05/III/+2019 SAN ADRIÁN, Mártir

05 de marzo 
SAN ADRIAN, Mártir
¡Ay de vosotros los ricos!, porque ya tenéis
vuestro consuelo en este mundo. 
(Lucas, 6, 24) .

   San Adriano se trasladó a Cesárea para visitar en sus calabozos a los confesores de la fe, y fue detenido en las puertas de la ciudad. Interrogado acerca del motivo de su viaje, confesó ingenuamente la verdad y fue conducido a presencia del gobernador, quien lo hizo desgarrar con uñas de hierro y lo condenó en seguida a ser arrojado a las fieras. Como éstas lo respetaron, fue degollado; corría el año 308.

MEDITACIÓN
LOS RICOS SON DESGRACIADOS
EN ESTE Y EN EL OTRO MUNDO

I. No obstante que los hombres miren a los ricos como dichosos en este mundo, en realidad son desgraciados. Preciso es que sin descansar trabajen para adquirir y conservar sus riquezas; el deseo de aumentarlas y el temor de perderlas los atormentan sin cesar. Hasta son tan ciegos que no pocas veces no se sirven de sus riquezas, por miedo de verlas disminuir. No gozan los bienes de la tierra, y no gozarán los del cielo.
   
II. Considera al rico en la hora de 18 muerte. Dime por favor, ¿en cuánto estima ahora las riqueza que debe abandonar? ¡Ay! ¡con qué dolor conoce que ha de morir pronto, para ir a dar cuenta de su vida a ese Dios que tanto amó la pobreza y que despreció las riquezas! ¡Muerte cruel!, exclamaba un rey en sus últimos momentos, ¿así es cómo me separas de lo que tanto amé? (Libro de los Reyes).
   
III. ¿Los ricos serán felices por lo menos después de su muerte? ¿Lo podrían esperar, si no redimieron sus pecados mediante sus limosnas? Sus riquezas les proporcionaron los medios para cometer impunemente toda clase de crímenes; porque raro es dar con un hombre que solamente haga lo que debe, cuando tiene el poder de hacer todo lo que quiere. No sin razón Jesús dice a menudo que es difícil que un rico entre en el cielo. Él no quiso discípulos ricos en la tierra; ¡cuán para temer es que no reciba a muchos ricos en el cielo! Cristo, que es pobre, desprecia a los discípulos ricos. (San Cipriano). 

El desprecio de las riquezas
Orad por 
los pobres.

ORACIÓN
   Dios todopoderoso, Os suplicamos hagáis que la intercesi6n del bienaventurado Adriano, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

04/III/+2019 BEATA PLÁCIDA VIEL, Virgen

04 de marzo
BEATA PLÁCIDA VIEL, Virgen
   Victoria Eulalia Jacqueline Viel, que un día sería superiora general de las Hermanas de las Escuelas Cristianas, nació en el pueblecito normando de Val-Vacher. Era la octava hija de un agricultor y su instrucción se redujo a siete años de escuela primaria, en la ciudad de Quettehou. La beata era seria y tímida por temperamento. Hasta los diecisíete años, vivió la existencia tranquila y ordenada de una hija de agricultor, encargada de hacer casa a su hermano. A esa edad fue a visitar a una tía suya, que era religiosa en el convento de Santa María Magdalena Postel, en Saint-Sauveur-le- Vicomte. La visita impresionó tanto a la joven, que decidió ingresar en la comunidad. Fue admitida y tomó el nombre de Plácida.
   La madre Postel, que tenía ya ochenta años, vio en la joven religiosa a una sucesora ideal para el gobierno de la congregación. Así pues, cuando Plácida terminó sus dos años de noviciado, asistió a unos cursos intensivos en la escuela normal de Argentan y después fue nombrada profesora en un pensionado. Al mismo tiempo, la santa fundadora la iba iniciando en los deberes y responsabilídades de la administración y aun la mandó a abrir algunas nuevas casas. A los cinco años de vida religiosa, Plácida fue nombrada maestra de novícias, pero bien pronto tuvo que dejar el cargo para ir a París a reunir fondos para la restauración de la iglesia en la abadía de Saint-Sauveur y a arreglar otros asuntos de importancia.
   Santa María Magdalena Postel murió el 16 de julio de 1846. El capítulo general de las Hermanas de las Escuelas Cristianas escogió a Plácida para sucederla. La hermana María, su tía, esperaba ser elegida y, aunque la nueva superiora le dio mucha autoridad y responsabilidades, la hermana María, que ya desde antes se había mostrado hostil a su sobrina, obstaculizó mucho el gobierno de la madre Plácida durante los diez años siguientes. Para evitar esa dificultad, la beata residía el menor tiempo posible en la casa matriz y, mientras vivió su tía, gobernó la congregación "desde los abruptos y tortuosos caminos y senderos del centro y el oeste de Francia." En efecto, durante esa época,  beata viajó mucho por Francia para recoger fondos y visitar los conventos de la congregación, que crecía rápidamente. Trabajó con particular empeño por obtener la la aprobación oficial de la congregaciónbación oficial de la congregación. Las negociaciones fueron muy laboriosas y en una ocasión, la beata tuvo que hacer un viaje secreto a Viena para ver al condende de Chambord.
   La madre Plácida fue superiora general durante treinta años y la congregación prosperó mucho bajo su gobierno; se multiplicaron los orfanatorios, las casas de cuna, los talleres y las escuelas primarias gratuitas. Una de las más famosas fundaciones fue el orfanatorio del Sagrado Corazón de María, en París, donde en 1877, había ya 500 niños. La beata pudo también llevar felizmente a término la reconstrucción de la gran iglesia de la casa matriz, emprendida por la fundadora. El cardenal Guibert, arzobispo de Burdeos, hablando de la situación de Francia en 1870, aplicó a la madre Plácida lo que se había dicho de la Beata Ana Javouhey: "Sólo conozco a una persona capaz de restablecer el orden en Francia: la madre Plácida, del convento de Saint-Sauveur-le-Vicomte". La impresión que dejan la vida y las realizaciones de la beata es la de que fue una religiosa de gran encanto personal y buen humor, serenamente decidida a hacer por las niñas lo que San Juan Bautista de la Salle había hecho por los niños. Durante su gobierno, se abrieron en Normandía treinta y seis colegios para niñas pobres y se suprimió como libro de lectura "Les ordonnances de Louis XIV."
   La vida de la beata fue muy sencilla en todos sentidos. No tuvo pruebas espirituales especiales ni gracias místicas. Sin embargo, no faltaron algunos hechos milagrosos, que ella atribuía a la intercesión de la madre Postel por cuya beatificación trabajó mucho. Su muerte ocurrió el 4 de marzo de 1877, cuando tenía sesenta y dos años de edad. Plácida Viel fue beatificada en 1951. Bajo su gobierno, el número de conventos de la congregación aumentó de treinta y siete  a ciento cinco y el número de religiosas, de ciento cincuenta a más de mil.
   Ver D. Meunier, Une gerbe de merveilles (1931); L. Canuet, Bonne Mere Placide (1925),y la biografía escrita por P. de Crisenoy (1943). En inglés, ver Bd. Placide Viel, de S.C. Cf. también las biografías de Santa María Magdalena Postel.

04/III/+2019 SAN PEDRO DE CAVA, Obispo de Policastro

04 de marzo 
SAN PEDRO DE CAVA, Obispo de Policastro
   Pedro de Pappacarbone nació en Salerno (Italia). Era sobrino de San Alferio, fundador del monasterio de Cava. Ingresó en la vida religiosa a muy temprana edad, bajo la dirección de San León, el segundo abad. Pronto se distinguió por su piedad, sus abstinencias y su amor a la soledad. En aquélla época la abadía de Cluny era ya muy famosa y el joven monje obtuvo permiso para ir a Francia a ingresar en ella. Los monjes de Cluny intentaron enviarle a la escuela, pero el abad San Hugo les dijo que, a pesar de su poca edad, Pedro era ya maduro en las cosas de Dios. Pronto se confirmó esa opinión, pues, Pedro no desentonaba en aquel convento de santos monjes, en el que permaneció seis años, al cabo de los cuales fue llamado a Italia. San Hugo le permitió partir, gracias a la intercesión del archidiácono de Roma, Hildebrando, que más tarde sería el Papa Gregorio VII.
   San Pedro fue el primer obispo de Policastro, pero, como no se sintiese llamado por Dios al vértigo de obligaciones mundanas que le imponía su cargo, obtuvo licencia de renunciar a él y retirarse a Cava. El abad León, muy anciano para gobernar, le nombró sucesor suyo y se retiró. Los monjes habían confirmado, con sus sufragios, la elección de San Pedro, pero pronto encontraron demasiado dura la observancia que éste había aprendido en Cluny y empezaron a murmurar y a rebelarse. Algunos de ellos llevaron sus quejas al antiguo abad León. San Pedro, que no quería oponer resistencia ni ceder en las exigencias de la observancia, partió de Cava y se refugió en otro monasterio. Al poco tiempo, los monjes de Cava, aconsejados por el abad León, fueron a rogarle que volviese a tomar el gobierno y el santo aceptó. De ahí en adelante, los que se habían mostrado más opuestos a San Pedro fueron los más prontos en someterse a la observancia de las reglas.
   Bajo el gobierno de San Pedro, el monasterio floreció mucho: los aspirantes a la vida religiosa acudían en gran abundancia y muchas damas y caballeros regalaron tierras y dinero a la comunidad, que pudo así prestar ayuda a los pobres y a los enfermos. Hubo de agrandar la abadía para dar cabida a todos los aspirantes; igualmente se construyó una nueva iglesia, a cuya dedicación asistió el Papa Urbano II, quien había hecho gran amistad con San Pedro en Cluny. En Cava se conserva la crónica de la fiesta organizada con tal ocasión. Según dicha crónica, el Papa trató a San Pedro y a los otros monjes con gran sencillez, como si "hubiese olvidado que era Papa". San Pedro murió a edad muy avanzada, en 1123.
   La abadía de Cava existe todavía. En 1912, para manifestar su devoción a sus fundadores, los monjes de Cava publicaron las vidas de Alferio, de San Pedro y de otros dos abades, tomándolas de un antiquísimo manuscrito de su biblioteca; probablemente el autor de esas vidas es Hugo de Venosa, un contemporáneo de San Pedro. En esa biografía, que puede leerse en Acta Sanctorum (marzo, vol. 1), así como en Ughelli y en Muratori se basan todas las noticias que poseemos sobre San Pedro de Cava.   

04/III/+2019 SANTOS ADRÍAN Y COMPAÑEROS, Mártires

04 de marzo
SAN ADRIÁN y COMPAÑEROS, Mártires
   En el siglo IX, durante una de sus numerosas incursiones en la costa de Escocia, los daneses asesinaron a San Adrián y a sus compañeros, quienes se habían retirado al monasterio de la Isla de Mayo, después de haber trabajado mucho por la evangelización de Fifeshire. Poseemos pocos datos sobre la vida de esos santos. San Adrián, según cuenta el Breviario de Aberdeen, descendía de sangre real y había sido obispo de Panonia, en Hungría, su tierra natal. Movido por el celo misional, pasó a Escocia junto con Clodión, Gayo, Estolbrando, Monán y otros 6,602 compañeros, todos los cuales murieron con él. Parece que en Escocia no tuvo sede fija, aunque se ha afirmado que fue obispo y aun arzobispo de Saint Andrews. Algunos historiadores modernos le identifican con el santo irlandés Odhrán y se inclinan a creer a Boecio, quien afirma que todos estos mártires eran ingleses y escoceses. Los ingleses eran, probablemente, discípulos de San Aca, el cual, desterrado de Nortumbría fundó una sede episcopal entre los pictos; los escoceses e irlandeses podrían ser Adrián y sus compañeros, a quienes las incursiones de los daneses obligaron a emigrar de Irlanda a Firth of Forth. Fordun afirma que los mártires eran 100. En todo caso, en 875, tuvo lugar una batalla entre los escoceses y los daneses, en la que murieron muchos de aquellos. En el Breviario de Aberdeen, publicado en 1509, el oficio de los mártires tiene nueve lecciones.
   San David I construyó un convento en la Isla de Mayo y lo entregó a los benedictinos de Reading, pero más tarde pasó a manos de los canónigos regulares de San Andrés. La Isla de Mayo se convirtió en un sitio de peregrinación, al que acudió repetidas veces el rey escocés Jacobo IV.
   Ver el Breviario de Aberdeen, y KSS, pp. 266-268.

04/III/+2019 SAN LUCIO I, Papa

04 de marzo 
SAN LUCIO I, Papa
   Nació en Roma. Fue elegido Papa el el 25 de junio del año 253 y murió el 5 de marzo del año 254. Al poco tiempo de ser elegido fue exiliado por orden del Emperador Galo quien murió a los pocos meses en su lucha contra el general rebelde Emiliano, quien fue asesinado por sus soldados.

   Sucedió a Galo el emperador Valeriano que al principio de su reinado se mostró benévolo con los cristianos. No se sabe con certeza a qué lugar fue desterrado San Lucio, pero lo que sí se sabe es que por benevolencia del Emperador Valeriano, pudo Lucio regresar a Roma.

   Con motivo de su regreso a Roma, San Cipriano le escribió una carta diciéndole que no por haber sido preservado por Dios de la muerte, ha perdido la palma del martirio. San Cipriano añade: "No cesamos de ofrecer sacrificios y oraciones a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo para darle las gracias y suplicarle que, puesto que da la perfección en todo, perfeccione en tí la gloriosa corona de tu confesión. Tal vez el destierro no fue sino para mostrarte que tu gloria debe brillar ante los ojos de todos, pues conveniente que la víctima, que debe a sus hermanos ejemplo de virtud y de fe, sea sacrificada delante del pueblo".

   En otra carta  que escribió San Cipriano al Papa San Esteban, dice que San Lucio condenó a los herejes novacianos que rehusaban la absolución y la comunión a los pecadores arrepentidos. Según Eusebio, San Lucio ocupó la Cátedra de San Pedro por espacio de 8 meses.

   En su breve pontificado luchó contra el laxismo de las costumbres al que muchos eclesiásticos se habían entregado. Se hizo más frecuente la cohabitación  de diaconisas y clérigos, con fines de caridad y asistencia. Igual de frecuentes eran las debilidades. Lucio prohibió esa convivencia, y entendió también a los laicos el veto a vivir con mujeres fuera del matrimonio, de no ser éstas familiares muy próximas.

   Prescribió además que el Papa, en sus viajes para las sagradas funciones, estuviese acompañado de tres diáconos y por lo menos dos sacerdotes.

   Lucio murió de muerte natural y fue enterrado en la cripta de los Papas del Cementerio de San Calixto . Hoy yace en la Iglesia romana de Santa Cecilia. Se conservan reliquias suyas en Bolonia. En la Catedral de Roeskilde, cerca de Copenhague, se veneró durante largo tiempo la cabeza de este Papa, que era el Patrono de la ciudad.

04/III/+2019 SANTOS BASILIO, EUGENIO, AGATODORO y COMPAÑEROS, Mártires

04 de marzo 
SANTOS BASILIO, EUGENIO, AGATODORO y COMPAÑEROS, Mártires
   En tiempos de Diocleciano, Hermón, obispo de Jerusalén envió misioneros al Quersoneso para que anunciaran el Evangelio.
   Los primeros misioneros fueron Efrén y Basilio, después Agatodoro, Elpidio, etc. Efrén fue a Escitia; Basilio se presentó en el Quersoneso, de donde se le expulsó; pero luego fue llamado de nuevo. Ahí se dice que resucitó a un muerto y convirtió a toda una familia. Pero los judíos provocaron una sedición y fue martirizado. Los demás sufrieron la misma suerte al año siguiente. Era el 6 de marzo, pero se duda del año exacto; parece que fue el 300.
   Pasaron muchos años. Eterio llegó, a su vez de Jerusalén y tropezó con la obstinación de aquélla población. Marchó a Bizancio y obtuvo del emperador Constantino que todos los paganos fueran expulsados del Quersoneso. Pero al regresar de un segundo viaje a Bizancio para agradecer al emperador, fue asesinado por unos impíos.
   Los cristianos del Quersoneso obtuvieron de Constantino un nuevo obispo en la persona de Capitón, quien hizo nuevas conversiones y murió en paz, el
22 de diciembre.
   Según algunos, también Efrén había muerto con Basilio. En cuanto Néstor y Arcadio, que el Martirologio Romano junta a los siete obispos precedentes, forman un grupo aparte: fueron enviados a Chipre y, es posible que no alcanzaran el martirio.
   En la Iglesia griega, el oficio de estos siete obispos está señalado para el día 7 de marzo. El martirio de los seis primeros tuvo lugar un 6 de marzo aunque no del mismo año; el menologio del cardenal Sirlet los sitúa el 4 marzo y Baronio se informó en él, equivocadamente. Tamayo de Salazar, al reivindicarlos para España, se dejó influir torcidamente por el pseudo Dexter que, en su crónica, vincula a los nueve obispos a una ciudad española llamada Cherronesus.
    Acta Sanctorum, 4 de marzo, con un comentario explicativo.

04/III/+2019 SAN CASIMIRO, Confesor

04 de marzo
SAN CASIMIRO, Confesor
Bienaventurados los que tienen puro su corazón.
porque ellos verán a Dios.

(Mateo, 5,8).

   San Casimiro, rey de Polonia, vivió en castidad, y murió por conservar esta virtud. La meditación de los sufrimientos de Jesucristo, los cilicios, el ayuno y las otras austeridades, tales fueron los medios de que se valió para conservar un pureza angélica. Lleno de celo por la propagación de la fe, persuadió a su padre a dictar una ley que prohibió a los rutenos cismáticos la construcción de nuevos templos y la reparación de los que quedaban en ruinas. Su caridad para con los pobres era inagotable. Anunció el día de su muerte, y dio su alma a Dios, a la edad de 23 años, en el año 1484.

MEDITACIÓN SOBRE
EL PECADO

I. El pecado mortal es el mal supremo del hombre; es preciso evitarlo a cualquier precio. Mantente firmemente resuelto a perder tus bienes, tu honra, tu salud, tu vida, antes que cometer un solo pecado mortal. ¿Estás dispuesto a ello? ¿Cuántas veces ofendes a Dios por un puntillo de honra, por un leve interés, por un placer transitorio?
   
II. La misma actitud debemos observar respecto al pecado venial, pues el pecado disgusta a Dios, y lo ofende. Sí, sería mejor dejar que perezca el mundo entero antes que proferir una mínima mentira. Es el sentir de todos los santos; ¿es también el tuyo? ¿Cuántos pecados veniales cometes por día? Ten cuidado, esas pequeñas enfermedades te predisponen insensiblemente para una enfermedad mortal. Nunca cometas ni siquiera un solo pecado venial deliberado.
   
III. No basta alejarse del pecado mortal y del pecado venial, es preciso, en la medida en que lo puedas, evitar hasta las menores imperfecciones, y seguir los consejos que Jesús nos da en el Evangelio. San Casimiro prefirió morir antes que abandonar el consejo evangélico de la castidad. ¡Cuán alejado estás tú de la guardia de los consejos, tú que apenas observas los mandamientos! Pon mucho cuidado en esto: el que no hace la que manda el Señor, en vano espera la que Él promete. (San Pedro Crisólogo).

La huida del pecado
Orad por los que os gobiernan. 

ORACIÓN
   Oh Dios, que amasteis a San Casimiro con inquebrantable constancia en medio de los placeres de la corte y las seducciones del mundo, haced, benigna- mente, que por su intercesión vuestros fieles desprecien las cosas terrenas y suspiren sólo por los bienes del cielo. Por J. C. N. S. Amén.

03/III/+2019 SANTOS MARINO Y ASTIRIO, Mártires

03 de marzo 
SANTOS MARINO y ASTIRIO, Mártires
   San Marino pertenecía a una noble familia de Cesárea de Palestina y se había distinguido en el ejército. Iba ya ser condecorado con el emblema de centurión, cuando uno de sus rivales objetó que no tenía derecho a aspirar a esa dignidad pues era cristiano y no podía ofrecer sacrificios al Emperador. Al ser interrogado por el gobernador Aqueo, Marino se confesó servidor de Cristo y ante su negativa de adorar a las divinidades paganas, fue ejecutado inmediatamente. San Astirio, un senador romano que gozaba del favor del emperador asistió al martirio de Marino, envolvió el cadáver en su propia capa, se lo echó sobre los hombros y le dio cristiana sepultura. Cuando el gobernador se enteró de lo sucedido, interrogó a Astirio y al confesarse cristiano, fue condenado al martirio.

03/III/+2019 SANTOS EMETERIO y CALEDONIO, Mártires

03 de marzo 
SANTOS EMETERIO y CALEDONIO, Mártires
   Santos Emeterio y Caledonio, del griego: medio fiera y pequeña golondrina, respectivamente (s III-IV). Mártires. Al parecer, eran militares españoles de la VII legión romana. Se dedicaban a evangelizar y al ser descubiertos en la región del Logroño, España, fueron torturados hasta morir. Se dice que al fallecer se pudieron ver el anillo de Emeterio y el pañuelo de Caledonio elevándose hacia el cielo, atributos que, en su iconografía, se añaden a la palma del martirio. Se les representa con atuendo militar.

03/III/+2019 SAN ANSELMO DE NONÁNTOLA, Abad

03 de marzo
SAN ANSELMO DE NONÁNTOLA, Abad
   Cuando el rey Aistulfo gobernaba Italia, su cuñado Anselmo, duque de Friuli, le acompañó en sus campañas militares. El duque no sólo era un valiente soldado, sino también un fervoroso cristiano. Primero fundó un monasterio y un hospital en Fanano, en la provincia de Módena y más tarde, una gran abadía a unos 30 kilómetros al sur de Nonántola. Deseoso de consagrarse enteramente a Dios, San Anselmo fue a Roma, donde tomó el hábito de San Benito y fue nombrado abad de la nueva comunidad. El Papa Esteban III le dio también permiso de trasladar a Nonántola el cuerpo del Papa San Silvestre. Astiulfo enriqueció mucho la abadía, y le concedió grandes privilegios, de suerte que se hizo famosa en toda Italia. El abad Anselmo llegó a gobernar a más de mil monjes. Igualmente estaba encargado de un gran hospital y de un albergue para los enfermos y peregrinos que él mismo había construido cerca del monasterio, en honor de San Ambrosio. Desiderio, el sucesor de Aistulfo, desterró al santo abad a Monte Casiono, donde pasó siete años; pero Carlomagno le restituyó a Nonántola, y ahí murió, ya muy anciano, después de haber pasado cincuenta años en religión.

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa