31/I/+2019 SAN METRANO, Mártir

31 de enero 
SAN METRANOMártir
(249)
   Metrano o Metras era un anciano de Alejandria. Los paganos lo prendieron antes de que saliera el edicto de persecución del emperador Decio y quisieron obligarle a proferir palabras impías. Metrano rehusó y, en consecuencia, tuvo que sufrir diversas clases de suplicios: golpes de bastón, agudas espinas hundi das en el rostro y en los ojos, etc. Para terminar, lo sacaron fuera de la ciudad y lo lapidaron. Este último tormento explica porqué se le representa, como a San Esteban, llevando piedras en sus brazos.
   El elogio de este santo se encuentra el 31 de enero en el Martirologio de Usuardo y, generalmente, en los otros documentos latinos, de donde ha pasado al Martirologio Romano.

   Una carta de San Dionisio de Alejandría al obispo de Antioquía, citada por Eusebio en Hist., eccl., I. VI, CXI, traducción E. Grapin, 1911, p. 257; P. Allard, Hist. des perséc., vol. II p. 250; Delehaye, Les orig. du cutre des martyrs, p. 250.



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SANTA TRIFENIA, Mártir

31 de enero 
SANTA TRIFENIA, Mártir
(Fecha desconocida)
   Trifenia era originaria del Cícico del Helesponto. Su padre fue un senador, lla mado Anastasio. Su madre, Socracia, que era cristiana, la educó en la fe de Cristo.
   Cuando Trifenia tuvo más edad, ella misma fue a ofrecerse al combate por la fe, en tiempo de persecución, presentándose en los templos donde se sacrificaba a los ídolos para hacer burla de esos ritos paganos.
   Enterado de la atrevida actitud de la joven, el prefecto Severo la hizo arrestar sin más tardanza y ordenó que se le infligieran varios tormentos de los que ella salía ilesa. Por último, la arrojaron ante un toro que le desgarró el cuerpo con sus cuernos.
   Cuenta la tradición que en el sitio donde la mártir derramó su sangre, mana una fuente que obra milagros.
   El nombre de Trifenia está inscrito en diversas fechas: 30 de enero, 11 de abril, 9 de mayo; pero el Martirologio Romano ha adoptado la del 31 de enero.

   Ver Martinov, Annus Eclesiasticus Graeco Slavus; Acta Sanctorum, octubre, vol. XI, p. 58.



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SAN FRANCISCO JAVIER BIANCHI, Fraile

31 de enero 
SAN FRANCISCO JAVIER BIANCHI, Fraile
(1815)
   Francisco Javier Bianchi nació en Arpino, en 1743. Arpino formaba enton ces parte del reino de las dos Sicilias. El santo hizo sus estudios eclesiásti cos en Nápoles y recibió la tonsura a los catorce años. Su padre se opuso tenazmente a que el joven entrara en la vida religiosa, y Francisco Javier atra vesó un período de angustioso conflicto entre la voluntad de sus padres y lo que él consideraba como la voluntad de Dios. Finalmente acudió a San Alfonso de Ligorio en busca de consejo, durante una de las misiones del santo. Este le confirmó en su vocación y Francisco Javier, venciendo todas las oposiciones, entró en la Congregación de los Clérigos Regulares de San Pablo, más conocidos con el nombre de barnabitas. Probablemente a consecuencia de los esfuerzos que había hecho para superar esa prueba, el santo cayó enfermo y sufrió terriblemente durante tres años. Por fin, logró rehacerse, realizó grandes pro gresos en sus estudios y se distinguió particularmente en la literatura y en las ciencias. Fue ordenado sacerdote en 1767. Sus superiores le dieron muestras de excepcional confianza, ya que no sólo le permitieron oír confesiones a pesar de ser muy joven (cosa muy rara en Italia), sino que le nombraron superior de dos colegios, a la vez. El santo ejercitó este cargo durante quince años.
   Le fueron confiados otros muchos oficios de importancia, pero Francisco Javier se sentía cada vez más llamado a despegarse de las cosas terrenas y con sagrarse enteramente a la oración y los ministerios sacerdotales. Así pues, em pezó a llevar una vida de extremada mortificación y austeridad. Pasaba gran parte de su tiempo en el confesionario, a donde miles de personas iban a con sultarle. Su salud se resintió y le sobrevino una debilidad tan grande, que apenas podía arrastrarse para ir de un sitio a otro. No por ello cambió Francisco Javier su forma de vida, sino que siguió adelante como si nada sucediese. Su valiente resolución de vivir al servicio de los demás parece haber dado una eficacia es pecial a sus palabras y oraciones, de suerte que todos le consideraban como un santo.
   Cuando las congregaciones religiosas fueron dispersadas en Nápoles, Fran cisco Javier se hallaba en un estado lamentable; tenía las piernas hinchadas y cubiertas de llagas, y había que llevarle cargado al altar para que celebrara la misa. Esto tuvo la ventaja de merecerle privilegios especiales, pues las auto ridades le permitieron conservar el hábito religioso y permanecer en el colegio, donde vivió totalmente solo en la más estricta observancia religiosa.
   Se cuentan muchos milagros y profecías del P. Bianchi. En el proceso de beatificación se hizo mención de dos notables casos en los que multiplicó el dinero para pagar deudas. Durante la erupción del Vesuvio, en 1805, la po blación llevó al santo en vilo hasta el río de lava, que se detuvo en cuanto Francisco Javier hizo la señal de la cruz, frente a él. La veneración que los napolitanos le tenían al fin de su vida era ilimitada: "Roma tuvo su Neri (negro) -decían-, pero nosotros tenemos a nuestro Bianchi (blanco), que no es menos bueno". Muchos años antes, una de sus penitentes, Santa María Francisca de Nápoles, muerta en 1791, había prometido al P. Bianchi que se le aparecería tres días antes de que él pasara a mejor vida. Este estaba persuadido de que la santa cumpliría su promesa, como sucedió en efecto. San Francisco Javier Bianchi exhaló el último suspiro el 31 de enero de 1815. Fue canonizado en 1951 por Pío XII. 
   Ver P. Rudoni, Virtu e meraviglie del ven. Francesco S. M. Bianchi (1823); C. Kempf, The Holiness of the Church in the Nineteenth Century (1916), pp. 96-97; Analecta Ecclesiastica, 1893, pp. 54 ss.
    


*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

31/I/+2019 SAN JUAN BOSCO, Confesor

31 de enero
SAN JUAN BOSCO, Confesor
Quien quisiere salvar su vida (obrando contra
mí), la perderá; mas quien perdiere su vida
por amor de mí, la encontrará.
(Mat. 16,25).
 
   Nacido en 1815, San Juan Basca, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Des de que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros.
  
 
MEDITACIÓN
SOBRE LA NECESIDAD
DE MORTIFICARNOS
 
I. Aquél que odia su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. Estas palabras de Nuestro Señor indican la necesidad que se nos impone de mortificarnos. La ciudad de Babilonia, es decir, de los réprobos, comienza por el amor a sí mismo y termina por el odio a Dios, dice San Agustín. La ciudad de Jerusalén, es decir. de los predestinados, comienza por el odio al cuerpo y termina por el amor a Dios. El amor a Dios crecerá en ti en la misma proporción que el odio a tu cuerpo. Mide con este metro: para conocer en qué medida eres perfecto, considera en qué medida te mortificas.
  
 
II. Tu mortificación debe comenzar cortando por lo vivo todos los placeres y deseos que pudieran impedirte cumplir los mandamientos de Dios. Corta todo lo que pueda impedirte cumplir con los deberes que te impone el estado de vida que hayas abrazado. En fin, hay una mortificación que no es como la anterior, obligatoria, sino sólo de consejo; consiste en abstenerse aun de los placeres permitidos. Es la que practican las almas santas; ¿las imitas?
  
 
III. La mortificación será para ti cosa fácil, si consideras que ella te impide caer en muchas faltas. Además, eres pecador: debes, pues, hacer penitencia y mortificarte para disminuir, por compensación, lo que debes a la justicia de Dios en el purgatorio. Eres cristiano: ¡concuerda acaso el vivir en el placer y adorar a un Dios crucificado? No temas los rigores de la mortificación; ella posee dulzuras escondidas que sólo pueden gustar los que la abrazan decididamente. Ves la cruz pero no conoces sus consuelos. (San Bernardo).

La imitación de Jesucristo 
Orad por la educación de la juventud.

ORACIÓN
      Señor, que habéis hecho de San Juan Bosco, vuestro confesor, padre y maestro de los adolescentes, y habéis querido hacer florecer en la Iglesia, por su intermedio, nuevas familias religiosas con la ayuda de la Santísima Virgen María, haced que inflamados con el mismo amor busquemos las almas y os sir vamos sólo a Vos.  Por N. S. J. C. Amén



*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo I, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

30/I/+2019 BEATO SEBASTIÁN VALFRE, Sacerdote

30 de enero 
BEATO SEBASTIÁN VALFRE, Sacerdote
(1710)
   Sebastián Valfré nació en Verduno del Piamonte, en 1629. Sus padres eran pobres y la familia numerosa. Desde su niñez decidió ser sacerdote, y trabajó para pagarse todos sus estudios, copiando libros. Se cuenta que al partir del hogar, lo único que sus padres pudieron darle fue un tonel de vino. Sebastián ingresó en la Congregación de los Padres del Oratorio, en Turín, el día de la fiesta de San Felipe, en 1651. Un año después, fue ordenado sacerdote y cantó su primera misa en Verduno para consuelo de sus padres. Desde el primer momento, se entregó con toda el alma al cumplimiento de sus deberes sacerdotales. Un hecho notable fue que desde el arribo del beato, el Oratorio de Turín, que hasta entonces había estado en decadencia por muchas dificultades, empezó a prosperar y a atraer al pueblo. El primer cargo de Sebastián fue el de prefecto del "Pequeño Oratorio", es decir una cofradía de laicos que se reunían para los ejercicios de piedad. El beato desempeñó durante muchos años el cargo con gran fruto y su extraordinario don de entusiasmar a los jóvenes parece haberle ganado el puesto de maestro de novicios. En 1661, habiendo cumplido la edad canónica de cuarenta años, fue elegido superior, contra su voluntad. Se dice que su gobierno fue una imitación perfecta del de San Felipe, tanto por el cuidado de la observancia hasta en los menores detalles, como por la gran bondad de Sebastián con los enfermos, para los que nada le parecía demasiado bueno.
   Entre tanto, la fama del beato como director de almas se había ido ex tendiendo. Pasaba largas horas en el confesionario, al que asistía con puntualidad escrupulosa y, en sus exhortaciones a la comunidad, insistía mucho sobre la necesidad de la confesión frecuente. Toda clase de personas se confesaban con él, hallándole siempre dispuesto a hacer cualquier cosa por aquellos que necesitaban ayuda o mostraban deseos serios de perfección. Por otra parte, era implacable con los falsos y parecía gozar de un don sobrenatural o de un poder de telepatía para descubrir la falta de sinceridad. Entre sus penitentes se con. taba el duque Víctor Amadeo II, más tarde rey de Cerdeña, quien en 1690, con el consentimiento del Papa Alejandro VIII, se esforzó en vano por persuadirle para que aceptara la sede arzobispal de Turín. El beato Sebastián predi caba, algunas veces, tres sermones al día. Emprendía también largas expediciones misionales a los distritos de los alrededores y, algunas veces, hasta territorio suizo, con gran fruto de conversiones. Además, consagraba mucho tiempo a la instrucción de los jóvenes y de los ignorantes. Acostumbraba reunir a los mendigos que iban al Oratorio a pedir limosna y les daba alimento para el cuerpo y para el alma. Era infatigable en sus visitas a los hospitales y prisiones, y tenía especial simpatía por los soldados, cuyas dificultades comprendía y compadecía.
   Como su modelo, San Felipe, el beato estaba siempre alegre, de suerte que las gentes consideraban que tenía un carácter ligero y sin preocupaciones. Esto es tanto más de admirar, cuanto que sabemos, por otra parte, la terrible historia de sus desolaciones y pruebas interiores. Con frecuencia le asaltaba la tentación de sentirse dejado de la mano de Dios y de creer que había perdido la fe y estaba destinado al infierno. A pesar de ello, aun cuando se acercaba ya a los ochenta años de edad, jamás cejó en sus trabajos por las almas, predicando al aire libre, en lo más crudo del invierno, al primer grupo de perdidos que encontraba. Más aún, cuando le parecía conveniente para la gloria de Dios, no temía entrar en los mismos antros de vicio. Por extraño que pueda ser, Dios parece haber bendecido abundantemente su osadía, ya que los rufianes más groseros se sentían impresionados por la santidad del beato y no se atrevían a levantar la voz, cuando éste criticaba sus vicios en los términos más severos. Su vida podría servir de modelo a todos los pastores de las ciudades en las que abundan el vicio y la miseria, y nada tiene de extraordinario que los con temporáneos del beato le hayan considerado como un santo. Se cuentan muchos ejemplos de su don de leer los corazones y de hacer profecías que se cumplieron. Entre otras cosas, parece que el beato sabía desde varios meses antes la fecha exacta en que iba a morir. Dios le llamó a Sí, a los ochenta y un años de edad, el 30 de enero de 1710. Fue beatificado .en 1834.
   Ver Lady Amabel Kerr, Life of Bd. Sebastián Valfré (1896); G. Callen, Vita del B. Sebastiano Valfré; P. Capello, Vita del b. Sebastiano Valfré 2 vols., (1872).   



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

30/I/+2019 SAN LESMES, Abad

30 de enero
SAN LESMES, Abad
(1097)


   Un santo tan burgalés como el Cid, su contemporáneo, y cuyo sepulcro se venera en la iglesia de su nombre en Burgos, ciudad de la que es patrón. Ahora bien, como suele ocurrir con los santos, su lugar de nacimiento es muy otro, y al saber que Lesmes es una adaptación fonética de Adelelmo, quizás empiece a sonarnos a menos castizo y castellano.
   En realidad era del otro lado de los Pirineos, de Loudun, en el Poitou, y debía de llamarse Adelelme, o, aún más a la francesa, Aleaume. Nació de una familia acaudalada, y después de repartir sus bienes entre los pobres vistió las ropas de uno de sus antiguos criados y fue en peregrinación a Roma.
   Más tarde fue monje y llegó a ser abad del monasterio de La Chaise-Dieu, fundada por el Beato Roberto, en la Auvernia, hasta que Constanza, que era de origen borgoñón, la esposa del rey castellano Alfonso VI, le llamó a España para introducir la liturgia romana en sustitución de la mozárabe.
   Lesmes fundó en Burgos el monasterio benedictino de San Juan Evangelista, y allí se dedicó a atender a las necesidades de los peregrinos de Santiago, quizá recordando los lejanos tiempos en que él también peregrinaba, y al cuidado de los enfermos. El despliegue de caridad religiosa al servicio de todos y especialmente de los enfermos, hasta su muerte el año 1097, le mereció el ser considerado por Burgos como su Santo Patrono.
   Este francés, al que imaginamos siempre con los severos, rígidos trazos de la iconografía románica, se identificó tanto con su ciudad de adopción que casi hemos llegado a olvidar que vino de otras tierras; para hacer a Castilla y a España más universal, según el modelo de Roma, y para fundirse servicialmente con la etapa de Burgos en el camino de Santiago, viendo cómo su nombre se iba transformando en boca de los burgaleses, haciéndose pronunciable para ellos, hasta quedar convertido en un signo más de su entrega total a una misión
.
   
Un siglo después se hace célebre en Burgos otro San Lesmes, compañero de retiro en la sierra de la Demanda, de San Julián, el futuro obispo de Cuenca y antiguo profesor de Teología en el Estudio General de Palencia. Con motivo de una grande hambre, el segundo san Lesmes destaca por sus esfuerzos en remediarla, procurando provisiones para los pobres.


30/I/+2019 SANTA JACINTA MARISCOTTI, Virgen

30 de enero
SANTA JACINTA MARlSCOTTI, Virgen
(1640)
   La vida de Santa Jacinta es, en cierto sentido, única en los anales de los santos. Casi todos ellos experimentaron, en un momento determinado, una especie de cambio que califican de "conversión". En algunos casos, como en el de San Agustín, la conversión consiste en la vuelta a Dios, después de una vida de pecado en el mundo. En otros casos, como el de Santa Teresa, la Vida anterior parece imperfecta por el contraste que ofrece con la vida posterior a la conver sión. Pero es muy raro el caso de un santo que, tras de haber llevado una vida de escandalosa infidelidad a las reglas del convento, se convierta, vuelva atrás, y finalmente se entregue definitivamente, movido por una nueva gracia, hasta alcanzar las cumbres de la perfección.
   Clara Mariscotti, que provenía de una noble familia de Vignarello, se educó en el convento de las franciscanas de Viterbo, donde una de sus herma nas era religiosa. Parece que en sus primeros años mostró poca inclinación a la piedad. Cuando sus padres casaron a su hermana más joven con el marqués Cassizucchi, Clara cayó en un estado de postración y mal humor, insoporta bles para su familia. En vista de ello, sus padres, siguiendo la odiosa costumbre de la época, decidieron forzarla a entrar en la vida religiosa. Clara ingresó al mismo convento de Viterbo donde había sido educada, que era una comu nidad de la Tercera Orden Regular Franciscana. Aunque hizo la profesión, la joven declaró llanamente que el hecho de vestir el hábito religioso no le im pediría exigir todas las exenciones a las que su rango y la riqueza de su familia le daban derecho. Durante diez años, fue el escándalo de la comunidad por su olímpico desprecio de las reglas, aunque guardaba todavía un mínimo de apariencias. En cierta ocasión, en que se hallaba ligeramente indispuesta, un santo sacerdote franciscano fue a confesarla en su celda y, al ver cuán confortable era ésta, reprendió severamente a Sor Jacinta (este era el nombre que había tomado al entrar al convento) por su tibieza y los graves peligros a que se exponía. La reprensión impresionó profundamente a la religiosa, quien tem poralmente reformó su vida con un fervor casi exagerado. Pero esta súbita transformación no duró mucho; el fervor de Sor Jacinta empezaba ya a decaer, cuando Dios le envió una enfermedad mucho más seria que la anterior. Esta vez, la gracia fue plenamente eficaz y a partir de ese momento, la santa llevó una vida de crueles disciplinas, constantes ayunos y vigilias, y largas horas de oración.
   Lo más extraordinario, tratándose de un temperamento como el de Jacinta, es que, siendo maestra de novicias, dio muestras de un gran sentido común en la dirección espiritual, ya que refrenaba las exageraciones de fervor y penitencia en sus novicias y escribía mesurados consejos a las numerosas personas que la consultaban por carta. Por ejemplo, a una persona que le preguntaba su opinión sobre una religiosa muy reputada por su unión con Dios y su don de lágrimas, Jacinta respondió: "Antes que nada, quisiera yo saber si esa religiosa está despegada de las creaturas, si es humilde, si ha renunciado a la voluntad propia, aun en las cosas buenas y santas; sólo así es posible determinar si los deleites de su devoción vienen realmente de Dios. Yo admiro sobre todo a los que son poco admirados, a los olvidados de sí mismos, aunque tengan pocas consolaciones sensibles. La verdadera señal del espíritu de Dios es la cruz, el sufrimiento, la perseverancia generosa, a pesar de la falta de consuelo, en la oración".
   La caridad de Jacinta era notable, y no se limitaba a su comunidad. Con su ayuda se formaron en Viterbo dos cofradías encargadas de los enfermos, los ancianos, los nobles venidos a menos y los pobres. Pidiendo limosna de puerta en puerta, J acinta reunía los fondos necesarios para el trabajo de las cofradías. La santa murió a los cincuenta y cinco años de edad, el 30 de enero de 1640, y fue canonizada en 1807. La bula de canonización afirma que "su mortificación era tan grande, que la conservación de su vida era un constante milagro" y que, "con su apostólica caridad ganó a Dios más almas que muchos predicadores de su tiempo".
   Ver Flaminio de Latera, Vita della V. S. Giacinta Variscotti (1805); Léon, L'Auréole séraphique, vol. I, pp. 117-126; Kirchenlexikon, vol. VI, pp. 514-516.  



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

30/I/+2019 SANTA BATILDE, Viuda

30 de enero 
SANTA BATILDE, Viuda 
Así como la voluntad de Dios es un acto y se llama mundo,
su intención es la salvación de los hombres y se llama Iglesia,
(Clemente de Alejandría)

   Santa Batilde (634-680) De origen anglosajón, era todavía una niña cuando fue raptada por los piratas y vendida al mayordomo de palacio del rey Clodoveo II de Neustria. Este se enamoró de ella y la convirtió en su reina. Tuvieron tres hijos, pero desgraciadamente, el rey murió a los veinticuatro años de edad. Batilde ocupó la regencia, se rodeó de buenos consejeros, y gobernó con justicia y misericordia. Sin embargo, los nobles terminaron por unirse contra ella y desterrarla a la abadía de Chelles, donde pasó el resto de su vida perdonando a sus enemigos, encargándose de las tareas más humildes y atendiendo a los enfermos

30/I/+2019 SAN BARSIMEO, Obispo de Edesa

30 de eneroSAN BARSIMEO, Obispo de Edesa
(¿250?)
   En este día leemos en el Martirologio Romano: "En Edesa de Siria, la con memoración de San Barsimeo, Obispo, el cual, después de haber convertido a muchos gentiles a la fe y de haberles enviado por delante a recibir la corona de los mártires, les siguió con la palma del martirio, bajo el Emperador Trajano". Alhan Butler nos dice en su corto artículo, que Barsimeo fue el tercer obispo de Edesa, después de San Tadeo, quien había sido uno de los setenta y dos discípulos del Señor. El mismo autor añade que el martirio tuvo lugar en Edesa, bajo el gobierno de Lisias, cuando Trajano cruzó el Eufrates y conquistó la Mesopotamia, en 114. Ruhens Duval, en un estudio sobre las actas sirias de Sharhil y Barsamja, publicado en el Journal Asiatique de 1889, ha de mostrado que todos estos datos son falsos. En el artículo se prueba que las susodichas "actas", pretenden ser una recopilación de los documentos más auténticos, pero están plagadas de anacronismos contradictorios. Así por ejemplo, unos datos se refieren a los años 106 y 112, durante el reinado de Trajano, a quien se menciona expresamente; otros, en cambio, están relacionados con el pontificado del Papa Fabián (250), del que también se habla. Además, según las "actas", aunque Barsamja fue sentenciado a muerte, no fue ejecuta o y sucedió a Paluto. Ahora bien, dicho obispo, que había sido consagrado por Serapión hacia el año 209, ciertamente no vivió en el siglo II. Duval demuestra, por otra parte, que las actas de San Barsimeo o Barsamja se basan en las actas de San Abid, un mártir del siglo IV y que, por consiguiente, no es imposible que sean puramente imaginarias.
   Cureton, Ancient Syriac Documents, pp. 41.72, publicó por primera vez las actas sirias. A esta edición siguió la de Bedjan. Ver sobre todo Rubens Duval, en Journal Asiatique, serie octava, vol. XIV, pp. 40-58, y cf. ibid., vol. XVIII (1891), pp. 384-386.    



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. I, ed. 1964

30/I/+2019 SANTA ALDEGUNDA, Virgen

30 de enero
SANTA ALDEGUNDAVirgen
Quien no carga con su cruz y me sigue
no es digno de mí. 
(Mat. 10, 38).


   Santa Aldegunda nació en Hainaut, de familia ilustre y vinculada con la casa de Francia; empero, sus virtudes la han hecho más célebre que su nacimiento. Rechazó la mano de un príncipe de Inglaterra para seguir a Jesús en la soledad. Allí Jesús, para festejar las bodas de su casta esposa, cambió en vino el agua que ella había tocado, y ordenó a su ángel custodio que la consolara en sus aflicciones. ¿Dónde encontrar sobre la tierra un esposo de tanto poder y de tanta generosidad como el divino Salvador? Adhiérete, pues, a Él, con vínculos indisolubles, Santa Aldegunda murió a fines del siglo VII.
  
MEDITACIÓN
SOBRE LOS TRES GRADOS
DE LA MORTIFICACIÓN
   
I. Esta santa deja la corte para ir al desierto; las delicias, para vivir en la austeridad; la fortuna de un gran príncipe, para seguir a Jesucristo en la pobreza. Desde hace mucho tiempo Jesús te llama, ¿cuándo lo escucharás? ¡Esta santa supera todos los obstáculos, y a ti la más pequeña dificultad te desalienta! Por más fuertes que sean las cadenas que te atan, fácilmente las romperás si amas a Jesús, y si temes al infierno.
   
II. Esta flamante esposa de Jesucristo, después de haber dado prendas de su amor, le pide un obsequio. Escuchad, cristianos descaecidos, la oración de esta santa, y avergonzaos de vuestra cobardía: ella le pide a Dios que le envíe un cáncer que le carcoma el seno, y su oración de inmediato es escuchada. ¿Alguna vez has pedido a Dios algo parecido? Haces promesas a todos los santos para que te libren hasta de la más mínima dolencia que te aqueja. ¡He aquí, sin embargo, las dulzuras de que hace partícipes Jesús a sus amigos; he aquí los favores que éstos le piden
   
III. No contenta con dejar los placeres y solicitar los sufrimientos como un favor, pide a Dios la prive de la satisfacción que el hombre experimenta cuando bebe y cuando come. San Pedro le da un poco de maná celestial y todo alimento de la tierra se le vuelve amargo. ¡Qué vergüenza para ti, voluptuoso! ¡Rechaza ella todos los placeres de los sentidos, y tú los buscas afanosamente! Señor, poned amargura en todos mis placeres, a fin de que sólo Vos resultéis dulce a mi corazón.

La mortificación
Orad por vuestros superiores temporales.

ORACIÓN
      Escuchadnos, oh Dios, que sois nuestra salvación, a fin de que la fiesta de la bienaventurada Aldegunda, vuestra virgen, al mismo tiempo que regocije nuestra alma la enriquezca con sentimientos de tierna devoción.  Por N. S. J. C. Amén
El mismo día 30: SANTA MARTINAVirgen y mártir

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa