21/XII/+2019 SANTO TOMÁS, Apóstol

21 de diciembre

SANTO TOMÁSApóstol


Tú has creído porque me has visto, Tomás:
bienaventurados aquellos que sin haber
visto han creído.
(Juan, 20, 28)

   Santo Tomás, oscuro galileo, siguió a Jesús desde el primer año de su ministerio público; pero huyó en el momento de su Pasión. No quiso creer que Jesús hubiese resucitado antes de verlo con sus propios ojos. Así uno de los hombres que debían anunciar al Salvador al universo defeccionó primero y, en seguida, fue difícil de convencer: fue preciso que el Salvador le hiciese meter la mano en sus adorables llagas. Se dice que después se trasladó a la India a predicar el Evangelio y recibió allí la corona del martirio en edad muy avanzada.

MEDITACIÓN SOBRE
LA VIDA DE SANTO TOMÁS
   
I. Primero Santo Tomás fue incrédulo: no quiso prestar fe a la resurrección a no ser viendo con sus propios ojos al Salvador. "Bienaventurados, le dijo Jesucristo, aquellos que sin haber visto han creído". ¿Soy yo uno de éstos? ¡Ah! si creyese firmemente que Jesús ha muerto por mí, que existe un infierno y un cielo, ¿acaso no viviría más santamente? ¡Desventurados aquellos que esperan los castigos de Dios para creer! (San Eusebio).
   
II. La fe de este santo Apóstol se despertó una vez que Jesús le hubo hablado y que tocó sus sagradas llagas. También tú en estas fuentes del Salvador debes, alma mía, refugiarte para reanimar tu fe, fortificar tu esperanza y aumentar tu caridad. ¿Estoy yo enteramente convencido de que Jesús ha sufrido por mí en todo su cuerpo? Si lo creo, ¿cómo puedo amar los placeres, sabiendo que Jesús no amó sino los sufrimientos?
   
III. Santo Tomás probó su fe mediante sus buenas obras. Llevó el Evangelio a los países más lejanos, y selló con su propia sangre la verdad de su enseñanza. En vano tus palabras dan fe de que crees en Jesucristo, si tus acciones desmienten a tu lenguaje. ¿Estás pronto a morir por confirmar tu fe? Tú, que pierdes el cielo y la gracia de Dios antes que privarte de un ligero placer, ¿eres cristiano? Si ni siquiera puedo en ti reconocer a un hombre razonable, ¿cómo habría de darte el nombre de cristiano? (San Juan Crisóstomo).

La fe
 Orad por la India.

ORACIÓN
   Señor, concedednos la gracia de celebrar con gozo la fiesta de vuestro apóstol Santo Tomás, a fin de que su protección nos ayude e imitemos su fe con una piedad digna de ella. Por J. C. N. S. Amén.



*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo IV, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

20/XII/+2019 SANTO DOMINGO DE SILOS, Abad

20 de diciembre

SANTO DOMINGO DE SILOSAbad


Tribulación y angustias
 aguardan a todo hombre que obra mal.
(Romanos, 2, 9)

Santo Domingo de Silos aprendió a servir a Dios cuidando las ovejas de su padre. Para santificarse mejor, tomó el hábito de San Benito en el monasterio de San Millán de la Cogolla. Elegido prior, resistió valientemente a Garcias, rey de Navarra, que quería apoderarse de las posesiones de la Iglesia. Este acto de valor hizo que lo confinasen en Castilla, donde llegó a ser abad de Silos. Reformó este monasterio e hizo de él uno de los más famosos de España. Murió en 1073, y un grupo de niños vio que su alma volaba al cielo.

MEDITACIÓN
SOBRE LAS TRES PENAS
DEL PECADO

I. El pecado es castigo del pecador, como la virtud es recompensa del justo. El pecador lleva siempre consigo su verdugo; el remordimiento siempre tortura a su alma y le arrebata el bien supremo del hombre, que es la paz de la conciencia. Sin esta paz no hay placer, con ella, no hay tristeza. Los pecadores no pueden escapar del castigo, aun aquí en la tierra; aunque no haya llegado el día de la justicia, el castigo comienza allí donde comienza el crimen. (San Cipriano).
 
II. La segunda pena del pecado es que deshonra al pecador a los ojos de todos los hombres virtuosos; por escapar de la vergüenza y del deshonor, el que obra mal aborrece la luz y busca las tinieblas. El pecador, además, es despreciado, por los malos mismos y por los cómplices de sus crímenes: ¡de tal modo el amor a la virtud y el aborrecimiento al vicio están hondamente enraizados en el corazón humano!
 
III. El tercer castigo del pecador proviene de Dios: Él castiga al pecado en este mundo mediante las enfermedades, la pobreza, la peste, la guerra. Todo lo que sufres es castigo o del primer pecado de Adán o de algún pecado que tú has cometido. Pero, ¡cuánto más espantosos aun son los suplicios de la otra vida! Aquí ni siquiera puedes concebirlo, no sea que tal vez los experimentes algún día. ¡Verás cuán amargo es haber abandonado al Señor tu Dios! (Jeremías)

La huida del pecado
Orad por los que están en pecado.

ORACIÓN
   Señor, que la intercesión del bienaventurado Domingo, abad, nos haga agradables a vuestros ojos, a fin de que obtengamos por sus oraciones lo que no podemos esperar de nuestros méritos.  Por J. C. N. S. Amén.


*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo IV, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

19/XII/+2019 SAN ANASTASIO I, Papa

19 de diciembre
SAN ANASTASIO I, Papa
(401 P.C.)

   Fue de nación romano; su padre se llamó Máximo. Fue elegido Sumo Pontífice imperando Graciano, y sucedió en la silla apostólica a San Siricio en diciembre del 398. Tuvo el sumo pontificado tres años, diez meses y veinticinco días.

   Constituyó que los sacerdotes no estuviesen sentados, sino en pie e inclinados, cuando se leyese o cantase el Evagelio en la Iglesia, y que ningún peregrino, mayormente si era transmarino, fuese admitido en la clerecía si no traía fe de quién era, sellada y firmada de cinco obispos. Esto mandó por los Maniqueos, que entonces eran muy estimados en Africa, y para corromper a los católicos enviaban muchos de los suyos a diversas partes donde pudiesen sembrar sus herejías. Constituyó también que los débiles o mancos, o cualesquiera otros que careciesen de algún miembro, no fuesen clérigos.

   Consagró la Iglesia llamada Crescentina en la región segunda, en la via Mamertina. Celebró dos veces órdenes por el mes de diciembre, y ordenó en ellas a 8 presbíteros, 5 diáconos y 10 obispos; y habiendo servido al Señor fielmente (porque no fue digno el mundo de gozarlo mucho tiempo, como dice San Jerónimo, su contemporáneo, pues fue hecho Pontífice por su gran santidad y pobreza apostólica a los 70 años y más de su edad, y también porque en su tiempo no viese rendida a la siempre triunfante Roma, señora del mundo), pasó de esta presente vida a tomar posesión eterna a los 27 de bril del año 401, imperando Graciano, según algunos Arcadio y Honorio.

   San Anastasio combatió la herejía donatista en el Africa septentrional y condenó los errores de Orígenes.

   Su santo cuerpo fue sepultado en el Cementerio de San Pedro junto al Oso Pleato y estuvo por su muerte vacante la silla aspostólica 21 días.

19/XII/+2019 BEATO URBANO V, Papa

19 de diciembre
BEATO URBANO V, Papa
   Una de las épocas más difíciles de la Iglesia Católica fue lo que se ha llamado "El destierro de Avignon, o destierro de Babilonia", cuando los Papas se fueron a vivir a una ciudad Francesa, llamada Avignon, poco después del año 1300, porque en Roma se les había hecho la vida poco menos que imposible a causa de las continuas revoluciones. Entre todos los Papas que vivieron en Avignon el más Santo fue San Urbano V. Nació en Languedoc, Francia, en 1310. Hizo sus estudios universitarios y entró de monje benedictino. Fue superior de los principales conventos de su comunidad y como tenía especiales cualidades para la diplomacia los Sumos Pontífices que vivieron en Avignon lo emplearon como Nuncio o embajador en varias partes. Estaba de Nuncio en Nápoles cuando llegó la noticia de que había muerto el Papa Inocencio VI y que él había sido nombrado nuevo Sumo Pontífice. Y no era ni Obispo ni cardenal. En sólo un día fue consagrado obispo y coronado como Papa. Escogió el nombre de Urbano, explicando que le agradaba ese nombre porque todos los Papas que lo habían llevado habían sido santos. Como Sumo Pontífice se propuso acabar con muchos abusos que existían en ese entonces. Quitó los lujos de su palacio y de sus colaboradores. Se preocupó por obtener que el grupo de sus empleados en la Corte Pontificia fueran un verdadero modelo de vida cristiana. Entregó los principales cargos eclesiásticos a personas de reconocida virtud y luchó fuertemente para acabar con las malas costumbres de la gente. Al mismo tiempo trabajó seriamente para elevar el nivel cultural del pueblo y fundó una academia para enseñar medicina. Con ayuda de los franciscanos y de los dominicos emprendió la evangelización de Bulgaria, Ucrania, Bosnia, Albania, Lituania, y asta logró enviar misioneros a la lejanísima Mongolia.      

   Lo más notorio de este santo Pontífice es que volvió a Roma, después de que ningún Papa había vivido en aquella ciudad desde hacía más de 50 años. En 1366 se resolvió a irse a vivir a la Ciudad Eterna. El rey de Francia y los cardenales (que eran franceses) se les oponían, pero el se fue resueltamente. Las multitudes salieron a recibirlo gozosamente por todos los pueblos por donde pasaba y Roma se estremeció de emoción y alegría al ver llegar al nuevo sucesor de San Pedro.    

   Al llegar a Roma no pudo contener las lagrimas. Las grandes basílicas, incluso la de san Pedro, estaban casi en ruinas. La ciudad se hallaba en el más lamentable estado de abandono y deterioro. Le había faltado por medio siglo la presencia del Pontífice.    

   Urbano V con sus grandes cualidades de organizador, emprendió la empresa de reconstruir los monumentos y edificios religiosos de Roma. Estableció su residencia en el Vaticano (donde vivirán después de muchos siglos los pontífices) y pronto una cantidad de obreros y artistas estaban trabajando en la reconstrucción de la capital. También se dedicó a restablecer el orden en el clero y el pueblo, y en breve tiempo le dio trabajo a todo el mundo y se repartieron alimentos en gran abundancia. La ciudad estaba feliz. Pronto empezaron a llegar visitantes ilustres, como el emperador Carlos VI de Alemania, y el emperador Juan Paleólogo de Constantinopla. Todo parecía progresar. Empezaron otra vez las revoluciones, y sus empleados Franceses insistían en que el Papa volviera a Avignon. Urbano se encontraba bastante enfermo y dispuso irse otra vez a Francia en 1370. A Santa Brígida le anunció que si abandonaba a Roma moriría. El 5 de diciembre murió. Dejó gran fama de Santo.

19/XII/+2019 SAN NEMESIÓN, Martir

19 de diciembre
SAN NEMESIÓN, Mártir

Estoy persuadido de que los sufrimientos de la vida
presente no son de comparar con aquella gloria venidera,
que se ha de manifestar en nosotros.

(Romanos, 8, 18)

   San Nemesión o Nemesio, detenido como culpable de robo, probó su inocencia y ya estaba por ser puesto en libertad, pero fue inmediatamente acusado de nuevo como cristiano durante la persecución de Decio y confesó generosamente esta fe, de la que se le acusaba como de un crimen. Fue condenado a ser quemado con unos malhechores. Estimó una dicha terminar su vida como su divino Maestro en medio de facinerosos.

MEDITACIÓN
SOBRE LOS SUFRIMIENTOS

I. ¡Todos hemos ofendido a Dios y no queremos sufrir algo para apaciguar su cólera! Nuestros pecados nos han merecido el infierno, y cuando Dios, para evitarnos tormentos eternos, nos envía cortas y ligeras pruebas, nos derramamos en quejas y gemidos. ¿Qué condenado habría que no aceptase con placer el favor que con ello nos dispensa? Sufre, pues, con este pensamiento: Lo que yo sufro es poca cosa comparada con el infierno que he merecido.
   
II. Los sufrimientos de esta vida son poca cosa en comparación con los consuelos que Dios nos envía, cuando sufrimos animosamente por amor suyo. Estos consuelos son tan grandes, que embotan el aguijón del dolor; si los santos lloran en la soledad, lo hacen de gozo; si se quejan en el patíbulo, a menudo es porque la abundancia de los consuelos les impide gustar la hiel y la amargura del dolor.
   
III. ¡Cuán insignificantes son nuestros sufrimientos si los comparamos con la gloria que se nos promete en recompensa! Por un momento de dolor, una eternidad de dicha! Además, el dolor nunca es universal, siempre va templado con algún consuelo; el gozo, por el contrario, será universal y sin mezcla de dolor alguno. Cuán leves parecerán nuestros dolores si pensamos en estas tres verdades. Los sufrimientos de esta vida nada son comparados con las faltas que hemos cometido, nada en comparación con los consuelos que se nos prodigan y de la gloria que se nos promete. (San Bernardo).

La paciencia
Orad por los afligidos.



ORACIÓN
   Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado Nemesión, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.


*Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo IV, (Ed. ICTION, BuenosAires, 1982)

18/XII/+2019 EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA SMA. VIRGEN

18 de diciembre
SEXPECTAClÓN DEL PARTO
DE LA SMA. VIRGEN MARÍA
o NUESTRA SEÑORA DE LA O
Romualdo Ma. Díaz Carbonell, O. S. B.

EXPECTAClÓN DEL PARTO DE LA SAMA. VIRGEN MARÍA o NUESTRA SEÑORA DE LA O - Romualdo Ma. Díaz Carbonell, O. S. B.

Esperar al Señor que ha de venir es el tema principal del santo tiempo de Adviento que precede a la gran fiesta de Navidad. La liturgia de este período está llena de deseos de la venida del Salvador y recoge los sentimientos de expectación, que empezaron en el momento mismo de la caída de nuestros primeros padres. En aquella ocasión Dios anunció la venida de un Salvador. La humanidad estuvo desde entonces pendiente de esta promesa y adquiere este tema tal importancia que la concreción religiosa del pueblo de Israel se reduce en uno de sus puntos principales a esta espera del Señor. Esperaban los patriarcas, los profetas, los reyes y los justos, todas las almas buenas del Antiguo Testamento. De este ambiente de expectación toma la Iglesia las expresiones anhelantes, vivas y adecuadas para la preparación del misterio de la "nueva Natividad" del salvador Jesús.
En el punto culminante de esta expectación se halla la Santísima Virgen María. Todas aquellas esperanzas culminan en Ella, la que fue elegida entre todas las mujeres para formar en su seno el verdadero Hijo de Dios.
Sobre Ella se ciernen los vaticinios antiguos, en concreto los de Isaías; Ella es la que, como nadie, prepara los caminos del Señor.
Invócala sin cesar la Iglesia en el devotísimo tiempo de Adviento, auténtico mes de María, ya que por Ella hemos de recibir a Cristo.
Con una profunda y delicada visión de estas verdades y del ambiente del susodicho período litúrgico, los padres del décimo concilio de Toledo (656) instituyeron la fiesta que se llamó muy pronto de la Expectación del Parto, y que debía celebrarse ocho días antes de la solemnidad natalicia de nuestro Redentor, o sea el 18 de diciembre.
La razón de su institución la dan los padres del concilio: no todos los años se puede celebrar con el esplendor conveniente la Anunciación de la Santísima Virgen, al coincidir con el tiempo de Cuaresma o la solemnidad pascual, en cuyos días no siempre tienen cabida las fiestas de santos ni es conveniente celebrar un misterio que dice relación con el comienzo de nuestra salvación. Por esto, speciali constitutione sancitur, ut ante octavum diem, quo natus est Dominus, Genitricis quoque eius dies habeatur celeberrimus, et praeclarus "Se establece por especial decreto que el día octavo antes de la Natividad del Señor se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su santísima Madre".
En este decreto se alude a la celebración de tal fiesta en "muchas otras Iglesias lejanas" y se ordena que se retenga esta costumbre; aunque, para conformarse con la Iglesia romana, se celebrará también la fiesta del 25 de marzo. De hecho, fue en España una de las fiestas más solemnes, y consta que de Toledo pasó a muchas otras iglesias, tanto de la Península como de fuera de ella. Fue llamada también "día de Santa María", y, como hoy, de Nuestra Señora de la O, por empezar en la víspera de esta fiesta las grandes antífonas de la O en las Vísperas.
Además de los padres que estuvieron presentes en el décimo concilio de Toledo, en especial del entonces obispo de aquella sede, San Eugenio III, intervino en su expansión—y también a él se debe el título concreto de Expectación del Parto—aquel otro gran prelado de la misma sede San Ildefonso, que tanto se distinguió por su amor a la Señora.
La fiesta de hoy tenía en los antiguos breviarios y misales su rezo y misa propios. Los textos del oficio, de rito doble mayor, tienen, además de su sabor mariano, el carácter peculiar del tiempo de Adviento, a base de las profecías de Isaías y de otros textos apropiados como los himnos. Nuestro Misal conserva todavía para la presente fecha una misa, toda a base de textos del Adviento. Es un resumen del ardiente suspiro de María, del pueblo de Israel, de la Iglesia y del alma por el Mesías que ha de venir. Sus textos—casi coinciden con la misa del miércoles de las témporas de Adviento, y todavía más con la misa votiva de la Virgen, propia de este período—son de Isaías (introito, epístola y comunión ) y del evangelio de la Anunciación. Las oraciones son las propias de la Virgen en el tiempo de Adviento.
Precisamente en la víspera de este día dan comienzo las antífonas mayores de la O, por empezar todas ellas con esta exclamación de esperanza. Y así continúa la Iglesia por espacio de siete días, del 17 al 23, en este ambiente de santa expectación y demanda de la venida del Salvador.
Nada, pues, más a propósito que la contemplación de María en los sentimientos que Ella tendría en los días inmediatos a la natividad de su divino Hijo. "Si todos los santos del Antiguo Testamento—escribe el padre Giry (Les petits Bollandistes t. 14 p.373 )—desearon con ardor la aparición del Salvador del mundo, ¿cuáles no serían los deseos de Aquella que había sido elegida para ser su Madre, que conocía mejor que ninguna otra criatura la necesidad que tenia la humanidad, la excelencia de su persona y los frutos incomparables que debía producir en la tierra, y la fe y la caridad, que sobrepasan la de todos los patriarcas y profetas? Fue tan grande el deseo de la Santísima Virgen, que nosotros no tenemos palabras para expresar su mérito. Y tampoco podemos concebir cuál fue su gozo cuando Ella vió que sus deseos y los de todos los siglos y de todos los hombres iban a realizarse en Ella y por Ella, ya que iba a dar a luz la esperanza de todas las naciones, Aquel sobre quien se fijaban los ojos de todos en el cielo y en la tierra y miraban como a su libertador."
María, repetimos, está en la cumbre de esta esperanza o, con otras palabras: con María la esperanza es completa, se hace firme. Unidos a Ella, ya que nuestro adviento, el que nosotros esperamos, tuvo principio en la celestial Señora, por haber llevado en su seno virginal a Jesús durante nueve meses, nuestra expectación será más digna del gran Señor que va a venir.
María presenta para el cristiano de hoy la posición que éste debe mantener, máxime en estos días: esperar al Señor. Que Él se incorpore más y más en nosotros, donec formetur Christus in nobis, y que un día, lejano o próximo ya, venga a buscarnos para unirnos definitivamente con Él. El cristiano debe esperar al Señor, donec veniat, hasta que venga para aquel abrazo de unión indisoluble y eterna. Toda la vida del cristiano es una expectación. El modelo de ésta lo ofrece María.
La presente fiesta mariana, como todas las de la Virgen, además de ser un ejemplo, es una intercesión. Debe servir para afianzar y hacer más intensa esta espera y ayudarnos a cantar con Ella, con la Iglesia-Virgen las antífonas mayores del Magniticat: O Sapientia, O Adonai, O Emmanuel..., veni!
Fuente: Año Cristiano, Tomo IV, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966

TOMADO DECATÓLICOS ALERTA

17/XII/+2019 SANTA VIVINA, Virgen

17 de diciembre

SANTA VIVINA, Virgen

(¿1170? P.C.)

   Casi todo lo que se cuenta de Santa Vivina conviene igualmente a otras religiosas santas de la Edad Media. Vivina era un flamenca que había recibido buena educación. A eso de los quince años decidió abandonar el mundo y la casa de su padre. Tenía por entonces varios pretendientes entre los que se distinguía un joven noble llamado Ricardo, a quien los padres de Vivina veían con buenos ojos. Cuando Ricardo, que estaba profundamente enamorado de Vivina, se enteró de que ella no estaba dispuesta a casarse, cayó gravemente enfermo, con peligro de su vida. Sintiéndose responsable de aquella enfermedad, la joven oró y ayunó por él hasta que recobró la salud, en forma aparentemente milagrosa. A los veintitrés años, Vivina abandonó la casa paterna furtivamente, llevándose un salterio. Con otra compañera construyó una ermita con ramas cerca de Bruselas, en el bosque de Grand-Bigard. Pero las gentes de la ciudad, movidas por la curiosidad, acudían a verla y no la dejaban en paz. El conde Godofredo de Brabante le ofreció tierras y dinero para que fundara un monasterio, y la santa aceptó de buen grado. Vivina y su comunidad se pusieron bajo la dirección del abad de Afflighem. Dicho monasterio, que todavía existe, se hallaba situado cerca de Alost y estaba entonces poblado de monjes que más bien parecían ángeles que hombres, segúnel testimonio de San Bernardo. Bajo tales auspicios, el convento de Grnad-Bigard empezó a prosperar, aunque la abadesa tuvo que hacer frente a muchas dificultades; en efecto, algunas de sus súbditas juzgaban que no era bastante discreta, sobre todo en cuestión de penitencia, y no supieron callarse su opinión. Santa Vivina les advirtió que se estaban dejando engañar por el demonio; pero tuvo que hacer un milagro para convencerlas de ello. Después de la muerte de Santa Vivina, el convento se convirtió en un sitio de peregrinación. Dios obró numerosos milagros en el sepulcro de la santa; sus reliquias se hallan actualmente en Nuestra Señora de Sablon, en Bruselas.
*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. IV, ed. 1964

17/XII/+2019 SANTA BEGA, Viuda

17 de diciembre

SANTA BEGA, Viuda


   Pepino de Landen a quien suele llamarse beato, fue mayordomo de palacio de tres reyes francos. Estuvo casado con la Beata Ida y dos de sus hijas aparecen en el Martirologio Romano: Santa Gertrudis de Neville y su hermana mayor, Santa Bega. Gertrudis se negó a casarse y llegó a ser abadesa poco después de haber cumplido veinte años. Bega contrajo matrimonio con Ansegisilo, hijo de Arnulfo de Metz, y pasó casi toda su vida en el mundo. Santa Bega fue la madre de Pepino de Heristal, el fundador de la dinastía carolingia. Después de la muerte de su esposo, Santa Bega construyó el año 691, en andenne, a orillas del Mosa, siete capillas que representaban las Siete Iglesias de Roma. Las capillas estaban situadas alrededor de una iglesia. La santa fundó ahí mismo un convento y lo pobló con religiosas de la abadía que su hermana había gobernado en vida. Más tarde, dicho convento se convirtió en una casa de canonesas, y los canónigos regulares de Letrán conmemoran a Santa Bega como miembro de su orden. También las beguinas de Bélgica la veneran como patrona. Pero Santa Bega no fue la fundadora de las beguitas, como suele afirmarse; la confusión procede de la semejanza de los nombres. Santa Bega murió cuando era abadesa de Andenne y fue sepultada ahí.   



*Vidas de los Santos, de Butler. Vol. IV, ed. 1964

17/XII/+2019 SAN MODESTO, Patriarca de Jerusalén

17 de diciembre 

SAN MODESTO, Patriarca de Jerusalén
(634 P.C.)

    San Modesto que significa: "el que observa la justa medida el que se mantiene en los límites de lo justo" (Medus: medida) Este santo se hizo especialmente benemérito de la Iglesia Católica por haber restaurado los templos de los Santos Lugares de Jerusalén, después del terrible destrozo que hicieron allí los persas.
   En el año 600 el rey persa Cosroes, pagano y enemigo de la religión católica invadió la Tierra Santa de Palestina, y ayudado por los judíos y samaritanos fue destruyendo mando sistemáticamente todo lo que encontró de católico por allí: templos, casas religiosas, altares, etc. Mandó matar a millares de cristianos en Jerusalén, a muchos otros los vendió como esclavos y al resto los fue desterrando sin piedad. Al Arzobispo de Jerusalén, San Zacarías también lo envió al destierro. 
   Y fue entonces cuando Dios suscitó a un hombre dotado de especialísimas cualidades para reconstruir los sitios sagrados que habían sido destruidos. Fue Modesto, superior de uno de los conventos de Tierra Santa. Después de varios años en que los habitantes de Palestina tuvieron que soportar el régimen del terror de los persas o iraníes, los excesos del ejército del rey Cosroes, y los desmanes de los judíos que aprovecharon la situación para destruir cuanto templo católico pudieron, de pronto se apareció el emperador Heráclito con su ejército y fue derrotando a los persas y alejándolos de esas tierras.  Aprovechando esa situación ventajosa, Modesto se dedicó con todas sus fuerzas a reconstruir los templos destruidos o quemados por los paganos y a recoger ayudas de todas partes ayudado por sus monjes. Lo primero que reconstruyó fue el templo del Santo Sepulcro, luego del de Gesemaní o el Huerto de los Olivos, la Casa de la Última Cena o Cenáculo, y muchos más. Pedía ayudas por todas partes, y poco a poco iba reconstruyendo cada templo, pero teniendo cuidado de que se conservara la antigua forma que tenía antes de la destrucción de los persas. Las gentes contribuían con mucha generosidad, y así el Arzobispo de Alejandría en Egipto, le envió mil cargas de harina para los obreros, mil trabajadores, mil láminas de hierro y mil bestias de carga. Y algo parecido hicieron los otros.
   Cuando el emperador Heráclito de Constantinopla logró derrotar a Cosroes y quitarle la santa cruz que el otro se había robado de Jerusalén, el mismo emperador quiso presidir la procesión que devolvía la cruz de Cristo a la ciudad santa, pero al llegar a aquellas tierras se encontró con una destrucción tan total y terrible de todo lo que fuera sagrado, que Heráclito no pudo menos que echarse a llorar. 
   Como el Arzobispo San Zacarías había muerto en el destierro, al emperador le pareció que el que mejor podía ejercer ese cargo era Modesto, y lo nombró Patricarca Arzobispo de Jerusalén. Fue una elección muy oportuna, porque así nuestro santo tuvo facilidad para dedicarse a reconstruir los centenares de templos, capillas y demás lugares santos destruidos por los bárbaros.  
   Modesto continuó incansable su labor de reconstruir templos, recoger ayudas e inspeccionar los trabajos en los diversos sitios. Pero un 18 de diciembre, mientas llevaba un valioso cargamento de ayudas para la restauración de los santos lugares, fue envenenado por unos perversos para poder robarle los tesoros que llevaba, y así murió víctima de su gran trabajo de reconstrucción. Gracias buen Modesto por tu gran interés por reconstruir y hermosear los templos de nuestra santa religión.

17/XII//+2019 SAN STURMO, Abad

17 de diciembre

SAN STURMO, Abad

   San Sturmo nació en Baviera, de padres cristianos, fue confiado al cuidado de San Bonifacio, quien a su vez le puso bajo la dirección de San Wigberto en la abadía de Fritzslar. Ahí recibió Sturmo a su debido tiempo la ordenación sacerdotal. Después de evangelizar en Westfalia durante tres años, consiguió permiso de retirarse con dos compañeros a llevar una vida eremítica en el bosque de Hersfeld. Como abundaban en ese sitio los bandoleros sajones y era poco apto para la vida eremítica, San Sturmo y sus compañeros lo abandonaron pronto. San Bonifacio había encontrado más al sur un sitio para construir un monasterio desde el cual se pudiese ir a evangelizar a los sajones. San Sturmo fue en su mula a visitar la región y escogió un terreno situado en la confluencia del Greizbach y del Fulda. El año 744, fundó el monasterio de Fulda, y San Bonifacio le eligió primer abad. Era ésa la fundación favorita de San Bonifacio, quien quería que se convirtiese en el modelo de los monasterios y en un seminario sacerdotal para toda Alemania.El proyecto se realizó plenamente y se pudo constatar los progresos. Fue sepultado en la iglesia abacial. Poco después de la fundación del monasterio, San Sturmo partió a Italia a familiarizarse con la regla de San Benito en Monte Cassino. Según parece, el Papa San Zacarías concedió plena autonomía al monasterio de Fulda, declarándolo exento de la jurisdicción episcopal y sometiéndolo directamente a la de Roma. La abadía de Fulda siguió prosperando bajo la dirección de San Sturmo. El santo tuvo que enfrentarse a graves dificultades, después del martirio de San Bonifacio, ya que el sucesor de éste en la sede de Mainz, San Lulo, veía el monasterio con ojos muy distintos de los de su predecesor. En efecto, Lulo, quería que el monasterio estuviese bajo su jurisdicción. El conflicto fue largo y violento. El año 763, Pepino desterró a San Sturmo, y Lulo nombró a otrosuperior; pero los monjes de Fulda se negaron a aceptarle y le echaron del monasterio, diciendo que estaban dispuestos a ir a ver al rey todos juntos. Para aplacarlos, Lulo les dijo que eligiesen ellos mismo a su superior. El elegido fue un discípulo de San Sturmo. El nuevo abad partió con un grupo de monjes a la corte y consiguió que Pepino anulase la orden de destierro contra San Sturmo, quien regresó a Fulda, con gran gozo de sus monjes, dos años después de haber partido de ahí. 
   Los esfuerzos de San Sturmo y sus monjes por convertir a los sajones no tuvieron mucho éxito. Por otra parte, las guerras punitivas y de conquista de Pepino y Carlomagno no eran el mejor método de hacer amable el cristianismo con los paganos. San Sturmo, como tantos otros misioneros anteriores y posteriores, vio su obra entorpecida por las autoridades civiles. Los sajones tenían la impresión de que el cristianismo les llegaba "a través de sus peores enemigos, quienes lo predicaban con el idioma del acero". Cuando Carlomagno partió de Paderborn a España para combatir a los moros, los sajones aprovecharon la oportunidad para levantarse y expulsar a los monjes. El monasterio de Fulda se vio amenazado. El año 779 volvió Carlomagno. San Sturmo le acompañó a las maniobras de Duren, a las que siguió el triunfo sobre los sajones. Pero el santo no vivió lo suficiente para recomenzar su obra; en efecto, enfermó en Fulda y, a pesar de los esfuerzos del médico enviado por Carlomagno, murió el 17 de Diciembre de 779. El nombre de San Sturmo, a quien el Martirologio romano llama el apóstol de los sajones, empezó a figurar en la lista de los santos en 1139. A lo que sabemos, San Sturmo fue el primer alemán que ingresó en la orden de San Benito.

INTRODUCCIÓN

Acerca de la Santa Misa