9, Brev. in fest. Pret. Sanguinis).

   El pacto de paz y reconciliación tendrá su confirmación total en la vida eterna. "Entró Cristo en el cielo -dice Santo Tomás- y preparó el camino para que también nosotros entráramos por la virtud de su Sangre, que derramó en la tierra" (3 q.22 a.5).

   "No os pertenecéis a vosotros mismos. Habéis sido comprados a alto precio. Glorificad, pues, y llevad a Dios en vuestro cuerpo", advierte San Pablo (1 Cor. 6, 19.20). Glorificar a Dios en el propio cuerpo significa mantener limpia y radiante -por una vida intachable y una conducta auténticamente cristiana- a imagen soberana de Dios, impresa en nosotros por la creación, y la amable fisonomía de Cristo, grabada en nuestra alma por medio de los sacramentos. Si nos sentimos débiles, vayamos a la misa, sacrificio del Nuevo Testamento, y acerquémonos a la comunión para beber la Sangre que nos dará la vida (lo. 6, 54).

   En esta hora de sangre para la humanidad sólo los rubíes de la Sangre de Cristo pueden salvarnos. Con Catalina de Siena. "os suplico, por el amor de Cristo crucificado, que recibáis el tesoro de la Sangre, que se os ha encomendado por la Esposa de Cristo", pues es sangre dulcísima y pacificadora, en la que "se apagan todos los odios y la guerra, y toda la soberbia del hombre se relaja".

   Si para el mundo es ésta una hora de sangre, para el cristiano ha sonado la hora de la santidad. Lo exige la Sangre de Cristo. "Sed. Santos -amonestaba San Pedro a la primera generación cristiana-, sed santos en toda vuestra conducta, a semejanza del Santo que os ha llamado a la santidad... Conducíos con temor durante el tiempo de nuestra peregrinación en la tierra, sabiendo que no habéis sido rescatados con el valor de cosas perecederas, el oro o la plata, sino con la preciosa Sangre de Cristo, que es como de Cordero incontaminado e inmaculado" (1 Petr. 1, 15-18).

   Roguemos al Dios omnipotente y eterno que, en este día, nos conceda la gracia de venerar, con sentida piedad, la Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, y que, por su virtud, seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo del fruto sempiterno (Colecta de la festividad).

   ¡Acuérdate, Señor, de estos tus siervos, a los que con tu preciosa Sangre redimiste!

JUAN HERVÁS BENET



*Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa