03/III/+2019 SAN GERVINO, Abad

03 de marzo
SAN GERVINO, Abad
   San Gervino, pertenecía a una familia emparentada con la de San Bruno, obispo de Toul, que en el papado llevó el nombre de León IX. Nació en el distrito de Reims, y fue educado en la escuela episcopal. La despierta inteligencia de Gervino se sintió atraída por los clásicos latinos, de suerte que el joven corrió el riesgo de pervertirse con esa poesía sensual, pero, con la gracia de Dios, triunfó de las tentaciones. Después de su ordenación sacerdotall, fue nombrado canónigo de la catedral de Reims, que le aseguraba un porvenir sin preocupaciones; pero, como la vida del sacerdote secular no le satisfacía, ingresó en la abadía de Saint-Vanne, de Verdún, donde pronto se distinguió por su vasto saber, su elocuencia y su modestia. En 1045, el rey Enrique I se Francia nombró a Gervino abad de Saint-Riquier, pero el santo no aceptó sino hasta que todos los monjes votaron por él. Durante su superiorato, construyó varias capillas y santuarios, mostró gran prudencia en el manejo de los bienes de la abadía y desplegó mucho celo por conseguir manuscritos griegos y latinos para la biblioteca. Los peregrinos se apretujaban en la iglesia y el santo abad pasaba, con frecuencia, el día entero oyendo confesiones. Pero su celo no se limitaba a la abadía, sino que le llevó por la Picardía, Normandía y Aquitania hasta Turingia, predicando y oyendo confesiones. Cuando el Papa San León IX fue, en 1050, a Reims, para consagrar la iglesia de San Remigio y presidir el concilio, el abad de Saint-Riquier le acompañó en el viaje de regreso a Roma.
   San Gervino fue varias veces a Inglaterra, donde su abadía tenía algunas posesiones, y aprovechó esos viajes para predicar y visitar los santuarios ingleses. San Eduardo, el confesor, le tenía en gran estima. A este propósito se cuenta una historia curiosa: la reina Edit, que había oído a su esposo hablar con admiración de san Gervino, trató de recibirle con un beso, según la costumbre inglesa, pero el santo no consideró conveniente ese saludo y se rehusó a recibirlo. La reina se molestó tanto, que San Eduardo tuvo cierta dificultad en calmarla; pero la historia acabó bien, pues la reina regaló una hermosa capa al santo abad.
   El Pueblo profesaba tal veneración a San Gervino que, ya en vida, le conocía con el nombre de "el santo abad". En los cuatro últimos años de su existencia el santo sufrió una especie de lepra, pero ello no le impidió el cumplimiento exacto de sus deberes y aun bendecía frecuentemente a Dios por haberle enviado aquélla prueba. El 3 de marzo de 1075, se sintió tan mal, que apenas pudo terminar la misa que celebraba en la cripta de la iglesia Notre-Dame-de-la-Voûte, que él mismo había construido. Los monjes tuvieron que transportarle en brazos a su celda, donde se reunieron todos con gran consternación. El santo les dijo: "Hijos míos, hoy ha venido la Virgen a despedirme de esta vida". En seguida insistió en hacer una confesión pública de sus pecados. DEspués pidió que le transportasen de nuevo a la iglesia, al altar de San Juan Bautista y ahí murió. Cuando los monjes lavaron su cuerpo, no encontraron en él la menor huella de lepra.

03/III/+2019 BEATO PEDRO RENATO, o RENÉ o ROQUE, Mártir

03 de marzo 
BEATO PEDRO RENATO, o RENÉ o ROQUE,
Mártir
   Nació en Vannes, Francia, el 11 de junio de 1758. Era el más joven de los tres.

   Entró en la Congregación de la Misión y fue ordenado el 12 de septiembre de 1782. Trabajó en la formación del clero y en el trabajo parroquial.
   Durante la Revolución Francesa, dio muestras del más grande heroÍsmo apostólico. Se negó a firmar el juramento de la Constitución y durante algún tiempo tuvo que disfrazarse y esconderse. Finalmente, denunciado por un ateo, fue hecho prisionero.

   Tras unos meses de cárcel y malos tratos, sobrellevados con paciencia y buen ánimo sirviendo de apoyo a otros fieles, murió decapitado el 3 de marzo de 1796. Fue beatificado el 10 de mayo de 1934.

03/III/+2019 BEATA TERESA VERZERI, Virgen y Fundadora de las Hijas del Sgdo. Corazón

03 de marzo 
BEATA TERESA VERZERI, Virgen y Fundadora de las Hijas del Sgdo. Corazón
   Teresa Verzeri nació en Bérgamo de Lombardía, el 31 de julio de 1801. Era una de las hijas de Antonio Verzeri y de su esposa Elena, perteneciente a la familia de los condes de Pedroça-Grumelli. Los Verzeri profesaban gran devoción a San Jerónimo. Uno de sus hijos, que fue más tarde obispo de Frescia, se llamaba Jerónimo y Teresa tenía como segundo nombre Eustoquio, en recuerdo de la hija de Santa Paula. Como es bien sabido, estas dos santas habían sido muy amigas de San Jerónimo y habían ejercido, por turno, el superiorato del convento de mujeres que éste había fundado en Jerusalén. En el caso de Teresa, el nombre Eustoquio resultó profético.
   Se cuenta que Teresa decidió hacerse religiosa a los diez años de edad, el día de su primera comunión. Tales inspiraciones no son raras a esa edad, pero la firme resolución de Teresa no hizo más que crecer hasta el día de su confirmación. En esto le ayudó mucho al canónigo José Bengalio, de la catedral de Bérgamo. Es difícil determinar si el canónigo tenía ideas claras sobre Teresa o si estaba tratando de probar su vocación, pues tres veces la hizo entrar y volver a salir del convento de las benedictinas de Santa Grata. La obediencia ciega de Teresa al canónigo le valió no pocas críticas y burlas, pero la beata las soportó con paciencia y alegría. Fue sin duda una época de rudo aprendizaje.
   Después de haber salido por tercera vez del convento, Teresa se consagró enteramente a la instrucción religiosa de las niñas en una pequeña casa llamada Gromo, que pronto se convirtió en la semilla de la nueva congregación religiosa que había de fundar. Antonia, su hermana y otras dos jóvenes, llamadas Virginia Simoni y Catalina Manghenoni, se le unieron al poco tiempo. Las cuatro hicieron la profesión de votos simples ante el canónigo Benaglio, quien las destinó a la enseñanza de la juventud. La vida de la nueva comunidad era muy austera, con largos períodos de silencio y ayuno. Teresa tuvo que hacer frente a muchas dificultades espirituales, dudas y tentaciones. La congregación empezó pronto a crecer, pues ingresaron en ella numerosas jóvenes de buena familia, entre las que se contaban tres hermanas de Teresa, llamadas María, Judit y Catalina, además de su propia madre que había quedado viuda. El canónigo Benaglio se encargaba de la dirección espiritual de la comunidad y ayudó a redactar las reglas y constituciones que comprendían diferentes obras de caridad: escuelas para los niños pobres, visitas a las mujeres enfermas, centros religiosos y de recreación para las jóvenes que se hallaban en peligro y sobre todo, retiros para mujeres, según el espíritu de San Ignacio de Loyola.
   El obispo de Bérgamo, Mons. Carlos Gritti-Morlacchi, favoreció al principio a la nueva congregación, pero después se dedicó a obstaculizar su crecimiento. Mayor prueba fue para Teresa su propia indecisión y humildad. ¿La llamaba Dios realmente a fundar una nueva congregación, dado que ya existían otros institutos similares, como el del Sagrado Corazón, fundado por Santa Magdalena Sofía Barat? Teresa fue a Turín, donde la madre Barat había empezado a organizar, desde 1832, los retiros para mujeres y se sintió muy inclinada a unir su congregación con la de la santa. Pero pronto comprendió que la voluntad de Dios era diferente, pues había campo más que suficiente para las dos congregaciones, por similares que fuesen. Así pues, la beata tuvo que superar ésta y otras dificultades y soportar con paciencia numerosas desilusiones, antes de conseguir que se estableciera sólidamente su instituto. Finalmente, en 1841, Teresa y sus compañeras pudieron hacer la profesión solemne en manos del mismo prefecto de la congregación de obispos y religiosos, el cardenal Constantino Patrizi. Unos cuantos días más tarde, fue publicado el decreto aprobatorio de la Santa Sede y la congregación fue definitivamente confirmada en 1847. Con esta ocasión, se autorizó a la fundadora a abrir una casa en Roma.
   Entre los que ayudaron a Teresa Verzeri en las dificultades, se contaba el Beato Luis Pavoni, de Brescia, quien se encargó de imprimir las constituciones de la nueva congregación, en un momento en que esto significaba exponerse a muchas molestias; pero el beato hizo caso omiso de las murmuraciones y hablillas. Además, intercedió ante Mons. Speranza para que apoyase en Roma la causa de las Hijas del Sagrado Corazón. Cuando Teresa compró un antiguo monasterio en Brescia, el Beato Luis proyectó los cambios que era necesario hacer al edificio y se encargó de vigilar personalmente la obra. Para ayudar a Teresa, hizo varios viajes a Bérgamo y a Trento, y se comprometió a asegurar la misa diaria en la casa madre. Nada era demasiado difícil para el Beato Luis, cuando se trataba de ayudar a las religiosas. La gran estima mutua que se profesaban el Beato Luis y la Beata Teresa ha continuado entre sus congregaciones respectivas, en el siglo que ha transcurrido desde su muerte.
   La beata vivió todavía cuatro años después de la fundación de la casa de Roma. Durante ellos creció en gracia y santidad y su congregación con ella. El cólera que azotó el norte de Italia, arrebató a la beata el 3 de marzo de 1852. La multitud que asistió a sus funerales fue el mejor testimonio de la reputación de santidad de que gozaba y que no ha hecho sino aumentar con el tiempo. Teresa fue beatificada en 1946.
   Ver el breve de beatificación, en Acta Apostolicae Sedis, vol. XXXIX, n. I (1947). No existen biografías de la beata más que en italiano; parece que se han publicado varios volúmenes de su correspondencia: cí. Un apostolo della gioventu derelitta (Beato Luis Pavoni), pp. 209.211 (1928).

03/III/+2019 BEATO INOCENCIO BERZIO

03 de marzo
BEATO INOCENCIO BERZIO
     Inocencio de Berzio, venerado discípulo de San Francisco, hizo suya desde muy joven la máxima de San Lorenzo Justiniano: "Debe humillarse el hombre ante Dios y vaciar su corazón de la soberbia para rellenarlo con el don de la gracia".
   Inocencio nació en la población de Valle de los Caminos, cerca de Brescia, Italia, el 29 de marzo de 1844. Su familia era modesta y profundamente cristiana. Su madre, mujer ejemplar enviudó cuando era joven y se hizo cargo de la educación de su hijo pequeño, inculcándole los principios cristianos que ella practicaba. A costa de grandes sacrificios pudo enviar al pequeño a la escuela de los padres capuchinos en Brescia donde el futuro santo no tardó en sobresalir por su mansedumbre, su modestia, cualidades que fueron el anticipado anuncio de la santidad a la que había de llegar. Con éxito siguió los estudios eclesiásticos a tal punto que sus superiores le asignaron el cargo de maestro de novicios en una casa de formación de su orden. Al mismo tiempo se le envió a terminar sus estudios superiores de teología al seminario de Brescia, por consejo del obispo de la diócesis, Mons. Jerónimo Verzeri, quien admiraba las virtudes del joven. Ya en el seminario, éste hizo de su propia santidad el principal negocio de su vida.
   El 2 de junio de 1867 recibió las órdenes sagradas y ejerció su ministerio en la ciudad de Cevi hasta que fue enviado por sus superiores a dirigir el seminario de Brescia, tarea que desempeñó con su acostumbrado celo. Por poco tiempo desempeñó esta labor porque el obispo lo designó párroco auxiliar en Brescia, un puesto en el que podía dar rienda suelta a su ferviente caridad. Allí continuó haciendo el bien hasta el mes de abril de 1874, cuando tomó el hábito de los Frailes Menores capuchinos en el convento de Nuestra Señora de los Ángeles, cercano a Borno y adoptó el nombre de Inocencio de Berzio. Un año más tarde hizo su profesión y, desde entonces, consagró toda su actividad para ascender a las más altas cumbres de la santidad. En el caritativo ejercicio de atender a los atacados por la peste, durante la epidemia de 1889 se contagió del mal y en poco tiempo, el 3 de marzo de aquel año entregó el alma al Señor en la misma región que le vio nacer.
   Síntesis de la biografía del Beato Inocencio tomada de las Litterae Apostolicae del 12 de noviembre de 1961; Acta Apostolicae Sedis, vol. LIII, pp. 803 ss. 

02/III/+2019 BEATA INÉS DE BOHEMIA, Virgen

02 de marzo 
BEATA INÉS DE BOHEMIA, Virgen
   Inés Premislita, es venerada como una de las santas patronas de las Tierras Checas y, a la vez, fundadora del primer monasterio de la orden de Santa Clara en el territorio de Bohemia.

   H
ija de Premysl Otakar I, rey de Bohemia, y de la reina Constancia, hermana de Andrés I, rey de Hungría, nació en Praga en el año 1211. Desde la infancia, independientemente de su voluntad, se vio implicada en proyectos de matrimonio por especulaciones políticas y conveniencias dinásticas. A la edad de tres años fue encomendada a los cuidados de la duquesa de Silesia, Santa Eduvigis, que la acogió en el monasterio de las monjas cistercienses de Trzebnica y le enseñó los primeros rudimentos de la fe cristiana. A la edad de seis años la llevaron de nuevo a Praga y la encomendaron a las monjas premonstratenses de Doksany para su instrucción. En 1220, prometida en matrimonio a Enrique VII, hijo del emperador Federico II, fue llevada a la corte del duque de Austria, donde vivió hasta el año 1225, manteniéndose siempre fiel a los deberes de la vida cristiana.
   Rescindido el pacto de matrimonio, volvió a Praga, donde se dedicó a una vida de oración más intensa y a obras de caridad; después de madura reflexión decidió consagrar a Dios su virginidad. Llegaron a la Corte de Praga otras propuestas de matrimonio para Inés. El Papa Gregorio IX, a quien Inés había pedido protección, intervino reconociendo su propósito de virginidad y desde entonces Inés adquirió para siempre la libertad y la felicidad de consagrarse a Dios.
   A través de los Hermanos Menores, que iban a Praga como predicadores itinerantes, conoció la vida espiritual que llevaba en Asís la virgen Clara, según el espíritu de San Francisco. Quedó fascinada y decidió seguir su ejemplo. Con sus propios bienes fundó en Praga entre 1232 y 1233 el hospital de San Francisco y el instituto de los Crucíferos para que lo dirigieran. Al mismo tiempo fundó el monasterio de San Francisco para las «Hermanas Pobres» o «Damianitas», donde ella misma ingresó el día de Pentecostés del año 1234.
   Profesó los votos de castidad, pobreza y obediencia, plenamente consciente de los valores eternos de estos consejos evangélicos, y se dedicó a practicarlos con fervorosa fidelidad, durante toda su vida. La virginidad por el Reino de los cielos siguió siendo siempre el elemento fundamental de su espiritualidad, implicando toda la profunda afectividad de su persona en la consagración del amor indiviso y esponsal a Cristo. El espíritu de pobreza, que ya la había inducido a distribuir sus bienes a los pobres, la llevó a renunciar totalmente a la propiedad de los bienes de la tierra para seguir a Cristo pobre en la Orden de las «Hermanas Pobres». El espíritu de obediencia la condujo a conformar siempre su voluntad con la de Dios, que descubría en el Evangelio del Señor y en la Regla de vida que la Iglesia le había dado.
   Trabajó junto con santa Clara para obtener la aprobación de una Regla nueva y propia que, después de confiada espera, recibió y profesó con absoluta fidelidad. Constituida, poco después de la profesión, abadesa del monasterio, conservó esta función durante toda la vida y la ejerció con humildad, sabiduría y celo, considerándose siempre como «la hermana mayor». La admiración que suscitó Inés cuando se difundió por Europa la noticia de su ingreso en el monasterio creció con los años. Se admiraba especialmente el ardor de su caridad para con Dios y para con el prójimo, el fervor con el que adoraba el misterio eucarístico y la cruz del Señor, así como la devoción filial a la Virgen María, contemplada en el misterio de la Anunciación. Amó a la Iglesia, implorando para sus hijos los dones de la perseverancia en la fe y la solidaridad cristiana. Se hizo colaboradora de los Romanos Pontífices, que para el bien de la Iglesia solicitaban sus oraciones y su mediación ante los reyes de Bohemia, sus familiares. Amó a su patria, a la que benefició con las obras de caridad individuales y sociales y con la sabiduría de sus consejos, encaminados siempre a evitar conflictos y a promover la fidelidad a la religión cristiana de los padres.
   Todavía viviendo Inés, entre el pueblo corrían rumores sobre los milagros que acompañaban la labor de la princesa. Ésta - se contaba- curaba a los desahuciados, predecía el futuro y era amada tanto por sus familiares como por todo el pueblo checo; su fama llegó a sobrepasar las fronteras del Reino de Bohemia. 
   En los últimos años soportó inalterable los dolores que la afligieron a ella, a la familia real, al monasterio y a la patria. Murió santamente en su monasterio el 2 de marzo de 1282. El culto tributado desde su muerte y a lo largo de los siglos a la Venerable Inés de Bohemia, tuvo el reconocimiento apostólico con el Decreto aprobado por el Papa Pío IX el 28 de noviembre de 1874.

02/III/+2019 BEATO ENRIQUE SUSO

02 de marzo 
BEATO ENRIQUE SUSO
   Enrique Suso, religioso dominico y escritor místico, es uno de los autores espirituales alemanes más conocidos del s. XIV. Su espiritualidad se caracteriza por su amabilidad y por su claro concepto de que la vida interior es accesible a todas las almas de buena voluntad.
   Nació en Suabia, probablemente en Constanza, el 21 de marzo de 1296. El apellido de su padre era von Berg; el de su madre, Seuse; usado este último por el beato. A los pocos años, Enrique -cuyo nombre significa "príncipe de la casa"- ingresó en un convento de padres dominicos. Por una de sus obras, titulada Horologium sapientiae, sabemos que al cumplir los dieciocho años sufrió un cambio repentino: se llenó de un fervor que hasta entonces no había conocido. En la mencionada obra, Suso refiere las crisis en que se debatió su alma frente al ideal de santidad encarnado en Jesús crucificado.  
   En 1320 se transladó a Colonia, donde enseñaba uno de los más grandes místicos: el maestro Eckhart. Desde el comienzo quedó sujeto a sus enseñanzas, convirtiéndose en uno de los mejores discípulos y manteniéndose fiel a él toda su vida. Por tal motivo, desde 1327 Enrique Suso fue víctima de la persecución; se le instruyó proceso, condenándoselo, y perdió así el cargo de lector que desempeñaba en Constanza. Entonces se convirtió en predicador, recorriendo pueblos de Alsacia, del valle del Rin y de Suiza. Al mismo tiempo ejerció como director espiritual de algunos conventos de monjas pertenecientes a la orden.
   La desgracia siguió cerniéndose sobre él. Los últimos treinta años de su vida fueron los más desdichados. Víctima de calumnias, perdió la estimación de sus compañeros, lo cual le trajo gran tristeza y desconsuelo. Pero su santidad hizo que lo aceptara todo con resignación. 
   Enrique Suso murió en el año 1366 en la ciudad de Ulm. Fue un alma mística. Influido por Eckhart, su escritos, sobre todo el libro de la Verdad y de la Sabiduría eterna, con meditaciones sobre agonía de Cristo en la cruz y el dolor de su madre, han ejercido una influencia doctrinal muy grande, especialmente a partir de 1555, a raíz de la edición de sus obras por Surio, notable hagiógrafo y monje cartujo.

02/III/+2019 BEATO CARLOS LE BON, Conde de Flandes

02 de marzo 
BEATO CARLOS LE BON, Conde de Flandes
Esforzaos más y más para asegurar vuestra vocación
y elección, por medio de las buenas obras.
(2 Pedro, 1,10).

   Este santo, más ilustre aun por su caridad para con los pobres que por su corona de conde, los visitaba descalzo, les besaba la mano con respeto, persuadido de que a Jesucristo mismo era a quien daba limosna. En una ocasión obligó a un hombre rico a que le vendiese a precio razonable, para repartirlo entre los pobres, el trigo que tenía reservado. Este miserable esclavo del dinero le dio muerte en momentos en que oraba ante el altar de la Santísima Virgen. ¡Qué preciosa muerte la de Carlos, que murió, por la caridad, ante el altar de la Madre del amor hermoso!

MEDITACIÓN SOBRE
LAS SEÑALES DE NUESTRA
PREDESTINACIÓN

   
I. Nadie sabe en este mundo si es un predestinado o un réprobo. Con todo, hay señales de predestinación que son casi infalibles. Si Dios te envía aflicciones, y tú las recibes con sumisión y paciencia, es una señal de que irás al cielo con Jesucristo, pues llevas su cruz y te conformas con este modelo de predestinados. Tiembla pues, tú, dichoso en este mundo, que gozas de los placeres y que todo tienes a medida de tu deseo: sigues las huellas del rico epulón; vas por camino contrario al que Jesucristo te dijo que siguieras para llegar al cielo. Es menester entrar en el reino de los cielos por muchas tribulaciones. (Hechos de los Apóstoles).
   
II. Otra señal de predestinación es el buen uso del sacramento de la Penitencia. Pecar es flaqueza común a todos los hombres, pero sólo es de los elegidos el hacer buena penitencia. ¿Te confiesas a menudo? ¿No te expones a morir en pecado difiriendo tu conversión? ¿No recaes en los pecados graves que confesaste? ¿Los remordimientos de tu conciencia te dan a entender que tu vida es mala? ¿Los escuchas? ¿Los apaciguas descargándote lo antes posible del peso de tus culpas?
   
III. También son señales de predestinación el celo por la limosna y las obras de misericordia corporal y espiritual, la piedad para con Jesucristo moribundo en la cruz u oculto en la Santa Eucaristía, la devoción a la Santísima Virgen; mira si hay en ti estas señales de predestinación, todas o algunas por lo menos. Examínate. Si las hallas en ti, alégrate y ten confianza en la misericordia de Dios. Me parece que reconozco algunas señales de tu vocaci6n y de tu predestinación. (San Bernardo).

La práctica de las obras de misericordia
Orad por las necesidades de la Iglesia.

ORACIÓN
   Oh Dios, que cada año nos dais un nuevo motivo de gozo con la fiesta del bienaventurado Carlos, vuestro confesor, haced por vuestra bondad, que honran do la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos también la vida que vivió en la tierra. Por J. C. N. S. Amén.

01/III/+2019 SAN ALBINO, Obispo y Confesor

01 de marzo 
SAN ALBINO, Obispo y Confesor
No tenéis que pensar que Yo haya venido
a traer la paz a la tierra; no he venido
a traer la paz, sino la guerra.
(Mateo, 10, 34).

    San Albino fue un generoso soldado de Jesucristo. Luchó contra el mundo, y para vencerlo abrazó la vida religiosa. Nombrado, posteriormente, obispo de Angers por inspiración del Cielo, usó de toda su influencia para combatir el vicio dondequiera lo encontraba. Tan venerado era en la corte del rey Childeberto que, cuando a ella iba, el rey mismo salía . a su encuentro. Murió hacia el año 554.

MEDITACIÓN
LA VIDA ES UNA GUERRA

I. Hemos de luchar en esta vida contra las potencias invisibles del infierno. Estemos alertas en todo tiempo y en todo lugar; pues los demonios vigilan siempre para atacarnos con ventaja, vigilemos también nosotros para defendernos victoriosamente. Sus armas son invisibles, nos atacan mediante malos pensamientos; defendámonos con las armas espirituales de la fe y de la confianza en Dios, e invoquemos a menudo el Santo Nombre de Jesús. El enemigo vigila sin cesar para perdernos, y nosotros no queremos salir de nuestro sueño para defendernos. (San Agustín).
   
II. Hay también otros enemigos, visibles, que son más peligrosos que los demonios. Guárdate de ellos, para ti los hombres son crueles enemigos; atacan tu virtud con sus malos ejemplos y sus perniciosos consejos, con sus burlas amargas, con el atractivo de las voluptuosidades que exponen ante tu vista. Tus parientes, tus amigos, serán a menudo los enemigos que más trabajo te darán, y que opondrán más obstáculos a tu santificación; ármate de valor y rompe sus lazos.
   
III. Tú mismo eres el más cruel de tus enemigos: tienes un cuerpo que está en inteligencia con el demonio para perder tu alma. Es preciso abatir este enemigo mediante las austeridades, las mortificaciones. Rehúsa a tus sentidos los placeres ilícitos que te pidan; tampoco les concedas todos los permitidos; así es como sujetarás tu carne a la razón, y tu razón a Dios. ¿Obras así? ¿Concedes a tu cuerpo todo lo que desea? Si estás en paz con tu cuerpo, haces guerra a Dios. La carne lucha sin cesar contra el espíritu; no cesemos pues de luchar contra la carne. (San Agustín).

La fortaleza 
Orad por la extirpación de las herejías

ORACIÓN
      Haced, Os suplicamos, Dios todopoderoso, que esta piadosa solemnidad de vuestro bienaventurado servidor Albino, confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación Por J. C. N. S. Amén.

01/III/+2019 SANTA EUDOXIA, Mártir

01 de marzo 
SANTA EUDOXIA, Mártir
   Eudoxia nació en Heliópolis de padres hebreos, procedentes de Samaria, por lo que se le dio el sobrenombre de "samaritana". Cierto día al oír a un monje llamando Germán cantar los salmos y leer en voz alta los pasajes de la Biblia, Eudoxia se sintió sobrecogida por un gran temor, y luego de conversar con el monje –quien le aconsejó renunciar a todas sus riquezas- la santa decidió entregarse a la oración y la penitencia, suplicando al monje que le enseñara la doctrina cristiana y los medios para santificarse.
   Fue bautizada por el Obispo Teódoto a quien le entregó todas sus riquezas para que las distribuyera entre los pobres, mientras ella se retiraba a una convento. Cuando comenzó a arder la persecución, los antiguos amantes de Eudoxia la denunciaron como cristiana y el prefecto de Heliópolis la mandó a arrestar, pero ella hizo tales prodigios que los verdugos asombrados la dejaron libre. Sin embargo, muy pronto otro prefecto, Vicente, la hizo decapitar.
  

01/III/+2019 SAN DAVID, Obispo y Patrón de Gales

01 de marzo 
SAN DAVID, Obispo y Patrón de Gales 
   David, conocido como Dewi, Patrono de Gales, era un hombre de alta moralidad y paciencia, de amistades duraderas. Antes de su nacimiento, mientras estaba todavía en el vientre materno, los milagros predijeron su esclarecimiento. Se dice que un ángel fue su compañero constante desde el nacimiento, asistiendo cada necesidad suya y jugando un hábil papel en su educación como estudiante de los misterios divinos. El es recordado tiernamente por los ciudadanos de Gales, por transformar las aguas heladas de las piscinas del baño y volverlas perpetuamente tibias, suaves y curativas. Como Cristo, él sanó a los enfermos y levantó a los muertos. Cuando disertaba, una paloma blanca nieve se apoyaba en su hombro. A menudo las enormes muchedumbres se reunían para oírle hablar, y cuando las asambleas crecieron hasta hacerse demasiado grandes, la tierra bajo sus pies se elevó para formar una colina desde la cual su voz pudo ser oída por todos.

   Vivió más de cien años y en el momento de su muerte, en 589 D.C., dijo estas palabras finales, "Estén alegres, hermanos y hermanas. Mantengan la fe, y hagan las pequeñas cosas que han visto y escuchado de mí."

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa