01/II/+2019 LA IMITACIÓN DE CRISTO por TOMÁS de KEMPIS (Libro I, CAP, XV)

Compartimos con nuestros lectores, ésta majestuosa obra de espiritualidad cristiana, fuente de tantas almas santas y virtuosas, que ha llegado incluso a ser recomendada su lectura por muchos santos, confesores y sumos pontífices a lo largo de la historia de la Santa Iglesia Católica. 

CONTINUACIÓN: LIBRO I, CAP. XV





Esperamos que esta obra tan sublime de la literatura espiritual tradicional cristiana sea de su agrado, y, por sobre todas las cosas sea de provecho espiritual para la salvación de las almas de nuestros prójimos







...:::AD:::MAJOREM:::DEI:::GLORIAM:::...

01/II/+2019 LA IMITACIÓN DE CRISTO por TOMÁS de KEMPIS (Libro I, CAP, XIV)

Compartimos con nuestros lectores, ésta majestuosa obra de espiritualidad cristiana, fuente de tantas almas santas y virtuosas, que ha llegado incluso a ser recomendada su lectura por muchos santos, confesores y sumos pontífices a lo largo de la historia de la Santa Iglesia Católica. 

CONTINUACIÓN: LIBRO I, CAP. XIV






Esperamos que esta obra tan sublime de la literatura espiritual tradicional cristiana sea de su agrado, y, por sobre todas las cosas sea de provecho espiritual para la salvación de las almas de nuestros prójimos







...:::AD:::MAJOREM:::DEI:::GLORIAM:::...

01/II/+2019 BEATO ENRIQUE MORSE, Mártir

01 de febrero
BEATO ENRIQUE MORSE
Mártir
   Enrique Morse nació en 1595, en la región de Anglia Oriental, y fue educado en la fe protestante de sus padres, que pertenecían a la estricta nobleza rural. Cuando estudiaba derecho en Londres, decidió convertirse al catolicismo y, a la edad de veintitrés años, huyó de Inglaterra para refugiarse en Francia, donde recibió el bautismo en la Iglesia de Douay. Ahí mismo inició sus estudios, decidido a abrazar el sacerdocio, y los concluyó en el Venerabile de Roma, donde recibió la ordenación.
   En 1624, regresó a Inglaterra y, poco después de haber desembarcado en Newcastle, fue arrestado y encarcelado en el castillo de York, antes de salir de Roma, había obtenido el consentimiento del Padre General de la Compañía de Jesús para gestionar su admisión en la orden de los jesuitas en Inglaterra, y, como por un designio de la Providencia, en la prisión de York se encontró como compañero de celda al sacerdote jesuita, John Robinson, de manera que, durante los tres años que estuvo encarcelado, Enrique Morse hizo su noviciado. Gracias a la solicitud del P. Robinson, ahí mismo, en la celda, pronunció los votos simples. Poco después, Enrique fue puesto en libertad y desterrado a Flades, donde actuó como capellán y misionero, entre los soldados ingleses que servían allá al rey de España.
   A fines de 1633, el P. Morse regresó clandestinamente a Inglaterra y, con el nombre falso de Cuthbert Claxton, ejerció su ministerio en Londres. Muy pronto tuvo ocasión de desplegar una benéfica actividad, durante la epidemia: de peste que azotó a la ciudad entre 1636 y 1637. El P. Morse tenía una lista, de cuatrocientas familias católicas y protestantes, afectadas por el mal, a quienes  visitaba regularmente, llevándoles ayuda material y espiritual. Su abnegada
caridad produjo una impresión tan profunda que, en menos de un año, cien de aquellas familias anglicanas se reconciliaron con la Iglesia Católica.
     Ponía tanto entusiasmo nuestro beato en el desempeño de su misericordiosa
tarea, que por tres veces contrajo la peste y otras tantas se recuperó para volver a la brega, hasta que sus superiores le amonestaron, indicándole que debería moderar su celo. Fue por entonces, precisamente, cuando las autoridades descubrieron la identidad del P. Morse y lo aprehendieron de nuevo, acusándolo de ser sacerdote y de haber "pervertido a unos quinientos súbditos protestantes de Su Majestad, dentro y fuera de la parroquia de San Gil de los Campos, en Londres". El acusado se declaró culpable del primer cargo, pero no así del segundo y, por fortuna, antes de que se pronunciara la sentencia, intervino en su favor la reina Enriqueta María, y el P. Morse fue puesto en libertad bajo fianza de 10,000 florines. Poco después, al emitirse la proclama real que imponía un plazo con límite hasta el 7 de abril de 1641, para que todos los sacerdotes católicos abandonaran el país, Enrique Morse se sintió obligado a partir para no comprometer a sus fiadores y así, de nueva cuenta, emprendió su labor misionera entre las tropas inglesas en Flandes.
    Dos años más tarde, en 1643, partió de Gante hacia Inglaterra y, durante
 (dieciocho meses consiguió burlar la vigilancia y desempeñar su ministerio en el norte del país, hasta que fue aprehendido por sospechas, mientras visitaba a un enfermo en los límites de Cumberland. De ahí fue conducido a Durham, pero en el camino, cuando pernoctaban en la casa de uno de sus captores, la esposa de éste, que era católica, ayudó a escapar al P. Morse. Poco le duró la libertad, porque seis semanas después volvieron a arrestarle, y luego de permanecer algún tiempo en la carcel de Durham, fue trasladado, con escolta, a la de Newcastle, en Londres. Allí debió comparecer ante el Tribunal Mayor para ser juzgado como criminal reincidente, fue condenado a muerte sin apelación en vista de que había vuelto a cometer el delito por el que se le había juzgado nueve años antes.
   El día señalado para la ejecución, el P. Morse celebró en la celda la misa votiva de la Santísima Trinidad, antes de que le condujeran en la fatídica carreta al cadalso de la plaza de Tyburn. Ahí, mezclados a la acostumbrada muchedumbre de curiosos, se hallaban los embajadores de países católicos, como Francia, España y Portugal, con sus séquitos correspondientes, para rendir homenaje al mártir. Este, colocado ya bajo la horca y con la cuerda al cuello, habló a los presentes con voz serena, afirmando que moría por su religión y tan sólo por haber trabajado siempre por el bienestar de sus conciudadanos, negando rotundamente que hubiera organizado o participado en conspiración alguna contra el rey, como aseguraban sus acusadores. Después oró en voz alta por la salvación de su alma, por la de sus perseguidores y por el Reino de Inglaterra; en seguida, hizo la indicación de que estaba listo. Rápidamente fue retirada la carreta y el P. Enrique Morse, S. J., quedó pendiente de la cuerda. Murió ahorcado el 1º de febrero de 1645.
   Entre las diversas reliquias de mártires ingleses que reunió el embajador de España, conde de Egmont, para sacarlas al extranjero, donde habrían de ser debidamente veneradas, figuraban especialmente las del Beato Enrique Morse.
   El mismo año en que el P. Morse fue ejecutado, se publicó en Amberes un volumen titulado Certamen Triplex, con un relato de su vida y de su muerte, junto a las biografías del Beato Thomas Holland y el Beato Ralph Corby. El autor del Íibro era el P. Ambrosio Corby, hermano del beato citado en último término. El escrito fue reimpreso en Munich al año siguiente y, una traducción al inglés, titulada The Threefold Conflict, apareció en Londres en 1858. De este relato se vale Challoner en MMP. Véase también REPSJ., vol. l. La lista de las reliquias obtenidas por Egmont, figura en la obra de Camm titulada Forgotten Shrines (1910).
    

*FUENTE: VIDAS DE LOS SANTOS, DE BUTLER

01/II/+2019 BEATO ANTONIO, El Peregrino

01 de febrero
BEATO ANTONIO
El Peregrino
   Antonio Manzi, o Manzoni, nació en Padua, de una familia distinguida. Su padre murió cuando él todavía era muy joven y le dejó considerables riquezas. El heredero las distribuyó inmediatamente entre los pobres. Y su actitud fue severamente censurada por sus parientes y amigos, quienes le acusaron de haber dilapidado un dinero que pertenecía, por derecho, a sus dos hermanas. Por esta causa, Antonio tuvo que sufrir ser insultado y denigrado a voz en cuello, por las calles. Pero él. decidido a abrazar la pobreza, vistió el traje de peregrino y dejó Padua, caminando sin rumbo hasta llegar a Bazano, cerca de Bolonia, donde encontró a un anciano sacerdote engermo a quien atendió durante tres años, por amor a Dios. Los dos vivían de las limosnas que Antonio solicitaba, de las que sólo tomaban lo indispensable para su sustento y daban todo el resto a otros pobres.
   Antonio ayunó durante toda su vida; se sometía a severas disciplinas: usaba cilicio y dormía siempre en el suelo, con una piedra por almohada. Después de su permanencia en Bazano, anduvo errante. Hizo peregrinaciones a Roma, a Loreto, a Compostela, a Colonia y a Jerusalén. Finalmente regresó a su ciudad natal, donde fue mal recibido hasta por sus hermanas, que eran monjas. Despreciado por todos, Antonio se construyó una vivienda en la columnata de una iglesia, fuera de las murallas de Padua, y, poco tiempo después, murió en su pobre casa. Cuando en su tumba comenzaron a obrarse milagros, los paduanos pidieron su canonización; pero el Papa respondió que bastaba a la ciudad de Padua con tener "un San Antonio". Sin embargo, parece que el culto a Antonio el Peregrino persistió y su fiesta se celebra en Padua.
     El relato más digno de confianza del Beato Antonio y sus milagros es el publicado en la Analecta Bollandiana, vol. XIII (1894), pp. 417425. G/., también ib., vol. XIV, pp. 108 ss., y el Acta Sanctorum, febrero, vol., l.
    


*FUENTE: VIDAS DE LOS SANTOS, DE BUTLER

01/II/+2019 SAN JUAN DE CRATÍCULA, Obispo de Saint-Malo

01 de febrero
SAN JUAN DE CRATÍCULA
Obispo de Saint-Malo
   A este santo se le puso el sobrenombre "de Cratícula" por la verja de hierro que rodeaba su tumba. Era bretón, hijo de padres pobres, no obstante lo cual, recibió una excelente educación que supo aprovechar, aventajando mucho en las artes y las ciencias. Sintiéndose atraído por la orden del Cister, que en aquella época concentraba la atención mundial, partió en busca de San Bernardo quien, después de probarlo, lo recibió en su comunidad. Cuando el conde Esteban de Pethiévre y su esposa manifestaron su deseo de fundar un monasterio en sus dominios, San Bernardo les envió a Juan, quien estableció una casa religiosa en Bégard, en la diócesis de Tréguier. Posteriormente fundó otra en Buzay y ahí llegó a ser abad; pero al poco tiempo fue elegido obispo de Alethy, y con pena por los religiosos, tuvo que abandonar el monasterio. Como viera que la isla de Aaron había prosperado y se estaba formando una población muy importante, Juan trasladó la sede de su diócesis a ese lugar, nombrándole desde entonces Saint-Malo. 
   San Juan tuvo muchas dificultades en la organización de su catedral. Anteriormente, aquella iglesia había estado gobernada por monkes de Marmoutier en Tours, pero el obispo instaló en su lugar a canónigos regulares de San Agustín, por lo que los primeros, resentidos, enredaron a San Juan en fastidiosos litigios. Cuando los obispos franceses dieron su fallo contra él, por consejo de San bernardo, el obispo fue personalmente a Roma y expuso el asunto al Papa, que decidió a su favor. Sus adversarios, no obstante, encontraron un pretexto para reanudar el litigio y Huan tuvo que volver a Roma. Para que el asunto quedara finalmente arreglado y sus contrarios le dejaran en paz, pasaron dieciocho años. Todavía existe una de las cartas de su correspondencia con San Bernardo sobre este asunto. Los biógrafos de San Juan se hacen lenguas sobre su paciencia en estos prolongados litigios y el notable espíritu de caridad e indulgencia que caracterizó su trato con el prójimo.
   San Juan fue comisionado para reformar el monasterio de Saint-Méen, de Gaël, y además de las otras casas religiosas que fundó, estableció las abadías de la Sainte Croix de Guingamp y la de Saint-Jacques de Montfort. Llevó una vida de mucha austeridad y murió más o menos en el 1170. 
    

 *FUENTE: VIDAS DE LOS SANTOS, DE BUTLER

01/II/+2019 SANTA BRÍGIDA, Abadesa de Kildare

01 de febrero
SANTA BRÍGIDA,
 Abadesa de Kildare
 
   Murió el 1 de febrero de 524 ó 526. Patrona de Irlanda juntamente con los santos Patricio y Columba. Es la santa más conocida de toda Irlanda, fundadora del monasterio de Kildare. A pesar de su gran fama, de la abundancia de material hagiográfico y folklórico y de numerosos datos sobre la devoción popular, conectados con su culto, se saben muy pocos hechos históricos acerca de ella.
   La vida de Brígida, escrita por Cogitosus en el s. VII (620- 680), es el ejemplo más temprano existente de la hagiografía Hiberno-Latina. Hace un interesante relato de la Iglesia de Kildare y tiene valor como fuente para una historia social, pero el autor sabía evidentemente muy poco de la vida terrena de la santa. Ésta aparece como fundadora del monasterio de Kildare; era un monasterio posiblemente para monjes y monjas y también una sede episcopal. Se dice que el obispo Conláeth fue escogido por B., y parece que la abadesa del monasterio, la sucesora de B., ejerció una autoridad quasi-jurisdiccional a través del obispo agregado a la Iglesia (sobre el fenómeno de tales obispos monásticos). Existen también himnos y poemas en lengua irlandesa de los s. VII y VIII atestiguando el culto de B. Partiendo de esto y de fuentes seculares (vestigios genealógicos, etc.), parece probado que B. pertenecía a una tribu menor, los Fothairt, a los que se encuentra en varias partes de Irlanda y una de cuyas ramas se estableció en el mismo Kildare. Las leyendas de B. subrayan su caridad y hospitalidad y también señalan su conexión con las labores de las granjas y con el ganado, del mismo modo que hace el folklore moderno y los cultos populares. El irlandés Donatus, obispo de Fiésole aproximadamente desde el 826 al 874, escribió una Vida en verso de B., a la que en gran parte se debe la difusión de su culto a través de Europa.

01/II/+2019 SAN SEVERO, Obispo

01 de febrero
SAN SEVERO
Obispo
   La historia proporciona pocos detalles sobre este prelado. Es el que figuró en el duodécimo lugar entre los obospos de Ravena.Sucedió a Marcelino y ocupó la sede durante gran parte del siglo IV.
   En el año 247, asistió al concilio de Sárdica y allí defendió los decretos de fe de Nicea contra los arrianos.
   Algunos dicen que murió en el año 348 y y otros que en el 389.
   En su tumba se obraron milagros y la Iglesia de Ravena honra su memoria.
   Según la leyenda y de acuerdo con una biografía escrita en el siglo VI, Severo, que era tejedor de oficio, llegó a ser el obispo de Ravena, debido a que una paloma vino a posarse sobre su cabeza.
   El tejedor, que era un hombre casado, fue aclamado en seguida por todos los presentes. Para no quebrantar una tradición que se remontaba a los tiempos de Apolinario, Severo tuvo que aceptar el puesto de obispo, renunciando al mundo, a su hogar y a su familia. Su esposa, Vicencia y su hija Inocencia, se consagraron a Dios y murieron antes que él.
   A San Severo se le representa con lanzaderas en los bolsillos y una tela tejida bajo el brazo.
   El Martirologio Jeronimiano menciona el nombre de Severo, el día 1º de febrero. Los martirologios posteriores han añadido algunos detalles sacados de la leyenda.
   El culto de los santos Severo, Vicencia e Inocencia se revivió, cuando sus cuerpos fueron llevados a Pavia y, de allí trasladados a Maguncia, en el siglo IX.
   En el monasterio de Erfurt se construyó una espléndida basílica y allí fueron trasladadas las reliquias de Severo. Éste fue venerado como santo patrón de la ciudad. Desde allí se extendió el culto por toda Alemania.

01/II/+2019 SAN PIONIO, Mártir

01 de febrero
SAN PIONIO
Mártir
   Obispo de Esmirna en el Asia Menor, forma el año 251 en el ejército de los mártires como autentico vanguardista; abundancia y crema significa su nombre griego.
   Sabiendo que por instigación de algunos judíos iba a haber detenciones, tanto él como sus cristianos Asclepiades y Sabina, se echan al cuello unas ataduras. Y así acuden a la celebración eucarística.
Su interrogatorio, al igual que sus escritos. se hace predicación realmente pionera en el significado militar: ."Peor que este fuego, es arder después de la muerte".
   Sabina muestra inesperado buen humor. - ¿Os atrevéis a reír en estos momentos?- Sí: y con la bendición de Dios; porque somos cristianos.
Y Pionio prosigue: "Yo sólo he enseñado la piedad hacia el Dios vivo que ha hecho cielo y tierra; no soy un exaltado; únicamente un servidor del Dios eterno".
   Y escucha la sentencia del procónsul Julio Próculo: "Ordenamos que Pionio, que se ha confesado cristiano, sea arrojado a las llamas, a fin de inspirar terror a los hombres y satisfacer la venganza de los dioses ".
   Quince de sus cristianos le seguirán también en el martirio, durante el año 251.
Ya en el estadio, ante la hoguera, no espera la orden del verdugo para quitarse las vestiduras.
   Y, al ser clavado en el madero central de la pira, se alegra en Cristo su temple "pionero": He querido morir para que comprendáis todos que hay una resurrección después de la muerte.

01/II/+2019 SAN CECILIO, Obispo y Mártir

01 de febrero
SAN CECILIO
Obispo y Mártir
   De la raíz latina caecus , en su forma diminutiva caéculus, proceden los nombres romanos Cecilio y Cecilia, que pasaron luego al cristianismo. Mientras fue un nombre exclusivamente romano, se usó más en masculino que en femenino; pero al pasar a nombre cristiano, fue tal el prestigio de la mártir Santa Cecilia, que se convirtió éste en nombre muy valorado, quedando en un segundo plano el masculino.
   San Cecilio fue el primer obispo de Granada cuando, bajo la dominación romana, se llamaba todavía Illíberis. Fue uno de los que la tradición llama "varones apostólicos" enviados a España por San Pedro y San Pablo a predicar el evangelio. Los otros seis son: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio y Hesiquio. La vida de todos ellos está oculta tras los velos de la leyenda transmitida oralmente. Se sabe a ciencia cierta que San Cecilio fue obispo de Illíberis, que escribió algunos tratados para instrucción de los fieles y que sufrió martirio bajo la dominación de Nerón, supuestamente quemado en el monte Illipulitano. Pero la larga dominación árabe destruyó todos los rastros de cristianismo. Granada estuvo bajo los sarracenos casi ochocientos años; no los suficientes para perderse la memoria y la tradición, pero sí para no quedar ni rastro de documentos ni reliquias. San Cecilio es patrón de Granada. 

01/II/+2019 SAN IGNACIO, Obispo y Mártir

01 de febrero
SAN IGNACIO
Obispo y Mártir
El que no ama a Nuestro Señor Jesucristo,
sea anatema.
(1 Cor. 16, 22).

San Ignacio, obispo de Antioquía, tenía en los labios, sin cesar, el nombre de Jesús. Este amor por Jesús encendió su deseo de asemejársele. Fue condenado a ser comido por los leones. Soy, dice el santo, trigo de dios que debe ser molido por los dientes de las fieras para ser pan de Cristo. Murió pronunciando el nombre de Jesús, el año 110.
  
MEDITACIÓN SOBRE
EL AMOR A JESÚS
   
I. Jesús nos dio todo para obtener nuestro amor. ¿Quieres ser amigo suyo? Es preciso que por entero te des a Él. ¡Cuán dulce es dar el corazón, el cuerpo, el alma, a Jesús! ¡Ah! ¡cuán generoso es este Señor, cuán fiel este Amigo, cuán magníficamente recompensa este Dios a todos aquellos que le sirven! Que las creaturas no me importunen más, yo quiero ser todo de Jesús. Sufriré, mas, qué me importa. En nada tengo los suplicios, no amo esta vida hasta el punto de preferirla al Señor. (San Ignacio).
   
II. Por nosotros ha trabajado Jesús durante toda su vida. Seamos agradecidos para con un amigo tan generoso; que nuestro amor no piense sino en Jesús, que nuestros actos sean todos para Él, que nuestra lengua en todo momento pronuncie su Nombre adorable. Amemos a nuestros parientes y a nuestros amigos porque Jesús lo quiere, hagamos bien a nuestros enemigos por amor a Él. Veamos a Jesucristo en la persona de nuestro prójimo, y el amor se nos hará fácil.
   
III. Para coronar la ofrenda que de ti mismo y de tus acciones le has hecho a Jesús, es preciso que las realices como Jesús las hubiera hecho. Al comenzar el día llénate de este pensamiento: Quiero ser amigo de Jesús, quiero parecerme a Él. ¿Cómo oraba a su Padre celestial? ¿Cómo conversaba con los hombres? Con frecuencia pregúntate: ¿hubiera hecho esto Jesús como yo lo hago? No te separes de Jesús, que Él sea tu compañero, tu convidado, aun más, que Cristo sea tus delicias. (San Pedro Damián).

El amor a Jesús
Orad por China

ORACIÓN
      Omnipotente Dios, mirad nuestra debilidad, mirad como el peso de nuestras propias obras nos agobia, y fortificadnos por la gloriosa intercesión de San Ignacio, vuestro mártir y pontífice. Por J. C. N. S. Amén
  

*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa